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Historias del Crimen

El obrero rural sanjuanino que se obsesionó con su sobrina y la asesinó mientras dormía el día de su propio cumpleaños

El femicidio se cometió una noche del carnaval de 1970 en una finca de Ullum. El sujeto abusaba de la adolescente desde los 11 años. Ella empezó a rechazarlo y ahí él la mató.

Por Walter Vilca

Jamás aceptó que sus acciones no eran más que las de un abusador sexual. Que lo suyo no tenía nada que ver con el “amor”. Que estaba frente a una niña y que la sometía mediante manipulaciones y amenazas. Y que su obsesión revelaba una violencia incontenible, la misma que finalmente lo llevó a asesinar de forma alevosa y traicionera a esa adolescente que era, además, su propia sobrina.

Isidro Francisco Gómez nunca admitió que era un pervertido ni que todo lo que hizo no tenía justificación. Lo expresó, sin pudor, durante su declaración en el juicio de 1971: “No la quería matar. Quería herirla y dejarle un recuerdo en venganza por su desprecio”, confesó el jornalero de 30 años. Hablaba de esa jovencita de nombre María, la hija de su hermana, a quien hirió de muerte con un disparo de escopeta mientras dormía.

El femicidio fue cometido la mañana del 11 de febrero de 1970 dentro de una finca de calle Valentín Ruíz en Ullum, pero los abusos contra esa niña empezaron 1966, también en esa propiedad. María contaba con solo 11 años. Isidro, su tío, se había mudado a la casa de su hermana y su marido después de quedarse sin trabajo y sin techo. Hacía poco tiempo atrás él había perdido a su esposa y allí consiguió el apoyo familiar que necesitaba.

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Isidro Gómez, el jornalero homicida.

Isidro Gómez, el jornalero homicida.

Allí también encontraría su lado más perverso. Lo reconoció estando preso. Confesó que comenzó a “mantener relaciones íntimas con su sobrina mayor” cuatro años antes del asesinato. Todo indica que, mediante la fuerza, las amenazas y el engaño, empezó a someter sexualmente a la niña cuando ella tenía entre 11 y 12 años y esos abusos continuaron en los años siguientes hasta enero de 1970.

María ya era adolescente, tenía 16 años por entonces. No aguantaba más. Aunque por vergüenza o miedo prefirió guardar todo en secreto, se juró que su tío nunca más volvería a ponerle las manos encima. Fue así que decidió que la única forma de poner fin a su drama era rechazarlo, ignorarlo y empezar a dar vuelta la página, refugiándose en sus amigos y en los chicos de su edad.

A fines de enero, aparentemente, hablaron a solas. La adolescente le pidió a su tío que no quería verlo más y que la dejara en paz. Lo primero que pensó Isidro Gómez fue que ella mantenía un romance con otro chico. Además, la veía salir a jugar y reunirse con otros adolescentes, y eso lo llenaba de furia.

La chica hacía lo posible por mantenerse cerca de sus padres y evitarlo. Isidro, en cambio, se desesperaba por saber qué hacía, mientras el despecho y el odio crecían a la par de las intenciones de la adolescente por alejarse de él. En la causa judicial quedó acreditado que, en los primeros días de febrero, el jornalero fue a la casa de un amigo y le pidió prestada una escopeta calibre 16, marca Choke N° 21, y algunos cartuchos, con la excusa de que quería ir a cazar. Esto último confirma que el obrero rural ya venía planeando el ataque, o al menos una venganza contra la jovencita.

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El jornalero pidió prestada una escopeta idéntica a esta. Por lo visto, ya venía pensando en el crimen.

El jornalero pidió prestada una escopeta idéntica a esta. Por lo visto, ya venía pensando en el crimen.

Pero todo se precipitó la noche de carnaval del martes 10 de febrero de 1970. María y sus padres fueron al baile, como todas las familias del pueblo. Isidro tampoco quiso perderse el evento y concurrió a la fiesta, aunque su verdadero motivo era saber qué hacía la adolescente.

Esa noche la vigiló y la persiguió hasta que, en un momento dado, “la sorprendió” —según sus palabras— conversando muy de cerca con un muchachito. Isidro enloqueció, pero se contuvo. Eso no impidió que se le acercara y le hiciera señas con el puño, como amenazándola con golpearla.

