Está cansado, pero no lo usa de excusa. Su doble tarea como
entrenador de la selección y de Peñarol lo desborda a veces: pensar en básquet,
trabajar con el básquet, responder de básquet. Reconoce que puede ser agotador,
pero asume la responsabilidad y es amplio para cada cosa que tiene que
explicar. Tal vez tenga que esforzarse, pero en ningún momento suena impostado.
"Tengo que ser siempre todo lo sincero que debo. Soy
conductor de grupos y me manejo de esa manera. Voy con la verdad porque
entiendo que puedo lograr cosas mejor en el otro", dice. Por eso cuando
aparecen Emanuel Ginóbili,Pablo Prigioni,Luis Scola y los Juegos Olímpicos, es
concreto, abundante en ejemplos y apasionado por donde se lo mire.
Y no duda si tiene que decir que se avergüenza por no haber
entendido, en su primera experiencia en los Juegos Olímpicos, en 2008, lo que
implicaba vivir en la Villa Olímpica ("Estaba molesto porque demorábamos mucho
en el ingreso sin saber lo que iba a vivir, fui un idiota"), no se cuida
si debe decir que no cree en los sueños y luce sólido cuando argumenta porqué
descree de la modernidad que vende planificación y poca acción. "La
inteligencia no está en el saber sino en el hacer. Se lo digo a los jugadores
siempre. Todos dicen lo que habría que hacer, pero no le dan bola al único
secreto, que es la ejecución". Un recorrido intenso con un Hernández que
exuda intensidad.
-Dos jugadores determinantes como Ginóbili o Prigioni
definieron sus posiciones antes que otros años. Eso debe facilitar tu trabajo.
-Fueron noticias diferentes. La de Manu una noticia para
celebrar, no solo porque nos va a ayudar en el equipo, sino porque todos
queremos que los mejores atletas argentinos estén en Río. Y Manu es uno de los
mejores atletas de la historia entera de la Argentina. No creo exagerar en eso.
Sería muy chiquito decir si yo estoy contento. El país entero está contento por
la noticia. Y está contento él, que es lo más importante. Lo aprecio y admiro
mucho. Lo conozco desde muy pequeño y hasta me cuesta verlo como el Manu
Ginóbili que los demás ven porque lo tuve a 'upa'. Le dije a él la felicidad
que me provocaba.
Lo de Pablo. no tengo mucho para decir. Estudia cada paso a dar,
su vida es como dentro de una cancha de básquetbol. Ve los huecos y elige qué
hacer... (piensa y elige reforzar su concepto con una anécdota). En el
Premundial de Puerto Rico nos fue mal en el primer partido, en el segundo y la
cosa no estaba bien. Pablo me dice: "Sabés que yo estoy jugando mal, pero
las cosas van a cambiar. Acá me pasa que veo demasiadas opciones, puedo ver un
pase, una petenración, una cortina y eso me desenfoca. En la Euroliga tengo una
sola opción y la tengo que aprovechar. Me ayuda porque me enfoco en encontrar
esa alternativa. Mañana voy a aprovechar la primera oportunidad que vea".
Y así fue. Una vez más fue el mayor asistidor de un torneo y la rompió toda. Su
vida es así. Se para y estudia. Vio que era un momento de dar un paso al
costado y terminó su ciclo porque habrá visto determinadas decisiones que el
equipo puede tomar sin él. E imagino que puede haber entendido que no hacía
tanta falta, que podían prescindir de él el equipo. Si él hubiera sentido que
el equipo dependía de su juego, hubiera participado como sea, porque para Pablo
la selección es sagrada.
-Tenés muchos jugadores buenos en el puesto de base, ¿su
salida te simplificó el trabajo?
-No se trata de que sea más fácil o más difícil. Es una
determinación de él y no puedo sacar conjeturas ahora de si lo voy a necesitar
más o menos. Pablo fue uno de los jugadores que más disfruté en mi vida. Fiel,
generoso, entrenador de la cancha, me daba seguridad tenerlo. Más allá de la
tremenda carrera que están haciendo Campazzo y Laprovittola y otros más
también, lo voy a extrañar a Pablo y lo vamos a extrañar todos mucho. Jugadores
como esos salen muy pocas veces. Un jugador diferente, casi completo, muy
complejo encontrarle una fisura. Ya no es momento para que uno diga si el
equipo era mejor con Pablo o no. Se gastaría energía. Yo entiendo que en el
afuera, en la era de las redes sociales, se opine de todo, porque yo también lo
hago y se opina de todo. Trato de no hacerlo porque no me gusta que me lo
hagan. Dejó la selección un jugador de raza.
