Radiografía sobre ruedas

Virgen de Fátima: Piquete a la lentitud

El staff de ciclismo de la Agrupación Virgen de Fátima, con más de diez años de historia desafiando la velocidad sobre la ruta, abrió las puertas de su intimidad y mostró cómo es el entrenamiento desde adentro. Por Luz Ochoa.
domingo, 15 de enero de 2012 · 10:35

Por Luz Ochoa

El punto de encuentro es Benavídez y Ruta 40. Desde lejos se avistan colores distintivos, el rojo y el amarillo. Se mueven a la misma velocidad que los automóviles que transitan por el lugar. De a poco se acercan y ya se los puede reconocer. Arriba de sus bicicletas, comienzan a llegar. Es el equipo de ciclismo que representa a la Agrupación Virgen de Fátima, es el equipo de Daniel ‘Pitufo’ Castro que se reúne para entrenar.
El técnico, que los esperaba al costado de la ruta, los saluda uno por uno. Conversa unos minutitos con cada uno de los nueve ciclistas presentes y, luego, comienza la indicación para la nueva jornada de preparación. “Muchachos, hoy tocó un día lindo -está nublado y corre viento-, así que tranquilos vamos para el dique”, anuncia el entrenador.
Entre ellos, los ciclistas, hacen bromas, se ríen y charlan. Toman sus bicicletas y emprenden camino. Detrás, en auto y a una velocidad de 40km/h los siguen Castro, su ayudante Gustavo Blasco y el chofer Miguel Domínguez. Por otra parte y más cerca del bloque de corredores, una moto, conducida por Nicolás Ferreira, oficia de auxilio mecánico, quien durante la recorrida, es quien asiste al equipo, ya que en ningún momento paran para descansar. Es el pasador. En movimiento, busca agua y alimentos en el vehículo perseguidor, convertido en despensa.
Si bien son siete los deportistas que compiten a menudo por equipo, hoy son nueve, dado que la agrupación piquetera cuenta con una cantera de jóvenes promesas que se ejercitan a la par. También son diez, son once y hasta doce los ciclistas. ¡Se multiplican! En el camino se suman chicos y chicas, sin importar de qué otros equipos sean, pues todos tienen el mismo fin: entrenarse y recorrer, de punta a punta, San Juan.
“Esta es la familia del ciclismo. Acá no hay mal ambiente. Durante la semana hay buena onda, sólo el domingo es el día competitivo”, resalta el conductor del conjunto piquetero. Al mismo tiempo, la fraternidad se extiende a todos los círculos que involucra esta disciplina. La gente los alienta y coopera con ellos, los mojan si hace calor. Los amantes del ciclismo de ruta suelen esperar toda una tarde para admirarse con el espectáculo por, tan sólo, diez segundos. Sin embargo, el público aficionado lo hace con gusto.
La frase que encierra “el ciclista vive para el ciclismo” es totalmente certera cuando se refiere a la actividad sobre ruedas. De contextura física pequeña, con potentes piernas y de un peso que promedia los 60kg, el ciclista cuida su alimentación y su salud de manera rigurosa. “El hígado es el motor y si no funciona correctamente, entonces tendrá consecuencias severas en su rendimiento”, explica Castro.
La nutrición ideal de un ciclista debe aportar hidratos de carbono, proteínas y, además, debe tener una buena hidratación, especialmente, si se compite en tierras tan calientes como las sanjuaninas. Las típicas comidas son las pastas y las carnes blancas, como el pollo y el pescado. Por otra parte, están terminantemente prohibidos los alimentos que contengan grasas. “El chori no está permitido, es mala palabra en el ciclismo”, argumenta el Pitufo. 
Sus piernas son puro músculo y las venas en ellas, vigorosas, resaltan. No tienen vellos. Se los quitan, algunos valientes con cera y otros, directamente, se afeitan. El motivo no es estético, sino higiénico, ya que tras caer, es más sencillo curar las heridas. Las caídas, muy usuales en esta práctica, pueden derivar en fracturas de clavículas y rodillas, también frecuentes en la disciplina.  
Una vida sana es la que llevan. Se acuestan temprano y madrugan al día siguiente. Cambian las noches, las fiestas y el alcohol por entrenamiento. Todo lo vale por su amado ciclismo. En cuanto al amor y las mujeres, como casi todos los deportistas, durante las épocas de competencia y pretemporada, mientras más lejos se encuentren, mejor, expresa Castro. 
La indumentaria que llevan es la misma con las que compiten. Determinante en la actividad del ciclista, no sólo sirve para identificar a los corredores, sino también, colabora con la aerodinámica. Utilizan calzas con tirantes y con badana (protector con gel que evita fricciones del asiento con la cola del ciclista). El calzado posee suela de carbono muy dura y que se engancha sin problemas con el pedal. Por arriba, las zapatillas tienen entrada de aire para que el pie no sufra tanto calor. El casco, que se debe usar siempre para la cobertura del seguro, es también de fibra de carbono, un material muy liviano.
Al mismo tiempo que uno de los mejores ciclistas de la Argentina, hoy, técnico del equipo del movimiento social cuenta sus experiencias como deportista, los corredores continúan pedaleando y ensayan escaladas y cierres. Dos ‘tiran’ aproximadamente durante diez minutos, luego pasan para atrás y rotan sucesivamente. Tirar es ir delante de todos, romper el viento y servir de escudo para el resto que se acopla. El tirador es quien facilita el trabajo de los demás.
Dentro de las posiciones, el tirador, también conocido como peón, es quien mayor esfuerzo realiza. A su vez, el escalador es quien se destaca por correr bien en subidas, al mismo tiempo que los sprinters -embaladores- lo hacen en los tramos finales de las carreras. Estos últimos, regulan durante toda la competición para que en el epílogo cuenten con el resto físico suficiente para lograr la diferencia. Distintas son las características que aportan los velocistas que se distinguen en las pruebas contrarreloj, cuyo peso es el más liviano.
En el ciclismo de ruta, las estrategias se implementan antes y durante la competencia. Al principio, cuenta Castro, se tiene una charla técnica con cada uno de los corredores y se les dice el trabajo que deben realizar. Luego, durante la contienda, pueden existir modificaciones a causa de algún planteo de otra vereda que complique, por lo que el entrenador se comunica a través de un handy. Todos tienen uno y son informados de lo que desconocen. De todas formas, los comisarios permiten que se pueda abastecer a los ciclistas y ese es el momento propicio para dar las indicaciones pertinentes.
“No hay muchos secretos para ser un ciclista de alto rendimiento, sólo se necesita entrenar bien -que significa andar en bici todos los días-, comer sano y cuidarse bien”, revela Castro. De esta manera y siguiendo al pie de la letra la consigna, sus muchachos -como él los llama- consiguen resultados y ello se reflejó en las victorias de las carreras más tradicionales. Entre ellas se destacan Los 100km del Lago (en Las Flores), La Vuelta de San Juan, la del Bicentenario (carrera única) y la Cámaras Colla (en la Av. 9 de julio de Capital Federal).
Completada la pasada por el dique de Ullum, los ciclistas no paran de pedalear, ni tampoco de bromear. Se los ve alegres, felices en su travesía. Hablan, se golpean la espalda y se mojan, instaurando una pequeña chaya a bordo de sus bicicletas, sus compañeras. “A la velocidad que van, pueden hacer todo eso y más porque tienen una pulsación de 110, están tranquilos porque son profesionales. En cambio, nosotros tendríamos 450”, replica Castro, entre risas.  
Algunos, sin posibilidad de hacer una parada, como seres humanos que son, recurren a prácticas poco frecuentes cuando tienen que hacer pis. Sin bajase de la compañera, se las arreglan para saciar aquella solicitud. También, el hambre resurge y, mediante el pasador, se soluciona fácilmente. Banana y manzana, compuestos por potasio y glucosa, son las frutas predilectas, ya que se digieren mejor que un alimento seco. 
Una vez alcanzados los kilómetros pactados, los ciclistas, otra vez en la ciudad, obedientes con su ritual, se dirigen en busca de un kiosco. Allí, se relajan, estiran sus piernas y comentan lo ocurrido en el paseo, tal y como lo denominan. Luego de compartir, cada uno retorna a su hogar. Y claro, en sus bicicletas.
Corren porque les gusta. Algunos viven de él y otros, no. Aunque San Juan se derrita con 40 grados, ellos, igual, salen. “Además de generar adrenalina, te subís a la bici y te despejas, te olvidás de todo”, cuentan. “El deporte es un psicólogo amigo”, agregan otros. No importan las diferencias de edades, ni las clases sociales que existan en el grupo. Son un equipo y, desde su lugar, cada uno colabora y empuja para el mismo lado. Su pasión es el ciclismo y su meta es cruzarla.

