No es difícil imaginar que días como estos fueron los que motivaron el regreso. Cuando Carlos Tevez decidió dejar la Juventus para volver a Boca, lo movilizó la necesidad de sentir otra vez el cosquilleo que ahora lo domina, el de la adrenalina que genera la víspera de un superclásico y el deseo de jugarlo. Y de ganarlo. De materializar una actuación como con la que sueñan quienes mañana colmarán la Bombonera. Ser figura en el partido más esperado, que lo viste de protagonista con los colores de su infancia. "Un jugador que además es hincha, como me pasa a mí, tiene como una doble responsabilidad, porque sabe lo que esta clase de partidos significan para el equipo y para la gente", remarcó ayer en una entrevista televisiva con ESPN. Y agregó: "Contra River me gusta ganar, pasarlos por encima y hacer cinco goles, pero si pienso así me equivoco". No es casual este enfoque, ya que una de las cuestiones que más se recrimina el Apache es dejarse llevar por el corazón, jugar los superclásicos como hincha y resolver mal, decidir con poca lucidez en las jugadas.
Su última versión en el Monumental, en el encuentro de la sexta fecha, quedó muy lejos de lo que acaso imaginaba cuando preparaba las valijas en Turín. Guillermo Barros Schelotto había asumido pocas horas antes un equipo que se deshilachaba. Y en ese deficitario funcionamiento colectivo, un estado físico desajustado y una rodilla rebelde diluían al jugador que poco tiempo atrás había sido estrella en uno los clubes más grandes de Europa. "La parte física es fundamental, porque si no estás bien, no podés jugar. Cuando llegué estaba bien por la preparación que traía de la Juventus, pero después de la pretemporada me costó mucho. Hace un mes que siento que estoy volviendo a mi nivel", reconoce ahora. En la exigencia del trabajo del preparador físico Javier Valdecantos, Tevez parece haber encontrado parte de lo que le faltaba.
Comienza a recuperar la explosión que siempre caracterizó su juego. Más ágil y afirmado, el contacto con la pelota vuelve a mostrarlo como una severa incógnita para los rivales. Pero River es un partido aparte para Tevez, lo obliga también a un juego mental: "Siendo hincha de Boca, mi compromiso en estos partidos es el doble o triple. Es lo que siento...", repite.
Sin haber alcanzado un nivel de juego de destaque, Boca está en su mejor momento futbolístico del año. Desde la llegada del Mellizo a la dirección técnica, el equipo transita el camino de una mejoría que no alcanzó para reposicionarlo en el campeonato, pero que lo tiene en los octavos de final de la Copa Libertadores. "Vamos entendiendo lo que quiere Guillermo y las posibilidades se van abriendo. Este Boca puede dar mucho más, y hay que pedírselo".
Enfrente tendrá a Andrés D'Alessandro, otro futbolista que también pegó la vuelta y con quien conquistó los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004. "Pasamos momentos muy lindos juntos en la selección y nos hemos divertido muchísimo. Me da placer que haya vuelto al fútbol argentino y enfrentarlo, porque hay que enfrentarse con los mejores", señaló sobre el estratego de River.
"Todavía no puedo, frente a River, hacer el clic, cambiar el chip de hincha a jugador y tener esa brillantez de otros partidos", se reclama Tevez, un crack que se autoexige mucho. El día que le anotó un gol, terminó expulsado por excesos en el festejo, como en la Copa Libertadores 2004. Por eso. para él, teniendo en cuenta los antecedentes, será clave jugarlo con más sangre fría que pasión. Ese será su desafío.