-¿Les pediste a Manu y a Pablo que adelantasen la
determinación?
-Fue una decisión de ellos, llevan muchos años en esto.
Saben que para el entrenador, para la CABB, para el resto de los jugadores, es
importante saber qué van a hacer. Y también porque conocen que los periodistas
los empiezan a volver loco. Y ellos necesitan limpiar su mente de esa
situación, para poder centrarse en el trabajo de todos los días.
-Sobre Manu, Scola dijo que les va a dar cosas dentro de la
cancha, pero que importan más las que va a dar desde afuera.
-Son jugadores espaciales, hacen que el rival. No sé. Si vos
sos de Lituania y te enterás que juega Ginóbili, ¿cómo te sentís? O si nostros
jugamos con España y no juega Gasol: 'bien'. Bodiroga en Serbia, Nowitzki en
Alemania o Tony Parker en Francia. Ese tipo de jugadores. Pero me parece que
hasta celebran los organizadores de los Juegos la presencia de Manu. Y Manu
también tiene ese equilibrio que vos sentís que te va a ayudar a jugar mejor,
pero casi que es un tema menor. Que es alguien que te da calma, que sabe ganar
y perder, que absorbe la presión con naturalidad, que es responsable. Cuando un
jugador pierde el miedo a perder o a ganar, porque estos chicos perdieron el
miedo a ganar cuando le ganaron a los Estados Unidos en Indianápolis, porque el
miedo a perder lo habían extraviado hacía rato.
-Manu hace 4 años que no juega con la selección. Él puede
adaptarse a cualquier sistema, pero ¿vas a tener que trabajar para que el
equipo se adapte a él?
-Todos los equipos del mundo se apoyan en las cualidades
individuales de sus jugadores. Todos los equipos actúan así y mis equipos
actúan así. Nosotros no vamos a ponerle la capa de Superman a Manu, ni pedirle
que haga 25 puntos y tome 10 rebotes, porque él no está para eso. De hecho no
lo hizo casi nunca en la selección. Lo que logra con su presencia es hacerlo
mejor a los demás. Hay veces que atrae la atención defensiva y genera espacios
para el gol para un compañero. Hay veces que suma con la pelota en la mano y
también sin ella. En situaciones ayuda con su tiro o con su mano a mano. No es
un jugador que tenga una función específica. Le gusta más formar parte de un
todo que el todo dependa de él. Le gusta y le conviene también. Es un jugador
que te hace mejor sin pedir demasiadas condiciones. Es de los que escucha y
piensa, bueno el entrenador dice que hay que hacer tal cosa y lo hace. Hay
jugadores que son diferentes y no hay que explicarlos. No hay que adaptarse a
Manu como tampoco hay que ser necio: ahí hay un jugador diferente.
-Quizá es una locura pensarlo, pero teniendo en cuenta su
rol en los Spurs, ¿podría ser suplente en el seleccionado?
-Hoy a la distancia no creo que vaya arrancar de suplente.
Estaba mirando un documental sobre Jordan y en un fragmento del video, muestran
el regreso al básquetbol de Jordan. Entonces, Steve Kerr recuerda que en una
charla con el general manager, él le pregunta si pensaba que Jordan iba a ser titular.
En la edición van con la imagen a la estatua de Jordan que está en la puerta
del estadio de los Bulls, y en off se escucha que Kerr recuerda que el general
manager le responde: "mirá generalmente aquel que tiene una estatua en la
puerta de un estadio es titular". Yo no me imagino que Manu pueda ser
suplente. Pero tantas cosas pensé que no iba a hacer como entrenador. En México
creo que usé 8 formaciones titulares diferentes, pero es cierto que dentro de
esas formaciones siempre estuvieron Scola y Nocioni.
-¿Podría sentirse incómodo por algo así?
