La presencia de loros en zonas productivas de Jáchal volvió a encender la alarma entre productores agrícolas, que aseguran sufrir importantes pérdidas económicas por los daños que las aves provocan en los cultivos, especialmente en el maíz. Mientras reclaman respuestas urgentes, desde el INTA reconocen que el problema es real, aunque advierten que las alternativas para controlar la situación son limitadas debido a que se trata de una especie protegida.
Los ataques de loros ya forman parte del paisaje habitual en distintos sectores productivos del departamento. Según denuncian los productores, las aves no solo consumen parte de las cosechas, sino que también destruyen plantas y choclos, lo que multiplica las pérdidas y golpea directamente el trabajo de quienes viven de la producción.
La jefa de la Agencia de Extensión Rural INTA Jáchal y médica veterinaria, Natalia Coralli, aseguró que el daño “es real” y sostuvo que el problema va mucho más allá de lo que los animales llegan a comer.
“El daño es real y lo he visto; afecta no solo por lo que comen, sino por el daño que causan”, explicó la especialista, según difundió el medio Actualidad Jachallera. Además, consideró que el avance de los loros sobre las zonas productivas está relacionado con cambios en el ambiente natural.
“Habría que hacer un gran estudio para ver por qué han avanzado en estas zonas, pero es lo que más o menos todos sabemos: estamos ocupando sus territorios. La falta de agua en el monte natural y el sobrepastoreo también pueden influir en que vengan a nuestra zona”, señaló.
Coralli remarcó además que los loros forman parte de la fauna silvestre protegida, lo que limita cualquier intervención directa para combatirlos. “Hasta que no salga alguna ordenanza provincial o municipal, o alguna ley que permita combatirlos, no podemos hacer nada”, afirmó.
En ese contexto, explicó que en los últimos años se probaron distintos métodos para intentar ahuyentar a las aves, aunque los resultados no siempre fueron efectivos.
“Se han probado ruidos con bombas, pero no fueron efectivos. Los espantapájaros ya no funcionan. Muchas veces se asustan al principio, pero después vuelven”, indicó.
Sobre las nuevas tecnologías, detalló que actualmente se utilizan repelentes, compuestos cáusticos y hasta láseres instalados sobre los cultivos para intentar alejarlos, aunque aclaró que se trata de herramientas de alto costo para los productores. “Son tecnologías de gran valor y no siempre efectivas”, concluyó.