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Capítulo XXXVIII de "Historias del crimen" en Spotify: el misterio del "Doctor" en Calingasta, un viaje a la cordillera que terminó con un baqueano asesinado

Partió hacia Chile acompañado por un guía experto, pero regresó solo. Un cadáver con dos balazos, versiones contradictorias y un fallo dividido dejaron uno de los casos más enigmáticos de la historia policial sanjuanina.

Por Redacción Tiempo de San Juan

El 9 de diciembre, Funes Franco apareció solo en la mina La Alumbrera. Llegó con las mulas, sin su compañero. Dijo poco. Estaba apurado. Dejó los animales con la promesa de volver y consiguió que un camionero lo acercara hasta la Villa Calingasta. Allí permaneció apenas un día con su familia y luego desapareció de San Juan. En su casa quedaron unos bultos: ropa y pertenencias de Ledesma Ledesma.

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Nadie sospechó nada. Casi nadie sabía de ese viaje.

La verdad empezó a asomar una semana después. El 16 de diciembre, en el paraje Potrerito, a unos 60 kilómetros de Calingasta, dos mineros encontraron un cuerpo en avanzado estado de descomposición junto al arroyo Las Trojas. Era un hombre con el torso desnudo. A su lado, una camisa de grafa y una camiseta con manchas de sangre.

La Policía confirmó lo peor al día siguiente: el muerto era Mario Antonio Ledesma Ledesma. Tenía 42 años. Lo conocían en la zona.

El hallazgo fue aún más inquietante. El cadáver presentaba dos disparos que le atravesaron el tórax. Le habían tirado por la espalda, con un arma calibre 45. La data de muerte coincidía con los días en que su compañero de viaje había regresado solo.

Cerca del cuerpo apareció un pullover de lana manchado con sangre. No tenía orificios de bala.

La investigación avanzó entre rumores y certezas a medias. En el pueblo empezaron a recordar que Ledesma Ledesma había partido hacia Chile como guía del “Doctor” Funes Franco. Los mineros que lo vieron llegar a La Alumbrera aportaron otro dato clave: aquel 9 de diciembre lo notaron nervioso, apurado, preocupado.

El nombre del “Doctor” empezó a repetirse.

La Policía allanó su casa en Calingasta por orden del juez Arturo Lerga Armendáriz. Él no estaba. Su esposa dijo que había viajado a Paraguay. Pero dentro de la vivienda encontraron algo difícil de explicar: ropa, botines, abrigos y hasta una libreta de ahorro del baqueano asesinado.

También apareció otra pieza incómoda: testigos aseguraron que el pullover hallado junto al cadáver pertenecía a Funes Franco. Y su empleada doméstica declaró que, al regresar del viaje, le lavó un pantalón con manchas de sangre. Dijo además que su patrón tenía un arma que ya no volvió a ver.

Todo apuntaba a él.

La Justicia ordenó su captura. Durante ocho meses estuvo prófugo hasta que lo encontraron en Santiago del Estero. Fue detenido y trasladado a San Juan.

Funes Franco negó todo. Dijo que el viaje había sido por motivos médicos, para estudiar propiedades de aguas termales. Aseguró que, en medio de la travesía, se cruzaron con otros arrieros y que Ledesma decidió irse con ellos, llevándose los caballos. Él, según su versión, regresó solo con las mulas.

Nada cerraba.

Sus explicaciones cambiaban. A veces hablaba de minas, otras de pacientes, otras de visitas familiares. Tampoco pudo probar que fuera médico, como decía. Ni justificar por qué tenía pertenencias de la víctima en su casa. Ni explicar su repentina fuga del país.

El caso llegó a juicio. En 1974, fue condenado a 11 años de prisión por homicidio. La sentencia se apoyó en indicios: había sido el último en verlo con vida, regresó solo, sus objetos estaban en la escena y en su casa, y sus relatos eran contradictorios.

Pero la historia no terminó ahí.

La defensa apeló y el caso pasó a la Cámara Penal. Allí, dos jueces consideraron que las pruebas no eran suficientes para sostener la condena. Señalaron que no se encontró el arma homicida, que no se investigó a fondo la posible participación de terceros y que las dudas eran demasiadas.

“Será más perjudicial que un inocente pague por un crimen que no cometió”, sostuvieron.

El tercer juez pensó lo contrario. Para él, todo indicaba que Funes Franco era culpable. Cuestionó cada una de sus versiones y consideró imposible que el baqueano se hubiera desprendido voluntariamente de sus pertenencias en plena cordillera.

El tribunal quedó dividido.

El 24 de septiembre de 1974, por mayoría, la Cámara revocó la condena. Cecilio Funes Franco fue absuelto por el beneficio de la duda y recuperó la libertad ese mismo día.

Nunca se supo qué pasó realmente en la cordillera.

El crimen del baqueano chileno quedó sin respuesta. Y el “Doctor”, el único que regresó de aquel viaje, se llevó con él un secreto que la Justicia no pudo descifrar.

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Esta producción es una incursión de Tiempo de San Juan en esta plataforma. Cada semana se emitirá un nuevo capítulo. El contenido está a cargo de Walter Vilca, Agostina Montaño y Lucas Colella.

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