Era de noche. El avión de Aerolíneas Argentinas aterrizaba a las 20hs. El aeropuerto de Las Chacritas estaba repleto de gente. Su terraza parecía desplomarse. Y a lo lejos, se podían ver los campeones claramente vestidos con buzos y camperas con los colores celeste y blanco que bajaban del pájaro mecánico con un gesto sereno y agradecido. En eso un estruendo estremeció el silencio del descampado. Era el grito eufórico de todos los presentes que se descargó, al unísono, en una catarsis que parecía interminable.
El entonces presidente argentino Carlos Menem, antes de que partieran desde Bs As hacia San Juan, había invitado al seleccionado (junto al plantel completo) a cenar. Pero ellos, aferrados a sus raíces pueblerinas, prefirieron subirse al avión y llegar a la provincia lo antes posible para festejar con sus familiares.
Una vez subidos al colectivo que los llevaría hacia la Plaza 25 de Mayo; de aquel centenar de almas que se habían apostado en el aeropuerto, se le sumaban de a miles a lo largo del camino. Todos los colores políticos aunados en una sola bandera: la de argentina. Una vez más el deporte ponía en juego esa poderosa magia de unir lo que está dividido y disperso. Los clubes de patín, familiares, amigos, gente del barrio donde vivían los campeones; y claro, los fanáticos. Todos estuvieron presentes aquella inolvidable noche.
Aquel martes 11 de agosto, desde Las Chacritas, miles de fanáticos acompañaron de cerca al flamante campeón olímpico. Pegados al colectivo que los traía hacia la ciudad capital, kilómetros de automóviles los escoltaban eufóricos y orgullosos en una recepción que fue multitudinaria y emotiva. Una vez más los sanjuaninos se destacaban a nivel mundial con jugadores de enorme categoría que vivieron, crecieron y desarrollaron su vocación por este deporte en esta tierra cuyana, conocida como la cuna del hockey.
La ruta 20 por donde transitaba la caravana se veía distinta. Miles de haces de luz proyectados por los vehículos, se atravesaban mutuamente generando un espectáculo único. Los curiosos salían de las casas ubicadas a los costados de la ruta para saber que estaba pasando. Después de 9 de julio, le tocó ser testigos de la alegría a Santa Lucía. Las plazas y lugares públicos por donde pasó el colectivo estaban repletos de personas que saludaban. Por momentos, algún trapecista se colgaba de un árbol para lograr ver, aun que sea, el rostro de algunos de los jugadores. San Juan se vistió de fiesta aquella. La ´tremenda alegría de estos pibes, fue la alegría de todo un pueblo que siente la pasión por el hockey como ninguno.
Los sanjuaninos comprendieron que los “pibes” de la selección, los flamantes campeones, al igual que el plantel, se habían hecho merecedores de un recibimiento que quedara grabado en la memoria de todos. Han pasado 22 años pero la alegría del recuero sigue viva.
La selección campeona
Los Juegos Olímpicos de 1992 (oficialmente denominados Juegos de la XXV Olimpiada) se realizaron en Barcelona, España, entre el 25 de julio y el 9 de agosto de 1992.
La selección argentina no tuvo un buen comienzo en los juegos. Primero perdió ante Portugal y después empató con Estados Unidos, entrando así a la semifinal. En ella le ganó a Italia, perdió con España y venció a Brasil clasificando a la final, para enfrentarse al local que había terminado primero.
Fue la final la que marcó al grupo para toda la historia. El partido terminó igualado en 5 goles en el tiempo regular. España se puso en ventaja, Argentina empató y metió dos goles de contragolpe. Ambos de Diego Allende con pases quirúrgicos del José Páez, consagrándose campeones. Los argentinos dieron la vuelta olímpica con la medalla dorada colgada. La verdad, inolvidable.
Los sanjuaninos que integraron aquella selección olímpica fueron:
Roberto Roldán, Alejandro Rodríguez, Guillermo Hermann, Alfred Bridge, José Páez, Diego Allende y Raúl Monserrat. Su DT fue Miguel Gómez. También formó parte del equipo el mendocino Pablo Cairo, juntos a un plantel de lujo.