Fernando Cavenaghi soñaba con un día como el que tuvo ayer desde hace dos meses y medio. El goleador de River en el último semestre llegó al predio de entrenamiento que tiene River en Ezeiza a las 8:30 de la mañana con una amplia sonrisa en su rostro, según cuentan los encargados de seguridad que fueron los primeros en verlo pasar con su auto. Es que Marcelo Gallardo y todo el cuerpo técnico ya le habían avisado que iba a tener una jornada laboral distinta a las que se había acostumbrado en el último tiempo. Ya sabía que no le iba a tocar ni gimnasio, ni pileta, ni ejercicios aeróbicos, ni neurociencia, ni trotar en soledad durante media hora mientras sus compañeros se divierten con la pelota en espacios reducidos, ni algún que otro ejercicio que tuvo que hacer en toda su etapa de recuperación desde su operación el 14 de agosto. Era consciente de que le había llegado el turno de empezar a entrenar a la par del plantel. El Torito se cambió y lo abandonó a Pablo Dolce –el preparador físico del club con el que se venía ejercitando en forma diferenciada– a Martín Aguirre y a Matías Kranevitter, los otros dos lesionados con los que compartía todas las prácticas solitarias, para sumarse al fútbol informal que comanda Marcelo Gallardo todos los viernes. Corriendo, trabando sin miedo y pegándole a la pelota como si la lesión nunca hubiera existido, el delantero dio un paso más en su ilusión de volver a las canchas: quiere estar antes de las últimas dos fechas del campeonato.
"Con Fernando hablamos hace algunos días y armamos un cronograma de entrenamientos para que él pueda ir viendo cómo va evolucionando. Lo hicimos para intentar que de acá a dos, tres semanas –más o menos– esté ya en condiciones de ponerse a entrenar con el plantel, aunque se viene sumando a algunas prácticas. Vamos tratando de llevarlo de la manera más progresiva posible para ver si lo podemos sumar en los últimos partidos”, dijo ayer, esperanzado y alegre de verlo feliz, el Muñeco en la conferencia de prensa que dio.
Gallardo se pone contento porque sabe todo lo que sufrió Cavenaghi después del choque con Joaquín Arzura –volante de Tigre– en la última jugada de la sexta fecha del torneo pasado. En ese momento River no era el River invicto de Gallardo ni el River campeón de Ramón Díaz: era un River al que no le iba bien. Y por ese motivo el capitán no quería perderse ningún partido: se infiltraba para menguar el dolor, dar el presente y tratar de cambiar la imagen. Lo hizo durante 14 partidos consecutivos y en el último encuentro que disputó –el 24 de mayo, en la SuperFinal con San Lorenzo en San Luis– su cuerpo dijo basta: salió en el entretiempo después de casi ni participar en el ataque y el dolor que padecía era insoportable. Eso lo obligó a la operación para frenarle la inflamación en el dedo gordo de su pie derecho y quitarle un sobrehueso generado por las infiltraciones. Los médicos no le garantizaron una cura mágica y le aseguraron que la recuperación sería muy larga. Demasiada para él.
Por eso ahora, después de tantos pasos dados, a Cavenaghi no le importó la lluvia, ni los cambios de temperatura y se prendió en el 7 vs 7 que armó el entrenador, mientras otros de los futbolistas del plantel jugaban un fútbol-tenis y otros se ejercitaban en el gimnasio. Durante los 30 minutos que duró la práctica se movió con mucha intensidad: corrió, remató, trabó y se empezó a familiarizar con ese juego asociado que propone River y a que a él tanto le gusta. Al irse, sus compañeros aseguraron que lo vieron con un mucho entusiasmo y que, sobre todo, lo notaron feliz. "El esfuerzo lo está haciendo, sabe que en un equipo que se esfuerza mucho tiene que estar bien. Hemos sido claros y él tiene unas ganas enormes. Ha mostrado voluntad y cada día lo vamos viendo mejor. Dependerá del tiempo y de cómo va evolucionando”, agregó Gallardo sobre uno de los jugadores más queridos del plantel.
Cavenaghi, que pese a la lesión acompañó como capitán sin cinta al plantel en la gran mayoría de los viajes que realizó, está cada día más cerca de dejar todo atrás y afirmar que volverá a jugar antes de que termine el semestre. Sea con Banfield como local en la fecha 18 o con Quilmes de visitante en la 19; o antes porque la fe mueve montañas, el hombre que nació hace 31 años en General O’Brien se ilusiona con volver a jugar e intentar llegar al gol número 100.