A los 18 años Inés Gutiérrez alcanzó el medallero del los Juegos Panamericanos en el 2011, obteniendo allí el bronce. Y ahora, a los 19, viene de ganar en Río Pinto, Córdoba, la carrera de mountain bike más importante del país. Detrás de esa estrella del ciclismo hay una chica muy sencilla, que adora pasar horas en familia y disfruta del entrenamiento y las dietas tanto como cualquiera de su edad lo haría saliendo a bailar o juntarse un fin de semana para divertirse.
“Siempre consideré el ciclismo como un pasatiempo, adoraba subirme a una bicicleta, pero nunca me lo imaginé como parte fundamental de mi vida”, arranca contando la deportista.
Uno de los apodos otorgados, por su fuerza en las competencias, es el de “la dama de hierro”. Tal pseudónimo se encuentra bien definido por la disciplina que tiene Inés a la hora de prepararse: “Dejé de lado muchas actividades propias de mi edad, sacrifique salidas a bailar con mis amigas y juntadas, para darle prioridad a mis horarios de sueño y dieta alimenticia. Son oblaciones que cumplo con gusto, porque el mountan bike me genera la misma diversión y placer que el salir a bailar”.
Parte del entrenamiento rutinario de Inés es pedalear todos los días entre dos horas y media a tres. Salvo el día jueves, que es de descanso. Durante el fin de semana sí pedaleo tres horas mínimas. También pasa por el gimnasio para fortalecer el torso. Y también tiene un plan de alimentación con una nutricionista, que consiste en comer un plato de verduras de todos colores diario, extra a las comidas, evita ingerir dulces, consume de 6 a 10 frutas diarias y cada tres horas incorpora colaciones.
A pesar de los sacrificios que realiza, hay un elemento importante de su vida que no deja de lado. “Mi familia me acompaña mucho, ellos viven, en carne propia, todos mis logros y mis derrotas. Crean momentos familiares para festejar cualquier cosa, como pasó cuando volví de México, había pasado días sin ellos y organizaron un gran asado familiar en donde participó toda mi familia”.
Una mujer influyente en la vida de Inés es su abuela, Catalina Tomasich. “Es un poco terca cuando le dicen que no debe hacer algo por su edad, ella se empeña en hacer todo lo que se propone. Somos muy unidas y está muy pendiente de todo lo que hago… porque para mi abuela ‘yo hago todo lo que ella no pudo hacer’, y eso significa mucho para mí”, reflexionó la atleta.
Otro de los puntos desconocidos de Inés es la de su vida amorosa: “Por el momento estoy sola y tranquila. Los que practicamos deportes tenemos una inclinación a encontrar parejas dentro de nuestro entorno. Me pasó con la última relación que tuve… él también era ciclista. Siempre hay factores que te llevan a que te guste alguien de tu ámbito, tales como pasar muchas horas juntos, compartir competencias o entrenamientos… y ahí está, te comenzó a gustar. Caso contrario, a alguien fuera de tu entorno no lo podes ver seguido y obviamente no compartís los mismos gustos”.
Si tuviera la posibilidad de replantearse su vida, Inés se encuentra firme en su decisión: “Volvería a vivir toda ésta experiencia de nuevo. Amo lo que hago y realmente no creo que aceptaría la rutina de una chica de mi edad. Cada vez que logro auto superarme es ‘validar’ el esfuerzo que realizo y me alienta a seguir en esto”, finalizó la atleta.





