Néstor Ortigoza habla como juega. Tira las frases cortas y
punzantes, siempre al pie, siempre redondas. Si la charla viene amable mete un
caño y sonríe; si nota que el diálogo se enreda, cambia de frente con precisión
de cirujano. Tal como hace en la cancha, tal como hizo el sábado en el triunfo
ante Huracán, donde se convirtió en la figura excluyente. En un fin de semana
escuálido en emociones, el Gordo que es emblema de San Lorenzo brilló por
partida doble: fue la manija de un equipo que se afianza en la punta de la Zona
1, y falló un penal, el segundo de los 34 ejecutados en su carrera.
-¿Qué dura más, la alegría de ganar un clásico o la bronca
de fallar un penal?
-Noooo, lo bueno es haber ganado. La vez anterior, cuando me
lo atajó Ibáñez, por suerte también ganamos. No te niego que el penal me dejó
con una sensación rara, pero para el equipo era una victoria importante y eso
es lo que me queda.
-¿Cómo es el momento siguiente a errar uno después de
convertir tantos al hilo?
-La verdad fue una situación especial gracias a la gente.
Cuando vi que la pelota pegó en el travesaño me quedé quieto, pero ahí nomás
sentí la ovación de los hinchas que empezaron a alentarme y la verdad que fue
muy lindo. Ellos no dejaron que me decaiga.
-¿Pediste perdón cuando terminó el partido?
-Sí, claro, había errado un penal en un clásico. Pero la
gente se portó 35 puntos conmigo.
-Contra Huracán te moviste un rato casi como enganche y
después retrocediste varios metros, ¿dónde te sentís mejor?
-De doble 5, porque vengo con la pelota siempre de frente y
me conozco ese lugar de la cancha de memoria, pero no me molesta hacer algo
diferente. Me gusta aprender y trato de adaptarme a lo que me pide el DT.
-¿En el barrio jugabas ahí?
-De 8. Siempre fui volante por la derecha, desde que entré
en Argentinos a los 9 años hasta que llegué a la reserva. Recién ahí el Chino
Batista [Norberto, hermano de Sergio] me puso de 5.
-¿Cuándo estabas en las inferiores seguías jugando con los
amigos en Merlo?
-Sí, claro, las ligas del barrio, o por plata en el potrero.
-¿Qué cosas se conservan de aquel tiempo al llegar a
Primera?
-El potrero te da mucha experiencia y te quita el miedo. A
mí no me asustan las canchas llenas ni ir de visitante ni meter la pierna,
porque ahí en el barrio se corría y se metía mucho.
-¿Y lo de ponerla debajo de la suela y salir con una
pisadita también es del potrero?
-No, eso es del baby. En Merlo teníamos un equipo con mis
tíos y jugábamos fútbol de salón por plata, ahí aprendí a pisarla.
-¿Ningún técnico te pidió que te olvidaras de tanta suela?
-Por suerte, no. Nunca.
-Y eso te ayuda a divertirte adentro de la cancha.
-Sí, la verdad es que disfruto mucho, porque no juego con la
presión de lo que pueden llegar a decirme si erro un pase. Por supuesto que
tengo la responsabilidad de hacer las cosas bien y conozco el compromiso que
significa estar en un club grande y la necesidad de ganar, pero si tengo que
enganchar, engancho; igual que si veo que puedo tirar un caño o meter un cambio
de frente lo hago.
-¿Las características de juego del equipo tampoco influyen?
-Yo no cambio mi manera de jugar y mantengo siempre mi
estilo. Y si me equivoco, me equivoco, pero juego sin ningún miedo. Lo que
trato es de ir mejorando, porque errores claro que tengo.
-Es decir que no sentiste demasiado el paso de Bauza a
Guede.
-Mis responsabilidades son siempre las mismas. Lo que sí
hago es mirar mucho lo táctico que pide cada técnico, cómo moverme cuando toca
defender y cuando toca atacar. Me gusta prestar mucha atención a lo que se dice
en los entrenamientos.
-La propuesta original de Guede, de máxima intensidad
durante todo el partido, ya no es la misma, ¿se volvieron más cautelosos?
-El problema fue que al jugar dos torneos al mismo tiempo no
teníamos cuándo practicar. Entonces llegó un punto en el que nos dimos cuenta
que nos empataban o nos ganaban los partidos sobre el final y el técnico
decidió adoptar un esquema que sigue siendo atacante, pero también pensando en
que no nos hagan goles.
-¿Es mejor tener un estilo definido o ser más pragmáticos y
actuar de acuerdo a lo que pide el partido?
-Yo prefiero agarrar una identidad y tener una idea de juego
en lugar de cambiar tanto.
-¿Por qué San Lorenzo se quedó tan rápido afuera de la Copa?
-Porque cometimos errores puntuales que nos costaron muy
caro y tampoco tuvimos la cuota de suerte necesaria. Como el empate sobre la
hora con Gremio como locales. Habíamos jugado bárbaro, nos equivocamos una vez
y fue gol. Otras veces no entra y no pasa nada.
-¿Cómo hicieron para levantarse tan rápido?
-Yo hago mucho hincapié en el grupo. Venimos juntos desde
hace algunos años y ya agarramos la mística de ganar, de pelear los torneos
hasta el final. Nos acostumbramos a esto y no queremos perderlo.
-¿Te sorprende que sea Godoy Cruz el rival para el primer
puesto en la zona?
-No, para nada. El de la Argentina es un fútbol donde todos
los equipos te juegan de igual a igual y por eso es tan lindo, tan emocionante.
Acá tenés que demostrar domingo a domingo, porque no se gana más con la
camiseta.
-¿El partido contra Independiente es la llave para llegar a
la final?
-Eso no lo sé porque todavía falta mucho, pero sí estoy
seguro que va a ser uno de los mejores partidos de la fecha. Ellos van a salir
a ganar porque son locales y lo necesitan; y nosotros también vamos a atacar,
así que va a ser un ida y vuelta bárbaro. Para mí, el que haga el primer gol lo
gana.
-¿Y si hay un penal agarrás la pelota vos, no?
-Sí, claro. Salvo que el técnico me cambie.