Análisis

El día que una manada como la de Chubut atacó en San Juan: los "niños bien” de El Pinar

El caso de violación de una menor trascendió las barreras de la Patagonia debido a la brutalidad del fiscal de la causa, quien calificó el accionar de los violadores de “desahogo sexual”. En 1989 en la provincia una manada atacó a dos jovencitas, el accionar de la Justicia también fue escandaloso.
jueves, 4 de junio de 2020 · 15:17

"La Justicia no es para los pobres", dijo Anabella Recabarren, la madre de Talía, la joven zondina asesinada en manos de su ex novio. Esa frase, que pegó fuerte en el corazón de los sanjuaninos, parece resumir el accionar de algunos miembros de los tribunales argentinos. Hoy el país llora. Llora por un escandaloso caso de abuso sexual que tiene detrás a una manada de hijos del poder que sintieron una palmada judicial a pesar de haber violado en masa a una menor de edad en el 2012. A la incapacidad de dar respuestas de la justicia chubutense, se le suma las palabras del fiscal de la causa, que tildó de "desahogo sexual" al horroroso acto. En 1989 una manada también actuó en San Juan, doce "chicos bien" violaron a dos jóvenes porteñas. El caso salpicó a la justicia local que dejó a más de la mitad de los violadores sin condena. Miró para el costado. Porque la Justicia no es para los pobres. 

El caso chubutense recuerda lo que sucedió en El Pinar en 1989. Una a una, las similitudes entre ambos episodios, que llevan el sello del clasismo y del patriarcado. 

Tanto en Chubut como en San Juan, los autores eran jóvenes de familias conocidas, con conexiones con el poder y la justicia. La manada del sur está compuesta por cinco jóvenes, el nombre de dos no se sabrá nunca porque eran menores de edad al momento de cometer el delito sexual. Los otros tres fueron reconocidos como Luciano Mallemaci, dueño de una inmobiliaria en Puerto Madryn; Marcelo Ezequiel Quintana, miembro de una sociedad dedicada a la construcción y Leandro del Villar, corredor de karting y propietario de una firma dedicada al transporte de pasajeros.

Francisco Merino, Fernando Aguirre, Sergio Quintana, Alejandro Orozco, Gustavo Centeno, Marcelo Gallardo, Sergio Landa, Sergio Brazzolotto,  Juan Antonio González  Andrés Di Febo, Alfredo Landa y Alfredo Gómez. Estos son los nombres de las personas que participaron de la doble violación de El Pinar, todos apellidos conocidos en la provincia y de cierto prestigio en ciertos círculos sociales. 

Las dos manadas atacaron a jóvenes con un modus operandi parecido. Abusaron de su confianza y las llevaron a territorios que conocían como la palma de sus manos (Playa Unión en el sur, el camping El Pinar en San Juan), complicando cualquier posibilidad de defensa de las víctimas. El nombre de la joven chubutense agredida sexualmente no trascendió. Tenía menos de 18 años cuando sintió la brutalidad en carne propia. Las dos chicas atacadas en San Juan eran de Buenos Aires. Mónica Patricia Castro y Carina Bertolini aceptaron dar un paseo por El Pinar cuando fueron violadas en grupo, una tuvo que fingir su propia muerte para que sus captores pararan. Las jóvenes además de sufrir en sus cuerpos la tortura de la violencia sexual, padecieron el dedo acusador de la sociedad sanjuanina, que prefirió castigar a las chicas antes que a la bestialidad de la manada de chicos de sweater al cuello. 

En Chubut, los tres agresores sexuales recibirán una pena benévola para el delito cometido, la Justicia disminuyó la calificación de "abuso con acceso carnal" a "abuso sexual simple" y tendrán un juicio abreviado.. En San Juan, Gallardo, Landa (Sergio), Brazzolotto y González, fueron condenados por violación, pero cumplieron su sentencia en libertad por ser menores. Muy convenientemente Merino, Di Febo, Landa (Alfredo) y Gómez pasaron algún tiempo en prisión, pero quedaron en libertad por oportunos beneficios judiciales. Y finalmente Aguirre, Quintana, Orozco y Centeno, nunca fueron atrapados y todavía continúan prófugos  de la lenta justicia sanjuanina.

La joven chubutense que fue violada en la casa de uno de los abusadores tuvo que mudarse de Puerto Madryn junto a toda su familia debido al hostigamiento al que fue sometida para que no denunciara el caso. Dijo que pudo hablar seis años después del aberrante hecho porque es cuando pudo sentirse más fuerte para enfrentar la ola que se le venía encima. Las dos jóvenes violadas en San Juan también fueron perseguidas por el fantasma del poder. En 1996 contaron de espalda su historia en un medio porteño, después una de ellas habló con Tiempo de San Juan. 

En ambos casos los hechos tuvieron que llegar a las páginas de los medios de comunicación de todo el país para que la Justicia actuara de alguna forma. En San Juan, de forma laxa y ultra benévola y en Chubut, quizá con una oportunidad de revisar el paso dado hasta el momento y de permitirnos pensar como sociedad que Anabella no siempre tendrá razón con aquella frase que resuena hoy más que nunca: "La Justicia no es para los pobres". 

 

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