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Dejados atrás

Los perros de las villas erradicadas, olvidados

Algunos vivían en la zona y no tenían dueño, otros sí, pero no pudieron o quisieron llevárselos. A una semana de que partieran las familias, quedan al menos 30 animales abandonados.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Chiquitos, medianos y grandes. Con mucho pedigrí callejero o con las lanitas típicas de un caniche. Pero todos con cara de tristeza, hambre y soledad. Así son los “nuevos” habitantes de lo que queda de las dos villas erradicadas durante la semana pasada: los perros que nadie pudo o quiso llevarse a las nuevas casas.

Tras la partida de las familias, que subieron a los camiones para irse a estrenar una vivienda, tanto en el asentamiento Progreso como el Santa Ana quedaron atrás decenas de animales. Esto encendió las alarmas de las asociaciones proteccionistas, que se acercaron a las ex villas para asistir e intentar ayudar a los perros, en su mayoría cachorritos y casi todos con sarna u otras enfermedades.

“Lloré toda la tarde del domingo, algunos me seguían pero yo no me los podía llevar, es desesperante”, relató María Inés Balada, una de las proteccionistas que asistió a los animales que quedaron en el loteo Santa Ana. Según lo que ella pudo ver, además de los abandonados, en el lugar también había muchos perros que murieron luego de que las paredes de las casas cayeron sobre ellos cuando la topadora derribaba las precarias viviendas. 

"Un señor me dijo que una de sus perras salió corriendo hacia la casa cuando la estaba por tirar abajo, estaba asustada por todo el movimiento y cuando voltearon la pared por suerte los escombros cayeron hacia el otro lado y se salvó", contó María Inés. Pero hubo otros animales que no tuvieron tanta suerte y quedaron bajo los escombros. 

El apuro, un factor clave

Las erradicaciones de villas tienen un protocolo que obliga a las familias a dejar sus viviendas lo más rápido posible. El objetivo es que todos puedan partir prácticamente a la vez, usando los camiones que da Gobierno y las casas se derriban en el momento. El objetivo de esto es que nadie pueda aprovechar la situación para sumarse a las familias erradicadas en las casas nuevas o incluso volver a ocupar las viviendas. 

Lamentablemente, muchos no pueden o no se acuerdan de sus mascotas en el momento. "Algunos volvieron días después a buscar sus perros y gatos, que se espantaron durante ese día, pero otros no, y han quedado una cantidad enorme de animales, hemos contado unos 30 y estamos intentando alimentarlos a todos", contó María Inés sobre la jauría que quedó en el ex loteo Santa Ana. 

En el asentamiento Progreso, de un tamaño mucho menor al que está en San Miguel y Calle 6, la cantidad de perros que quedaron también es inferior. Aun así, la situación es igual de triste. La mayoría de los que quedaron en el lugar están igual de enfermos y huyen asustados ante las personas, viviendo entre los escombros y en una letrina ubicada sobre el canal que antes funcionaba de baño para varias casas del lugar.

En busca de comida, otros decidieron migrar y el barrio en construcción que se encuentra frente a donde estaba la villa se ha convertido en refugio. Según contaron los vecinos, un grupo de perros de mayor tamaño decidió irse de “ocupas” a una escuela cercana, donde a pesar de los retos de los docentes, los chicos les dan parte de sus meriendas.

Cómo ayudar

Las proteccionistas han intentado asistir a los animales y el problema más urgente era en un principio darle de comer y asistencia veterinaria a los perros. Desde el miércoles, diferentes grupos se han acercado y han alimentado a los abandonados, incluso vecinos cercanos o hasta los policías que custodian los terrenos se solidarizaron.

Pero luego de lo urgente, queda atender lo importante: que ellos también consigan una casa digna donde vivir. Balada y otros integrantes de su asociación han intentado que los dueños se reencuentren con los animales y hasta analizan la posibilidad de trasladarlos al barrio nuevo, para que los que no puedan moverse tengan también oportunidad.

Aun así, no creen que todos los animales puedan encontrar dueño, ya que muchos eran “del barrio” y no tienen nadie que se quiera hacer cargo. Para eso, lo que de verdad necesitan son hogares nuevos, personas que quieran adoptar a los animales y cambierles su destino para siempre.

 

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