El mundo UPCN Vóley

El campeón por dentro

Una convivencia con muchas bromas pero también con respeto. Un cuerpo técnico analítico y cercano aunque con reglas claras. Un batallón de utileros para que todo esté en orden y cábalas al por mayor. Son algunos de los rasgos que se aprecian en la vida interna del actual monarca de la Liga Nacional.
lunes, 30 de enero de 2012 · 11:29

Por Fabio Cavaliere
fcavaliere@timepodesanjuan.com

Uno va preguntando quién es quién y junto con la indicación del nombre de la persona, de atrás se escucha otra voz con las “denominaciones irreproducibles”  con las que son etiquetados los personajes en cuestión.  Sin voltear, uno imagina de quién se trata por ese simpático portuñol. El particular “bautizador” es una nada menos que una mole de 2,07 metros y 114 kilos llamada Junior. El central brasileño hace de las suyas en cada oportunidad y le pone más alegría a un plantel que derrocha ánimo.

Es lo primero que se vislumbra en la convivencia de UPCN Vóley, el conjunto local que el año pasado alcanzó la gloria y se convirtió en el primer equipo del interior que se consagró campeón en la moderna Liga Nacional.    

Tiempo de San Juan compartió unos días con este grupo donde afloran las bromas y los sobrenombres, siempre en un marco de respeto y tolerancia.

A la hora de “hacer pelota”  en el entrenamiento prevalece el silencio y la concentración, sólo se escuchan pelotazos y algún grito de esfuerzo. Pero cuando eso termina y se pasa a los movimientos de elongación vuelve la distensión y la simpatía del comienzo como cuando llegan, se saludan y comienza la entrada en calor. “Cuando calentamos nadie tiene que hablar y el ‘chimbero Molina’ se manda siempre la del Chavo y habla, ahí le mandó a dar una vuelta más a la cancha”, cuenta  con su tonada cordobesa Leandro Lardone, el preparador físico del equipo. 
Otro personaje que pulula por los entrenamientos, es Timón, el perro de Sebastián Garrocq y su novia Ana, y que parece ser que ya se convirtió en la “mascota no oficial” del plantel. El animal ingresa al campo al momento del estiramiento y los jugadores se divierten con él.

La cabeza del grupo es su técnico Fabián Armoa que siempre se muestra tranquilo aunque apunta algunas reglas como la puntualidad: “Todos llegan antes de horario pero si empieza el entrenamiento y un jugador llega tarde, ese día no entrena”.

El cuerpo técnico de Armoa está integrado también por su asistente, Carlos León, el doctor Eduardo Pinazzo, alias “Quisi” (“Por que contaba cuentos del Negro Alvarez que siempre dice ‘qui si ió’”, admite), el kinesiólogo Carlos Baigorrí y el encargado de las estadísticas, el chileno Beto Varela.

El DT también se muestra riguroso a la hora de la planificación de los partidos, como cuando reúne al plantel y les pasa un video sobre el rival, además de entregarle un cuadernillo a cada jugador con datos del oponente de turno.       

En un equipo con varios extranjeros, Armoa afirma que no hay problemas de comunicación ya que, por ejemplo, con el serbio Aleksandar Mitrovic “al principio hablábamos en italiano ahora ya habla español bien”.  Mientras que el rumano Bogdan Olteanu habla español perfectamente.
La otra pata del grupo son los utileros, que en este caso son seis. Sí, seis personas desde un hombre mayor de 70 años hasta un joven de 22. El utilero oficial es Juan Carlos “Olla” González, quién es secundado por su hijo Fabián y uno de sus nietos, Carlos “Panza” González.
También se ocupan del orden, Luis Flores, José “Caruli” Reyes y su hijo Omar, alias  “Willy”.

El “Olla” (“por lo negro”, aclara) además es el encargado de la puesta a punto y organización del Aldo Cantoni, cada vez que UPCN hace las veces de local.

En cuanto a las costumbres, es un equipo cabulero al máximo, según confiesa el “encargado oficial” del mate y el tereré, el profe Lardone: “Nos sentamos todos en el mismo lugar, siempre en mismo lugar en el estadio o en el micro cuando viajamos. Y el que se sentó en otro lado lo cambiamos y lo ponemos en su lugar original”.

A la hora de la despedida, todos se saludan y Junior sigue aplicando apodos, hasta él se asigna uno que lo deja bien parado.

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