Para quemar los libretos conservadores. Para echar por tierra todo tipo de cautela. Así, habían arrancado Lanús y Estudiantes. A pura llama, unos primeros cuarenta y cinco minutos fogosos. ¿Una prueba de ello? El festejo como bomberos de Silva y Acosta en el 1-1 del Grana. Una muestra de la temperatura futbolística que había en la Fortaleza. Pero, en el segundo tiempo, se quedaron sin mecha, sin fuego. Apagaron las llamas de la intensidad y dividieron puntos.
De movida, en la primera clara del partido, el Pincha se fue contra el arco de Marchesín. Tras una jugada sucia en el área grande, Carrillo madrugó a los defensores del granate y, a través de una fenomenal chilena, estampó el primer grito de la noche. Sintió ese ardor el equipo de Guillermo Barros Schelotto. Por eso, con furia, con la pólvora encendida, salió dispuesto a responder. A los diez minutos, Silva luchó en el aire una pelota para que Acosta, aprovechando un flojo cierre del fondo y una salida tardía de Rulli, decretara el 1-1. Delirio para los ex Boca, que se juntaron en la mencionada celebración. Pero como un anuncio de lo que vendría más tarde, la alegría, sin autobomba, apagó el marcador. No se movería más en lo restante.
Lanús contó con una chance posterior de Ayala, que casi la mete de manera olímpica desde un córner. Y, luego, cesó en su picante ataque. Estudiantes lo fue emparejando, tomando la mitad de cancha, aunque sin generar peligro en el arco de Marchesín. Situación similar se dio en el segundo tiempo, en donde hubo poco para destacar. Como si las ideas se hubieran quemado, o mejor dicho, extinguido. ¿El fire? Lejos. Ninguno mostró demasiados argumentos para quedarse con el triunfo. Casi no aparecieron situaciones de riesgo. Los arqueros estuvieron lejos de apagar las llamas. Terminaron dividiendo puntos, a pesar de las cartas que habían arrojado en el principio. Puntito y a casa para los dos.
Fuente: Olé.