Una leyenda dentro de la escuadra
Corrían los años 90 cuando Daniel Castro, más conocido como el Pitufo, deslumbraba a todos con su bicicleta. Las crónicas no dejan mentir y, allí, descansan sus grandes hazañas. Representó a la Selección Argentina en la competencia más importante del ciclismo mundial, el Giro de de Italia, y hasta llegó a conocer al Papa Juan Pablo II.
El ex ciclista, hoy entrenador, es considerado uno de los personajes más influyentes dentro de la escena deportiva nacional. “Fue el mejor escalador del país, no había otro como él”, aseguran en el entorno del ciclismo sanjuanino. Incluso, el mismo Juan Curuchet, campeón olímpico en Beijing 2008, reveló que, de niño, el Pitufo era uno de sus mayores referentes.
Con 22 partió a Europa y vivió durante tres años en Florencia, Italia. Allí, integró el equipo Amore  &Vita y con él tuvo la oportunidad de conocer el mundo. “Gracias al ciclismo pude llegar a lugares que jamás me imagine q iba a estar”, manifiesta, aún incrédulo, Castro.
Por otra parte, recuerda los momentos que compartió con el Papa Juan Pablo II: “El Vaticano auspiciaba al equipo y cada año hacía la presentación en una misa con nosotros. Tengo una foto con él. Uno no se puede olvidar de cosas así”.
 Quien ahora dirige el conjunto de la Agrupación Virgen de Fátima, en su momento de esplendor recibió uno de los galardones que sólo tienen los que fueron y son grandes de verdad. En 1989, ganó el Olimpia de plata y, en ese instante, selló con laureles su tiempo de gloria.

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