Su límite es el cielo

Chicas Súper Poderosas

Seis destacadas mujeres, a través del rugby, el kick boxing, el ciclismo, el fútbol y el automovilismo, rompen con el status quo del deporte sanjuanino y, dispuestas a todo, superan las barreras que les impone el machismo.
martes, 31 de enero de 2012 · 08:57

Por Luz Ochoa
Tiempo de San Juan

“Hace nueve años que compito y mi mamá nunca me fue a ver”. La confesión es de María Castro, la muchacha que se animó practicar muay thai –una variante del kick boxing-, de manera competitiva. Al igual que las otras chicas con una historia similar a la suya coinciden, las mujeres, a lo largo de la historia, tanto en el deporte como en la política y en todos los ámbitos de la vida, han debido enfrentarse al género opuesto  y a los prejuicios para prevalecer y para ganarse un lugar. En sociedades latinoamericanas, donde el  machismo ya es parte de un culto, el desafío suele ser aún mayor. Sin embargo, muchas valientes enfrentan aquellos retos.  

Ambiciosas, audaces e insatisfechas con el espacio que la sociedad les brindaba se lanzaron a la aventura de dar un paso más allá de los límites establecidos. Ellas son las súper poderosas sanjuaninas que se estimularon para practicar deportes comúnmente vinculados a los hombres y, decididas a romper con todos los esquemas, de a poco van logrando el respeto merecido.
“Mi abuela me dijo que no hiciera ciclismo porque era un deporte para varones”, expone Ruth Alfaro. Al mismo tiempo, Micaela Noguera acota: “Todos piensan que por subirse a una bici, una es machona y no es así”. “¡¿Qué pensarán de mí que hago rugby?!”, se pregunta entre risas Micaela Taboada.

Todas coinciden en que practicar disciplinas poco convencionales para mujeres es todo un sacrificio porque, además del esfuerzo de no dejar de lado su vida de estudio y trabajo, deben luchar contra los prejuicios. El qué dirán, los murmullos de los ajenos siempre están, señalan las deportistas.

Mientras recuerdan con humor, las chicas intercambian historias. Se identifican. A diferentes escalas y en distintas disciplinas, los inconvenientes con los dichos y los hombres son un denominador común. “Al ser un mundo manejado por varones, siempre les va a molestar que las mujeres se metan”, razona  la rugbier.

Castro rememora que llegó al kick boxing gracias a su ímpetu de buscar adrenalina. “Iba al gym pero las clases de aerobic me aburrían. Entonces empecé, me encantó  y no paré más”, narra la mujer de brazos y piernas fuertes. Por su parte, las ciclistas aclaran que su historia con el deporte sobre ruedas arrancó luego de acompañar a sus novios, también corredores. “Al principio, en nuestras familias la idea no fue de gran agrado, pero después se fueron acostumbrando”, explica Noguera. Alfaro adhiere diciendo: “La primera vez que me caí, me raspé toda la cara, estaba casi irreconocible y cuando mi mamá me vio, casi se muere. Me pidió que no corra más”.

El nacimiento de Huazihul, el único equipo femenino de rugby en San Juan, surgió después de que las novias de los jugadores armaran un partido a beneficio para el club, cuenta Taboada. “Todos nos animaron para que sigamos y, así, comenzamos a participar en regionales”. Ahora, en la cancha del Cacique, además de los corpulentos muchachos de la primera, se ven los tackles, los scrums y los lines hechos por figuras más delicadas, más esbeltas, pero no por ello, menos bravas.

Las pistas sanjuaninas de karting, por otra parte, desde hace un tiempo, tienen un toque distintivo con la presencia de Laura Quiroga. La fierrera es la única mujer que compite entre tantos hombres. Sus inicios como piloto fueron tumultuosos: “Había uno que siempre me chocaba en las carreras, hasta que un día le hice comer pasto, me bajé y lo fui a buscar. Por suerte, me detuvieron y la cosa no pasó a mayores. A partir de ese momento, me dejó de molestar”.

Una luchadora, una convencida por su pasión, así se demuestra Quiroga. “Desde siempre supe que esto era lo mío. Lo tomé como mi trabajo. Me costó mucho llegar hasta donde estoy, pero me siento orgullosa”, manifiesta la misma joven que manda a los hombres a lavar los platos cuando tiene algún entredicho mientras maneja en la calle.

