Cuarentena como oportunidad

La sanjuanina que invirtió el IFE en un carro de choris y recuperó el dinero en una semana

La crisis la obligó a tener creatividad e iniciativa ya que en su familia se quedaron sin trabajo. Pudo salir adelante con esta idea y es furor.
viernes, 19 de junio de 2020 · 18:34

La pandemia de coronavirus que azota a todo el mundo generó grandes crisis y cambios en la vida de las personas. Analía Quiroga es una de ellas. En un muy mal momento económico, sin plata y con pocas posibilidades para salir adelante, aprovechó el segundo bono del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que otorgó el Gobierno Nacional a los sectores más vulnerables y con esos $10 mil se puso un carrito de choripanes en la puerta de su casa. En tres o cuatro días, recuperó lo invertido y hoy convirtió una pesadilla en sueño.

Analía tiene 41 años y vive junto a su marido Mauricio Rodríguez en calle Nuche y José Martí (Capital) desde hace 13 años. Ambos tienen cuatro hijos: una joven de 23 que vive en Buenos Aires, un hijo de 19 y dos hijas adolescentes de 16 y 14 años. Mauricio aportaba los únicos ingresos de dinero al hogar hasta que la cuarentena a causa de la pandemia impidió que siguiera trabajando en los comedores de la Difunta Correa, donde hacía mantenimiento general.

El chori está justo en la esquina, por calle Nuche,

En medio de la incertidumbre, pudieron cobrar los primeros $10 mil del IFE: “Cuando lo cobramos dimos un respiro, pero fue de una semana porque se nos fue la plata. Vimos que no servía así”, contó Analía. Fueron alrededor de siete semanas que vivieron casi sin dinero, si no fuera porque un familiar les ayudó a pasar el mal momento. “Antes de que nos dieran el segundo IFE, decíamos con mi marido que no nos iba a alcanzar para nada, que algo teníamos que hacer”.

Así fue como se les ocurrió empezar a cocinar choripanes, patamuslos y pollo. Analía cobró los segundos $10 mil el jueves 11 de junio y al rato se gastó toda la plata en su emprendimiento: “No me sobraron ni 10 centavos”, aseguró. Así, compró una caja de patamuslos, los chorizos, algunas cosas como potes de aderezos y cuestiones de higiene tales como guantes, barbijos, delantales y hasta papel film. El parrillero (chulengo) ya lo tenían y Mauricio hizo una mesa con una puerta e improvisó unos caballetes. Sacaron todo a la puerta y se pusieron manos a la obra.

Sus hijos también colaboran con la preparación y venta de choris y patamuslos.

Para sorpresa de Analía y su familia, que desde un primer momento aportó en el emprendimiento, todos los vecinos de la zona le compraron: “Hasta los de los comercios, el del kiosko de enfrente, la fábrica de pastas que tengo al lado, todos estaban chochos con mi proyecto. Sabían que la estaba pasando mal. El primer día ya tenía plata. A los 3 o 4 días ya había recuperado los $10 mil”, contó con la alegría de haber pasado atrás la desesperación de no ver cómo salir adelante.

El carro funciona todos los días: al mediodía desde las 11 hasta las 16, y después a la noche desde las 20 hasta las 00. La patamuslo la vende a $150 con ensalada mixta de lechuga, tomate, cebolla y zanahoria. El chori que va con lechuga y tomate cuesta $100. “Vendí al principio pollo, pero no lo puse más porque me ocupa mucho lugar y la parrilla es chiquita, aparte la gente viene más por chori”, afirmó la emprendedora.

Ya había vendido empanadas, pero nunca había tenido tanto éxito. "Ayer se me llenó. Tenía 15 personas esperando. Uno venía por 8 choris, otro por 6, otro por 4, y así"

Ella disfruta el momento pero también mira para adelante: “La idea es al principio agrandar la parrilla porque es muy chica y después cumplir mi sueño de siempre que es tener mi casa de comidas, así que quizás algún día lo pueda tener”, se ilusionó y agregó: “Nosotros siempre hemos sido independientes, mi marido ha trabajado por su cuenta y no hemos dependido de un patrón. Siempre hemos soñado cosas nuestras, no estar bajo el mando de nadie, somos así”.

Desde la redacción de Tiempo de San Juan ya hemos probado los choris de Analía y la verdad es que los recomendamos fuertemente.

 

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