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Capítulo XXXIX de "Historias del crimen" en Spotify: el allanamiento en Villa Del Carril, el perro que atacó a policías y un disparo que terminó en tragedia

Tres policías irrumpieron de madrugada en una casa de Capital para capturar a un prófugo. Hubo corridas, disparos, un ovejero alemán fuera de control y un joven muerto en el patio de su vivienda. La Justicia investigó el caso, pero todos los acusados terminaron absueltos.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Eran alrededor de las 2.45 del 28 de julio de 1965 y en esa casona ubicada sobre calle Formosa, en Villa Del Carril, todavía nadie imaginaba cómo terminaría aquella visita.

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Héctor Enrique Cortez cruzó el patio y fue hasta una de las habitaciones. Instantes después regresó acompañado por Luis Francisco Segovia, un hombre que apenas alcanzaba a acomodarse la ropa mientras caminaba hacia la entrada. Cuando abrió las dos hojas de madera, se encontró frente a tres desconocidos vestidos de civil.

No hubo preguntas ni tiempo para explicaciones.

Segovia giró sobre sí mismo y salió corriendo hacia el fondo de la vivienda. Los tres hombres entraron detrás de él. Eran policías de la Brigada de Investigaciones de la Central de Policía de San Juan.

En medio de la persecución, el oficial Teófilo Barrera efectuó un disparo al aire con la intención de detener al prófugo. No sirvió. Segovia siguió escapando entre las sombras del patio.

Lo que ocurrió después quedó marcado para siempre en el expediente judicial.

Según declararon los policías, Héctor Cortez intentó impedirles el paso y lanzó contra ellos a su perro pastor alemán. El animal atacó con furia al agente Rolando Alaníz y le mordió uno de los brazos. En cuestión de segundos, el procedimiento se convirtió en un caos.

El agente Justo Román Sarmiento reaccionó sacando su pistola reglamentaria y disparó contra el ovejero alemán. El perro, herido de muerte, se alejó aullando.

Entonces vino la escena decisiva.

Siempre de acuerdo con la versión policial, Cortez tomó un hierro y enfrentó al agente que había baleado a su mascota. Casi inmediatamente se escuchó otro disparo. Esta vez el proyectil impactó en el abdomen del dueño de casa.

El grito retumbó en el patio.

Héctor Cortez cayó hacia atrás mientras se sujetaba el estómago. Su hermana Rosario, despertada por las detonaciones, salió desesperada de una de las habitaciones pidiendo ayuda. Para ese momento, Luis Francisco Segovia ya había conseguido escapar por los fondos de la propiedad.

Los policías dejaron de lado la persecución y se concentraron en el herido.

El oficial Barrera salió a buscar a otros dos agentes que aguardaban a la vuelta de la cuadra en un automóvil de la Brigada. Entre todos cargaron a Cortez y lo trasladaron de urgencia al Hospital Guillermo Rawson.

No alcanzó.

El joven murió pocos minutos después de ingresar a la guardia producto de la hemorragia y las graves lesiones abdominales.

La noticia sacudió a la Policía de San Juan. Esa misma madrugada se informó al juez de turno sobre la muerte ocurrida durante el allanamiento realizado en la vivienda de Villa Del Carril, cerca de Las Heras y las antiguas vías del ferrocarril.

Los policías involucrados quedaron detenidos preventivamente y les secuestraron sus armas reglamentarias para realizar pericias balísticas y determinar quién había efectuado el disparo mortal.

Con el correr de las horas se conoció el verdadero objetivo del operativo.

Los investigadores buscaban a Luis Francisco Segovia, un evadido del penal de Chimbas sospechado de participar en el asalto a la estación de servicio Sánchez Hnos., en Capital. La información que manejaban indicaba que estaba escondido en la casa de Cortez y que esa madrugada un hombre llamado Pablo Gil pasaría a buscarlo para ayudarlo a escapar de la provincia.

Por eso habían montado la trampa.

Uno de los policías se presentó con un nombre falso para convencer al prófugo de salir sin sospechas. Pero nada salió como estaba previsto.

El expediente judicial quedó sostenido casi exclusivamente por los testimonios de los propios efectivos. No hubo otros testigos directos del momento fatal. La hermana de Cortez declaró que salió después de escuchar los disparos y no alcanzó a ver la secuencia en la que hirieron mortalmente a su hermano.

Durante las pericias, los policías encontraron muerto al perro pastor alemán en el patio delantero. También secuestraron el hierro de más de medio metro que, según la versión oficial, Cortez utilizó para atacar al agente Sarmiento. Además, incorporaron un certificado médico que acreditaba la mordedura sufrida por el agente Alaníz.

Con esos elementos, la Justicia imputó únicamente a Justo Román Sarmiento como autor del disparo fatal. Los otros policías fueron desvinculados de la causa.

Semanas más tarde también detuvieron a Luis Francisco Segovia. Sin embargo, sólo fue acusado por evasión y desobediencia judicial debido a su fuga durante el operativo.

Ambos llegaron a juicio.

El 15 de febrero de 1966, el juez dictó sentencia y absolvió tanto al policía que mató a Héctor Cortez como al prófugo que escapó aquella madrugada.

En el caso de Sarmiento, el magistrado entendió que actuó en legítima defensa. Consideró probado que Cortez lo atacó con un elemento capaz de causarle la muerte y sostuvo que el agente respondió de manera racional mientras cumplía con su deber.

El fallo también dejó en claro otra cuestión clave: frente a la ausencia de otros testigos, la única reconstrucción posible era la aportada por los propios policías.

Segovia también resultó beneficiado.

El juez concluyó que no podía hablarse de evasión ni de desobediencia judicial porque los efectivos nunca llegaron a identificarse formalmente ni le comunicaron la existencia de una orden de detención. Además, remarcó que el acusado no ejerció violencia: simplemente escapó corriendo por el fondo de la vivienda.

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Así, el operativo que comenzó como una emboscada policial para atrapar a un prófugo terminó convertido en una tragedia con un muerto, un perro baleado y una causa judicial llena de interrogantes.

Sesenta años después, aquella madrugada en Villa Del Carril todavía conserva zonas oscuras. Porque nunca hubo otra versión de los hechos más que la de los propios policías que entraron a esa casa.

Esta producción es una incursión de Tiempo de San Juan en esta plataforma. Cada semana se emitirá un nuevo capítulo. El contenido está a cargo de Walter Vilca, Agostina Montaño y Lucas Colella.

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