Estaba ahí parado, al costado del camino, como esperando. Con un pelaje extraordinario, beige claro en la panza y marrón oscuro en el lomo, parecía un gato grande, pero era un cachorro de puma, el animal más escurridizo de la fauna local. Rodeado de un paisaje bucólico y mineral, el felino pintó la mejor postal en la tarde calingastina.
No se asustó cuando vio venir la camioneta por el callejón principal, y cuando ésta se paró para que no huyera, el bicho se quedó mirando con la misma curiosidad que los humanos que tenía adelante. Fueron 5 minutos mágicos en el Parque Nacional El Leoncito. Y si bien los guardaparques advierten sobre la presencia de este mamífero, son contados con los dedos de una mano los afortunados que lograron ver alguno.

Este en particular ya se les había aparecido a algunos guardaparques y sabían que era un cachorro por el tamaño y porque hay una hembra grande que cada año va a parir a la zona, seguramente porque allí encuentra alimento más fácilmente.
El puma es uno de los animales mágicos en la cultura de los pueblos aborígenes: es el “sol de la noche” y de la tierra. Es fuente universal de fuerza y energía, un ser confiado en su poder y visión nocturna, intuición y talento superior. Ahí parado, mirando, estaba transmitiendo su mensaje para quien quisiera escuchar.

El Parque Nacional El Leoncito está a 34 kilómetros de Barreal, fue creado en 2001, por Ley 25.656, y tiene una superficie de 89.900 hectáreas. En ellas se entremezcla la eco-región de Monte de Sierras y Bolsones, Puna y Altos Andes.
Aunque es el mismo parque que conocemos desde hace años, hoy parece distinto. El visitante podrá encontrar nuevos circuitos habilitados que redescubren las maravillas de la antigua estancia El Leoncito, por donde alguna vez pasó el mejor camino que conectaba la Ciudad de San Juan con Calingasta.
Los nuevos circuitos de caminatas son imperdibles. En 10 minutos a paso firme se llega a la cascada “El Rincón”, un bellísimo salto de agua del arroyo El Leoncito, cuyo origen es un surgente.
La vuelta se realiza por el sendero “Paisajes de Agua”, una caminata de 2000 metros de baja dificultad, donde el arroyo cristalino de agua fresca y dulce, flanqueado por sauces negros, acompañan al turista con colores que ninguna paleta de pintor podría igualar.
También se sumó un circuito de trekking en el Cerro El Leoncito, de dificultad media, que tiene una duración aproximada de cuatro horas.
El parque cuenta con un camping que no tiene provisión de energía eléctrica, pero sí, fogones, mesas, quincho y sanitarios con ducha con agua caliente, áreas de picnic y descanso.
Los miradores didácticos se ubican en el antiguo manzanar, y en el camino que lleva al Observatorio Carlos Cesco. Todos los circuitos y áreas están perfectamente señalizados y con cartelería que cuenta al visitante las principales particularidades del área protegida, su flora y fauna.
El Parque permanece abierto al público todo el año y el ingreso es gratuito. El horario del centro de informes es de 8 a 20, dependiendo de la época del año. Un paraíso que vale la pena volver a descubrir.