El Desafío Ruta 40 no empieza en el medio de los campos sanjuaninos. El verdadero corazón del monstruo late puertas adentro del vivac montado en la zona de boxes del Autódromo El Villicum, convertido por estos días en una ciudad itinerante donde conviven el lujo extremo, la improvisación del rally raid y la adrenalina constante de una competencia mundial. Allí, en medio de cientos de carpas de todos los tamaños, se mueve el engranaje silencioso que hace posible una carrera gigantesca, la más importante de Argentina y la única fecha sudamericana del Campeonato Mundial FIA de Rally Raid.
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Caminar por las calles internas del vivac es como ingresar a otro país. O, mejor dicho, a decenas de países al mismo tiempo. El español y hasta la tonada sanjuanina pierden protagonismo frente a una mezcla constante de francés, inglés, árabe, portugués e italiano que se escucha en cada rincón. Los equipos oficiales montaron verdaderas fortalezas mecánicas, estructuras enormes y perfectamente organizadas donde cada herramienta tiene su lugar exacto. Las carpas de los equipos de Nasser Al-Attiyah, Peterhansel o el español Carlos Sainz sobresalen por tamaño y despliegue, con pisos modulares, iluminación perfecta, zonas privadas, camiones gigantes y decenas de mecánicos trabajando contra reloj alrededor de vehículos que valen millones.
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Pero el vivac también tiene otra cara. A pocos metros de esos equipos de elite aparecen las estructuras más modestas, como las de varios motociclistas argentinos o los competidores de la categoría de los quads. Allí no hay motorhomes lujosos ni grandes comodidades. Hay carpas pequeñas, ropa tendida, cajas con comida almacenada y colchones inflables improvisados para descansar unas pocas horas antes de volver a salir al desierto.
El contraste es fascinante. Mientras algunos equipos cuentan con chefs privados -como el mendocino Sebastián Halpern, que llegó con cocina propia incluida- otros comparten mesas plegables y cocinan algo rápido al costado de la asistencia o se acercan a la zona de food trucks, donde están los emprendedores sanjuaninos. Sin embargo, todos terminan confluyendo en el gran comedor general del vivac, una inmensa carpa que funciona casi las 24 horas y donde comen pilotos, mecánicos, miembros de la FIA, prensa y trabajadores de la organización. Ahí se cruzan campeones del Dakar con voluntarios, ingenieros europeos con fanáticos sanjuaninos y pilotos exhaustos todavía cubiertos de polvo.
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Lo cierto es que el movimiento es permanente. En los boxes que normalmente utilizan las categorías nacionales que visitan San Juan se instalaron las oficinas móviles de la FIA, acreditaciones y áreas de control deportivo. Todo funciona con una precisión quirúrgica. Incluso el acceso al vivac está controlado mediante chips especiales que habilitan el ingreso a equipos, asistentes y personal autorizado. Cada estructura compra accesos adicionales para su gente y convive dentro de un verdadero campamento mundial.
Los fanáticos, mientras tanto, viven una experiencia pocas veces vista en San Juan. Porque el vivac del Desafío Ruta 40 abre sus puertas y permite que cualquiera pueda caminar por sus calles internas, observar vehículos desarmados y encontrarse cara a cara con ídolos del deporte motor. Los más buscados fueron, sin dudas, Nasser Al-Attiyah y Peterhansel, rodeados permanentemente por pedidos de fotos y autógrafos. Aunque también hubo una enorme atención sobre Kevin Benavides y el sanjuanino Lichi Sisterna, protagonistas de uno de los grandes atractivos de esta edición tras su estreno en 4x4 luego de haber debutado como binomio en el último Dakar.
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Kevin Benavides, uno de los más solicitados por el público. El piloto salteño compite en la máxima categoría de coches (Ultimate) al volante de una Toyota Hilux GR; su copiloto y navegante es Lisandro Sisterna.
La dimensión del evento impresiona. El Desafío Ruta 40 reunió un récord de 151 tripulaciones de 35 países distintos y más de 420 mecánicos y asistentes que se trasladan en 135 vehículos de soporte. A eso se suman unas 450 personas de organización y alrededor de 130 periodistas acreditados permanentes, además de prensa local que se suma en cada etapa. Todo eso convierte al vivac en una pequeña metrópolis itinerante que se moverá entre San Juan y San Rafael, Mendoza, siguiendo el recorrido de una carrera que supera los 2.700 kilómetros.
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