El presidente de San Martín caminó hasta el arco del Norte del estado, desenterró algo y se lo dio a su hijo Gabriel. Sólo él, su hijo y el gobernador Gioja saben de qué se trata. ¿Un amuleto?
A los 24 minutos del segundo tiempo, el delantero canalla Javier Toledo reventó la pelota contra el palo izquierdo del arco ubicado a los pies de la hinchada popular de San Martín. El pelotazo enmudeció a todo San Juan y un escalofrío recorrió las miles de almas verdinegras.
Desde ese momento, todos miraban con un cariño fraternal al palo salvador, el que evitó el gol que hubiera mandado a San Martín la B Nacional y a Rosario Central a la Primera división.
Terminado el partido, el gobernador Gioja y el presidente de San Martín Jorge Miadosqui charlaron varios minutos a solas sobre esa área. La conversación fue íntima y no permitieron que se acercara ningún periodista.
De repente, Miadosqui caminó hasta el arco Norte. Se metió debajo de los tres palos y desenterró algo, secreto, íntimo. Inmediatamente se lo pasó a su hijo Gabriel, quien se negó a contarles a los periodistas del campo de juego de qué se trataba. Miadosqui se arrimó a Gioja y le dijo en voz baja de qué se trataba. ¿Un amuleto?