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Ciclismo

Un choque de potencias a pedal

El gran exponente del ciclismo Daniel Castro sigue ligado a las pistas y se asombra con nuevas promesas como Benjamín Pereyra, que ilusiona con llevar la disciplina a un buen nivel. Cuna Deportiva juntó al crack de ayer con el de hoy y de la combinación resultó un Choque explosivo.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Virginia Mazuelos
Revista Cuna Deportiva

Con una diferencia de 39 años, dos ciclistas unifican pasado, presente y futuro y dejan constancia que la disciplina en San Juan no ha sido olvidada. Pese a que pertenecen a dos generaciones muy distantes, comparten la misma pasión y sostienen que no hay nada como este deporte, que tanto les da.

De un lado, Daniel "Pitufo" Castro -referentes del ciclismo nacional- y del otro, Benjamín Pereyra -promesa del deporte-. Se miran fijo, se saludan con apretón de manos y mantienen la seriedad. Presentación protocolar para la primera vez, se distiende con algunas fotos y, poco a poco, los protagonistas dan lugar a un encuentro ameno y descubren similitudes y diferencias.
El ciclismo como bandera

Campeones arriba de la bici, adoptaron al deporte como estilo de vida y decidieron meterse de lleno en él. Uno cosechó victorias dentro y fuera del país y el otro suma, año a año, títulos en su categoría. Daniel Castro tocó el cielo con las manos cuando corrió en Europa, lugar con el que Benjamín Pereyra sueña llegar, para disputar el Tour de France.
 
Un buen debut 

El pibe que entrena con la Fundación Planeta Ramírez le ganó de manos a la leyenda, en dar los primeros pasos en el deporte. Es que con tan sólo cuatro años, ya ganaba su primera carrera, mientras que el actual entrenador de la Agrupación Virgen de Fátima lo logró recién a sus dieciocho.

Según cuenta Castro, el fútbol había copado su interés hasta ese entonces, cuando jugaba en un club de su querido Angaco. “Cuando me di cuenta que era malo para la redonda, descubrí que con la bici me iba mejor. Al poco tiempo, fui llamado a la Selección de ciclismo”, recuerda con simpatía a quien apodan Pitufo.
 
Desafiando a la Pericana

Dormir la siesta para muchos chicos resulta el peor castigo, ya que les quita horas de juego y para el reconocido ciclista la acepción del descanso era algo similar o peor, por lo que optaba escapar de su casa, sin asustarse con ningún mito. En la esquina, lo aguardaban sus amigos para jugar un picadito. Luego, algún reto se ligaba, pero eso ya no importaba.

Todo lo contrario ocurre con el crack de ocho años, que huye pero de los problemas con su mamá y sabe que, si cumple con el hábito, tendrá más horas de tele, podrá jugar a las balitas con sus vecinos y, por qué no, ganar más tiempo en su bici.

Las chicas, un tema aparte

Para el ciclista de 47 años, nadie le quita lo bailado ni tampoco los recuerdos con las chicas. “Al salir con frecuencia en el diario y ser atlético, sacaba chapa de galán y conquistaba a todas”, recuerda entre risas quien hoy tiene una linda familia. Por su parte, un jovencito Benja aún ve lejana esa situación y, con vergüenza, se sonroja a la hora de responder sobre el tema. Aunque, a veces, los silencios no ayudan del todo…

Como estudiantes, aprobados

Quien cursa el tercer grado del Colegio Nuestra Señora de Andacollo demuestra aptitud para el estudio. Llega a su casa con los deberes hechos y en su libreta se repiten los sobresalientes. Por su parte, quien fuera campeón argentino recuerda no haber sido un excelente alumno, aunque sabía hacerse querer por sus maestras y, así, conseguía una buena nota. Sin dudas, simpatía y carisma, un buen negocio para el entonces niño.

La familia es lo primero

Con toda su experiencia y trayectoria a cuestas, “Pitufo” afirma que gracias a esta disciplina, pudo ser alguien en la vida y recuerda  que su padre y sus tíos lo motivaron siempre a seguir, pese a que dejaba mucho de lado. Benjamín, a la hora de los agradecimientos, pone en primer lugar a sus padres y a su abuelo, quien le contagió el amor por la bicicleta.
Cicatrices con historia

Otra cosa que comparten son las duras caídas de sus primeros pasos. Ambos tienen la pera rota y varios puntos de sutura. Algunos llantos y lagrimones se pintaron en sus ojos, pero aseveran que siempre se levantaron. La marca de este deporte no sólo la llevan en la sangre sino que también en la piel.

Garra de sobra

Uno es una leyenda del deporte y otro ya pisa fuerte en la escena del ciclismo, con el desafío de cumplir sus sueños. Daniel, aunque ya retirado, sigue trabajando por el deporte, desde la dirección técnica, mientras que para  Benjamín lo mejor está por venir.  Gracias a  su aporte  el ciclismo local no pierde terreno.
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