En otra vereda, Florencia Carmona, del conjunto de futsal (fútbol de salón) Barrilete Cósmico, explica que al practicar fútbol, un deporte tan popular, la mirada de la gente es menos crítica. “En el primer campeonato en el que participamos, muchas personas nos iban a ver, todos nos festejaban las jugadas”. Sin embargo, concuerda con que los rótulos son siempre algo recurrente: “Siempre me encantó jugar a la pelota y, ahora que formo parte de un equipo, lo disfruto mucho. Pero a la gente le gusta encasillar, eso no va a cambiar más”.

A pesar de que hagan deportes duros, donde la fricción y el choque sean moneda corriente, a las Chicas Súper Poderosas parece no importarles. Las caídas, los golpes y las lesiones valen la pena, ya que en ellos encontraron una forma de ser, una forma de expandir sus fronteras. “Mi vieja sufre, dice que estoy loca por hacer esto”, revela Taboada.

Aunque les cueste tener el apoyo y la aceptación de sus familias, aunque reciban poca atención por parte de sus federaciones y aunque el público prefiera la competencia masculina, ellas persisten. Ellas lo pueden todo. “Para el hombre que quiere hacer deporte, es muy fácil todo. Tiene todo a su favor y a todos a su disposición. En cambio, nosotras tenemos que soportar cosas que no nos gustan y acomodarnos a las situaciones porque no nos queda otra”, manifiesta Noguera.  

Cuando hacen lo suyo, la gente pasa y mira. Se asombran y comentan. Pareciera algo extraordinario, algo increíble, pero real. Ellas realizan deportes masculinos y lo hacen bien. Cambia el escenario, cambian las actrices, pero la obra sigue siendo la misma: A vencer los prejuicios, a destruir los estereotipos, a hacer lo que les gusta, esa es la misión.

Ejercer sus deportes, representa un desafío. La adversidad está, los oponentes son varios y los tabúes, millones. Y son ellas, cada vez más, las intrépidas, las que imponen, las que destruyen todo estereotipo, las que por sus condiciones eclipsan al resto. Son ellas el digno ejemplo a seguir.

Mujeres maravilla, una por una

Laura Quiroga
La piloto, amante de los motores y de los chasis, desde hace dos años, alterna su vida en San Juan y en Chile. Compite en karting en el país trasandino. De familia fierrera, se crió en el taller familiar. Hoy cuenta con el apoyo de Fiat San Juan, De La Torre, Rectificadora Aconcagua, Ferretería Piriz, Gomería Pantalo, Julio Quiroga Competición y del mecánico Kuky Iranzo.  

Micaela Taboada
Es la capitana del conjunto femenino de rugby de Huazihul. La win que ataca por los laterales lleva orgullosa una marca que le dejó un fuerte tackle. Tiene una cicatriz de al menos cinco puntos en su ceja izquierda. Sin embargo, aquel golpe no la alejó de las haches, ni de las guindas. “El rugby me apasiona”, expresa.

María Castro
Además de realizar la práctica del kick boxing a nivel competitivo, la única luchadora de muay thai enseña la disciplina a otras chicas en MB Maldonado. “Aprender técnicas de este tipo sirven para la defensa propia. Por eso, creo que van más para eso y no, para competir”, explica. A su vez, aclara que resulta muy complicado vivir del deporte.

Ruth Alfaro
La joven ciclista es la actual sub campeona del Torneo Nacional. En el 2010, se consagró campeona por primera vez y hoy luce en su pecho con orgullo sus medallas de oro y de plata. La muchacha que decidió abocarse completamente al deporte sobre ruedas, piensa para este año retomar sus estudios secundarios. 

Micaela Noguera
De contextura física pequeña, la chica de los piercings se muestra combativa y no se resigna a que la práctica del ciclismo femenino muera, aunque el apoyo dirigencial sea escaso. “Desde la federación, siempre nos pagaron los viajes. Pero, siento que las chicas estamos al último. Si no fuera por Armando Ramírez, no tenemos carreras”, expone.

Florencia Carmona
Estudiante de educación Física, la muchacha conformó su conjunto Barrilete Cósmico con sus compañeras del ISEF. “Nos animamos a participar y cuando llegamos nos sorprendimos con la cantidad de chicas que jugaban. Había como 19 equipos y en el mismo torneo de futsal de varones, sólo eran 7”, recuerda la volante.
    

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