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Historias de devoción

Carlos Algañaraz, el albardonero que le cumple hace 8 años a la Difunta Correa en un acto de fe y religión

Forma parte del Centro Arte Nativo y aunque no tenga promesa por cumplir, Carlos Algañaraz año tras año llega hasta la Difunta en un acto de fe y devoción.

Mientras el manto oscuro de la noche cubre por completo el predio de la Ex Bodega, en Caucete, Carlos Algarañaz alista todo para pasar una noche de descanso reparador antes de arrancar con el segundo tramo de la Cabalgata a la Difunta Correa. Con el estandarte de su agrupación como bandera y su amigo fiel que desde hace tiempo lo acompaña en sus travesías, recuerda aquellas primeras cabalgatas donde despertó su devoción por Deolinda.

“Hace más de 15 años que estoy en la agrupación. A la Difunta Correa llevo más o menos 7 u 8 años. He hecho cabalgatas a San Ceferino y a la Difunta Teresa también. Soy un gran devoto de la Difunta Correa”, comenta a Tiempo de San Juan mientras termina de acomodar su sulky, su fiel acompañante desde que el cuerpo le pidió un respiro arriba del caballo.

Carlos forma parte de la agrupación Centro de Arte Nativo, y todas las actividades que ha realizado siempre han sido arriba del animal, pero reconoce que su cuerpo siente el paso del tiempo, aunque su espíritu sigue joven y con la energía necesaria para seguir realizando las cabalgatas, viviendo las experiencias de pasar horas en caravana, o kilómetros campo adentro. Es por eso que desde hace un tiempo decidió ceder su orgullo paisano y siguió con su caballo, pero sumó un nuevo compañero de aventura.

“Ahora voy más cómodo, llevo las cosas que tengo que llevar para mí y mis compañeros, como agua y comida”, asegura.

La Cabalgata a la Difunta Correa no es para Carlos una simple actividad gauchesca que invita a compartir con colegas, conociendo amistades y reencontrándose con gauchos con quienes se ven una vez al año. Si bien para él significa todo eso, también es el momento que se regala para entrar en contacto con su lado religioso.

Se autodefine como un devoto de la Difunta Correa y asegura que por más que no tenga ninguna promesa que cumplir, o algo que pedirle, cada año se toma alrededor de 15 días para organizar la cabalgata, porque para él es sinónimo de religión y algo para tomarse en serio.

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“Para quien nunca la ha hecho, lo invito a que venga, la haga, para que vea lo que es algo religioso, principalmente. Porque algunos vienen para cumplir promesa y se van, o vienen en vehículo. Los invito a que vengan a caballo, van a ver cómo es unja cabalgata, que se hace y lo que representa, eso es fundamental”, destaca.

En su voz se percibe la voluntad detrás de cada año que realizó la cabalgata. Los primeros años los hizo acompañado de su pareja, mientras que esta última edición fue con un joven albardonero. Sabe que le queda por delante una jornada larga, que promete ser fría, pero por nada del mundo dejará de cumplirle a Deolinda, su difuntita cumplidora.

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