Por Luz Ochoa
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Luciano Montivero es pedalero y gamelea uvas, Javier Ibañez patina y arregla motores, Luis Mingolla ataja goles y estiba bolsas de cemento, Luis Caballero es hockista y atiende en una óptica. Lejos de Chicago, en distancia, y, en tiempo, de aquella épica huelga de trabajadores que se conmemora cada primero de mayo, estos cuatro deportistas -quizás sin saberlo- hacen homenaje a la lucha reivindicativa de los trabajadores. Cada mañana es un nuevo comenzar y el pan deben salir a buscar. Son personalidades destacadas en su ámbito, grandes valores del deporte sanjuanino que, además de exprimirse al máximo y de rendir a gran nivel, cumple cada uno -como muchos-, el rol de trabajador, además del de deportista.
-Luciano Montivero
Montivero, reconocido ciclista del equipo Agrupación Virgen de Fátima, realiza tareas de cosecha. Junto a su familia, el campeón de la Doble Difunta Correa en 2003 se aboca al cuidado de sus propios parrales. Es un trabajo que conoce desde chico y, por ello, lo maneja igual de bien que a su bicicleta. “A los doce años comencé a trabajar porque era el mayor de la casa y mi papá ya no estaba con nosotros. Por eso aprendí todo lo que sé de la cosecha. Incluso, cuando empezaba a correr, me servía para mantenerme económicamente”, cuenta.
Hoy, el Pato Montivero cuenta con el salario que le provee su equipo y, por fortuna, dice no necesitar el dinero que la cosecha le da. Sin embargo, encuentra satisfacción y, al mismo tiempo, relax en las tareas de la finca. “Zanjeamos. Podamos la cepa. Luego atamos las guías y hacemos la recolección. Por último, matamos los yuyos con veneno”, explica el velocista y agrega: “Aunque parezca duro, el trabajo fue útil para mi formación física. Después de gamelear, me subía a la bici y volaba”.
-Javier Ibáñez
De niño, al igual que el Pato, Javier Ibáñez entró en el mundo del trabajo que hoy ejerce. Uno de los referentes del patín carrera en la provincia conoció la mecánica automotriz y se enamoró. Con nueve años visitaba a menudo el taller de su padre y, con el paso del tiempo, adquirió los conocimientos que hoy le permiten arreglar un auto. “Trabajo con mi padre en el taller. Le doy una mano en todo lo que se pueda. Me gusta mucho y, además, sirve de sustento y puedo cubrir los gastos que tengo con los patines o cualquier tipo de indumentaria que me haga falta. No cuento con ninguna beca, por eso, no me queda otra más que trabajar”, manifiesta.
Al formar parte de un negocio familiar, el multicampeón del mundo en la categoría junior sabe que tiene cierta flexibilidad en sus horarios: “Muchas veces tengo que entrenar más temprano y salgo antes, o los días que viajo, igual me los pagan. Por eso estoy muy agradecido con mi familia que siempre me banca y me acompaña”, cuenta.
-Luis Mingolla
En un mundo totalmente ajeno, Luis Mingolla -actual arquero de Colón Juniors- alza los brazos, pero no sólo para atrapar pelotas, sino también para cargar bolsas de cemento y cal. Como jugador que pasó por varias porterías de clubes sanjuaninos conoce muy bien la dura realidad que aqueja la práctica en estas tierras: “Hoy, mantener una familia cuesta y en el fútbol local son pocos los que viven de él. Por esa razón, tuve que salir a laburar en la construcción”.
El ex número uno de Sportivo Desamparados, todos los días tiene una ardua labor, de las siete de la mañana a las tres de la tarde. Aún así, prefiere entrenar a la par de sus compañeros. “Cuando me contrataron, lo primero que pedí fue que no tuviera trato preferencial por trabajar en la construcción. Es una elección mía trabajar y entrenar. Aunque me cueste, voy a dar lo mejor de mí para hacer ambas cosas bien. Mi compromiso es claro tanto para el trabajo como para con el club”, aclara el arquero del ascenso.
-Luis Caballero
Por su parte, Luis Caballero -apodado Rulo por el mundo del bochín y el stick- conoce a la perfección lo que refieren sus colegas cuando hablan de esfuerzo. Es que el jugador de Centro Valenciano pasa varias horas del día de pie y, cuando para muchos la jornada ya ha finalizado, el hockista sale con bolso en mano y se dirige al entrenamiento. Trabaja en atención al cliente en una óptica y, aunque el esfuerzo no es gigante, el cansancio pesa en sus piernas cuando patina. “Por suerte, son comprensibles conmigo. Me dejan salir temprano, si tengo que jugar”, comenta el jugador que tuvo paso por el SPRS Ploufragam francés.
Antes, el Rulo había trabajado en un comercio de venta de insumos para la construcción mientras jugaba en Unión de Villa Krause. “Trabajaba para Dardo Ramírez. No tenía un contrato, pero era como un arreglo de palabra. Me ponía la camiseta del Azul y, a modo de pago, tenía el trabajo”, explica.
