El destino lo puso otra vez en sintonía con el arco rival.
De vuelo bajo, sin la eficacia de otros tiempos, Martín Cauteruccio no se
rindió ante la adversidad. Optimismo, confianza, virtudes que se le reconocen a
quienes hacen vibrar a los hinchas con sus goles, aún en los peores momentos.
La racha negativa del uruguayo no llegó a desenfocarlo ni a llenarlo de
preocupación, aunque en soledad masticaba bronca. "Es un momento que a
ningún delantero le gusta, pero estoy convencido de mis condiciones: sé el
delantero que soy. El gol va a llegar", repetía el uruguayo. Y llegó
frente a un rival que le cae cómodo y en un momento en el que San Lorenzo
necesitaba de sus festejos para reacomodarse en la pelea por el campeonato, en
un pasaje del ciclo Guede en que los éxitos empujan a relanzarse. Y el éxito
1-0 revitalizó al Ciclón tanto como al artillero, que rompió con 159 días de
sequía, desde aquel tanto frente a Temperley, en la anteúltima jornada del
campeonato pasado.
Llegó San Lorenzo con urgencias a la cita con Godoy Cruz, el
equipo sensación, que se fue construyendo en silencio y bien alejado de los
flashes. Era una de las últimas oportunidades que se le ofrecían al Ciclón para
sentirse con pretensiones en un certamen que lo presentó con un arranque explosivo,
aunque con el recorrido se fue diluyendo hasta ingresar en una zona de
cuestionamientos. Como Cauteruccio, el equipo encontró frente a los mendocinos
la mejor plataforma para tomar impulso; como el uruguayo, el conjunto
desarrolló un juego de menor a mayor, y aunque terminó apretado ante un rival
que no se resignó a dejar un invicto de ocho partidos, el festejo del final fue
un desahogo y también una llama que se enciende para el futuro, ése que se
divide entre la Copa Libertadores y el Torneo Transición.
Una molestia física que tenía a maltraer a Sebastián Blanco
provocó la aparición de Cauteruccio, que saltando desde el banco de los
suplentes se vistió con las ropas que mejor le sientan: la de definidor. El
esquema táctico que utiliza Guede lo aleja del área, ya que ese lugar fue
anoche de Mauro Matos; el charrúa se ubicó sobre la izquierda, completando el
trío que se formó junto con Cerutti y Belluschi, un jugador que el fútbol
argentino redescubrió después de su paso por Europa y Turquía. No hubo doble 9
como en los tiempos del Patón Bauza, días en que su poder de fuego fue
determinante para un equipo que tocó el techo al levantar la Copa Libertadores;
esta vez, lo suyo se emparentó más con sacrificio y recorrido, ayudando en el
equilibrio y siendo un factor de riesgo para Godoy Cruz, que siempre lo sufre.
Porque Cauteruccio se hizo presente en el marcador las últimas tres veces que
el Ciclón se midió con los mendocinos.
Una corajeada de Ortigoza, peleando la pelota que asomaba
perdida, después de un despeje de un córner a favor de San Lorenzo, resultó
mucho más que el inicio de la jugada que definió el partido: el volante
habilitó a Mas, que lanzó el centro para que Cauteruccio, con un clásico
anticipo de goleador de raza, marcara la diferencia.
El resurgimiento del uruguayo en San Lorenzo y la debacle de
Santiago García, también charrúa, en Godoy Cruz, resultó un contrapunto entre
artilleros en una noche que la lluvia no logró entibiar. Porque si el delantero
del Ciclón volvió a dibujarse una sonrisa y a entregarle esperanzas al equipo,
García no sólo desperdició dos situaciones frente a Torrico, si no que en el
desenlace se ganó la segunda tarjeta amarilla, y la expulsión.