-La realidad marca que los nombres importantes de la
selección hacen que todo gire en torno de ellos. La gente, incluso, puede tener
la sensación de que todo esto que estamos hablando lo decide Manu. Y la verdad
es que es subestimar a Manu y en algún punto a mí. Porque alguno puede pensar
que si Manu no quiere ser suplente el entrenador no puede ponerlo en esa
situación. Y la verdad es que sí lo puede hacer. Existen los Ginóbili o los
Scola, porque también existen otras cosas. La selección ha tenido entrenadores
con personalidad. Existieron momentos en los que Manu quería estar adentro de
la cancha y sin embargo, ha quedado afuera en alguna oportunidad en el banco.
Lo que ha conseguido el básquetbol argentino va más allá de
Ginóbili, de Oberto o de Scola. Va desde mucho más atrás. Y hay demasiados
actores que no salen en la foto. Hasta gente que no ha pasado por la selección.
Desde entrenadores que han formado también a estos monstruos. Porque también
hay entrenadores que han permitido darle a la Liga Nacional un nivel altísimo
de competitividad y de disciplina táctica similar a la de Europa, que les ha
permitido a estos fenómenos salir de la Argentina con una formación superior a
la que tienen otros jugadores de otros países. Entonces, poner todo el
básquetbol argentino en la Generación Dorada, está equivocado. Se dieron muchas
cosas para que exista todo esto. Ginóbili y Scola son tremendos responsables,
pero ni a ellos les gusta que los pongan en ese lugar.
-¿Sentís que hay alguna injusticia en el trato?
-No digo eso. Es que son muchos los que están detrás. Me ha
tocado clasificarme a torneos con menos de la mitad de los titulares. Poco se
acuerdan de las cosas que hizo Yacaré Kammerichs, Matías Sandes, Dani
Farabello, Paolo Quinteros, el Gringo Pelussi, Leo Gutiérrez. Son tipos que
van, que están y que compiten. Digo esto porque sé que a los emblemas de la
selección no les cae en gracia que se los ponga en un lugar tan. Yo entiendo
que suceda porque son dos marcianos, son dos de los mejores del mundo. Pero
para que ellos existan hay que tener otros tantos elementos.
-Vas a dirigir otro Juego Olímpico y nuevamente con Ginóbili
y Scola, ¿es algo que imaginaras?
-Nunca me puse a repasar cosas, quizá uno se asusta. A veces
mis hijos me lo dicen, y no es tan fácil conseguir algo así de los hijos porque
suelen ser más críticos. Y como los dos son entrenadores de básquetbol y saben
lo complejo que es ganar un partido, me preguntan si yo soy consciente de lo
que me tocó vivir. No hay tiempo para eso. Las obligaciones por ganar están en
primer lugar. Acá, en Peñarol, también me exigen ganar. Puedo estar una noche
sin dormir porque perdí un partido de serie regular de la Liga. El día que Manu
me avisa que iba a los Juegos Olímpicos, todos querían hablar conmigo. Como con
Manu no pueden hablar, el segundo en la lista soy yo. Y yo no les atendí el
teléfono porque esa noche jugaba con San Martín de Corrientes. Sé que hay
periodistas que no me entendían, pero la verdad es que mi obligación era estar
concentrado en ganar por la Liga. Lo de Manu era una noticia que celebré y
punto. No hay tiempo para más, para festejar una clasificación a un Juego, un
partido de Liga o lo que sea. No hay espacio para relajarse. Uno es un animal
competitivo. Lo que pasó, pasó. No sé ni dónde están las medallas que me
dieron. Las guarda mi señora y sé que hay como cinco baúles con cosas, porque
me tocaron vivir muchas cosas lindas. Pero si no me lo preguntan, no tengo
tiempo de pensar en el privilegio de algunas cosas. Y por más que uno haya ganado
muchas cosas nunca te sentís lo suficientemente bueno.
-¿Tiene que ver con un deseo por superarte?
-Puede ser. Pero lo que cuenta es cómo uno hace las cosas.
Porque cuando uno tiene la posibilidad de encontrar en su profesión todo lo que
lo completa, hay gente que dice que uno es un afortunado de poder disfrutar de
ese privilegio y esa es una parte de la verdad. Pero cuando las cosas no salen
bien, es tremendamente duro sobrellavarlo. Porque esta profesión, tiene una
gran carga emocional y no es fría como un negocio. Por eso un mal paso pega
directo al orgullo. El competidor activo está pendiente de lo que viene de lo
que pasó. Cuando termine la liga, me meto de pleno en la selección.