María no supo qué hacer. Lo miró y se encogió de hombros. Su tío tomó ese gesto como una señal de que a la jovencita no le importaba lo que él pensara. El jornalero confesó después que en esos instantes se sintió “despreciado” por su sobrina y se marchó a la finca muy molesto. Ya era la madrugada del miércoles 11 de febrero de 1970. Ese día, Isidro cumplía 30 años.

Esa noche, el jornalero no pudo pegar un ojo por la rabia que cargaba. Esa misma madrugada también le puso fecha de defunción a la jovencita. Esperó a que la chica, junto a sus padres, llegara del baile y se acostara a dormir, y aguardó el amanecer para perpetrar lo que ya tenía decidido.

El 11 de febrero, Isidro cumplía años. Ese mismo, a primera hora de la mañana, cometió el brutal ataque contra su sobrina.

Isidro se levantó a las 7 de la mañana. Sacó la escopeta calibre 16 que había escondido en su ropero y caminó al patio en dirección a la ventana exterior de la habitación en donde dormía su hermana, su esposo y todos sus hijos, entre ellos María.

Fue hacia ese lugar porque sabía que la cama de la adolescente estaba cerca de la ventana. Isidro Gómez lo tenía todo pensado. Llevó una silla, la puso contra la pared y se subió en ella para apoyarse en el marco de la ventana y tener una mejor posición de tiro.

Cuando tuvo en la mira a la jovencita, que dormía al lado de una hermana menor, abrió fuego. Disparó con la escopeta a una distancia de 3 metros contra la chica, quien sintió los impactos de los perdigones de plomo en el abdomen y pegó un grito desgarrador de dolor. Ahí ella vio a su tío Isidro alejarse de la ventana.

El estruendo del escopetazo también despertó a sus papás y a los otros niños. María fue envuelta con una colcha para evitar el sangrado. Su madre luego buscó a un vecino y trasladaron a la adolescente en una camioneta al hospital.

Isidro Francisco Gómez, mientras tanto, caminaba rumbo a la Comisaría 15ta de Ullum. A las 7:30 se paró con la escopeta en mano frente a la mesa de entrada de la seccional y habló con el cabo Segundo Costas. El jornalero fue claro: le confesó que le había disparado a su sobrina y quería entregarse.

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El titular de diario Tribuna de San Juan.

El titular de diario Tribuna de San Juan.

El policía llamó al jefe de guardia y detuvo al obrero rural y le secuestró el arma. Una patrulla policial se trasladó minutos más tarde a la finca de calle Valentín Ruíz y confirmó que lo que afirmaba el jornalero era cierto. La madre de la adolescente le contó lo sucedido y señaló a su hermano Isidro como el autor del ataque. Se lo había dicho María, que todavía mantenía la lucidez antes de que se la llevaran al hospital.

La adolescente fue operada en el Hospital Guillermo Rawson como consecuencia de las heridas que sufrió en el abdomen. Presentaba una importante hemorragia por el grave daño en órganos vitales. Solo veinticuatro horas duró su internación. El jueves 13 de febrero, la chica falleció.

El jornalero confesó, apesadumbrado, el asesinato. Paradójicamente siempre se sintió víctima. Declaró con mucha naturalidad que “mantenía relaciones íntimas” con la adolescente desde los 11 años, que su enojo vino porque ella empezó a rechazarlo, que su intención no era matarla y que solo quería vengarse por su “desprecio”. Jamás admitió que era un abusador y un criminal.

El 22 de octubre de 1971, un juez del Primer Juzgado en lo Penal condenó a Isidro Francisco Gómez a la pena de prisión perpetua por los delitos de homicidio calificado, agravado por la alevosía, según los documentos judiciales. Así, se fue al penal de Chimbas sin admitir jamás que era un abusador que tomó a su sobrina como un objeto y un violento, como tantos otros, que decidió sobre la vida de esa niña.

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FUENTE: Sentencia del Primer Juzgado en lo Penal del Poder Judicial de San Juan, artículos periodísticos de Tribuna y Diario de Cuyo, y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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