Negarse, descubrirse y liberarse

Del shock al perdón: la historia del sanjuanino hijo de desaparecidos

Carlos Goya Martínez Aranda es el nieto restituido Nº 92 y sus apropiadores fueron condenados en 2011, tras el juicio de lesa humanidad que se desarrolló en San Juan. Cómo fue el duro proceso de aceptación que atravesó.
miércoles, 11 de septiembre de 2019 · 15:06

Hace más de diez años, el sanjuanino hijo de desaparecidos durante la dictadura militar y nieto restituido Nº 92, Carlos Goya Martínez Aranda, recuperó su identidad y ello significó para él un duro proceso de aceptación, tras una lucha interna entre el amor por sus apropiadores contra su verdadera historia, que irrumpió en su vida de la noche a la mañana para cambiarla por completo. 

En octubre de 2011, se conoció la sentencia por el juicio a sus apropiadores Luis Alberto Tejada, ex suboficial de Inteligencia, y su esposa Raquel Josefina Quinteros, quienes recibieron una pena de 12 y 5 años de prisión, respectivamente. Antes de escuchar el veredicto, el proceso interno de reencontrarse consigo mismo ya había comenzado y duró un buen tiempo.

Si bien reconoce que a lo largo de toda su vida había sentido un vacío difícil de llenar y que finalmente lo consiguió después con su identidad, la irrupción de la justicia federal lo tomó totalmente por sorpresa. "Yo era una persona entera, estudiaba, tenía amigos, pero algo dentro mío me faltaba, sentía un vacío que no se llenaba con nada, ni con familia, ni con amores, ni con amistades; es el espacio que le hace falta a al verdad", señaló.

Por ello, en un principio, la negación fue su primer mecanismo de defensa. "Yo tenía una negación muy grande, tal vez fue en un momento equivocado porque quería unir todas las partes del rompecabezas y no era tan simple. Con mis hermanos biológicos tuve muchas idas y vueltas, ellos que querían encontrarse y yo que no me sentía listo. Fueron tiempos difíciles", recordó. 

Con el pasar del tiempo, entendió las ansiedades lógicas de sus familiares de sangre que lo habían buscado por mucho tiempo y fue entonces cuando comenzó a abrirse a su identidad. "No hace falta que se unan los demás, si todo puede unirse en mí. Hay diferencias ideológicas, muchas veces, insanables", explicó el hombre que se valió de sus hermanos de crianza y de su esposa para afrontar lo que le tocaba vivir.

El mismo que reconoció el apoyo y el afecto de Abuelas de Plaza de Mayo, contó: "Como buenas abuelas, me dijeron que respetaban mis tiempos u que cuando estuviera listo me iban a estar esperando. Fue complejo el camino, pero hasta que no lo terminé de transitar, no encontré la felicidad. Es que la verdad te hace feliz, te hace libre".

La relación con sus apropiadores

"A mis apropiadores hasta el día de hoy les digo papá y mamá. A mi vieja, la que me crió, la amo con todo mi corazón. Me parece bien que hayan sido sometidos a la Justicia, pero por cariño también aprendí a perdonar. Mi viejo falleció hace unos años, aunque también lo aprendí a perdonar", sostuvo.

A pesar de reconocerse como apropiado, supo separar los tantos con sus hermanos de crianza. "Ellos fueron tan inocentes y víctimas de esto como yo. Me ayudaron a sanar y a perdonar. A mis apropiadores los perdoné, pero eso no quita que sigo buscando verdad y justicia", expresó. 

El reencuentro con su historia

Cuando se animó a descubrir su historia, supo que su padre biológico era chaqueño y su madre mexicana, polo que primero partió al Chaco para conocer a su abuelita. "Fue maravilloso, nos contamos historias y forjamos una linda relación a distancia, hablábamos mucho por teléfono. Hace más de dos años que falleció pero me quedo tranquilo porque la conocí y a partir de eso me entró la locura por conocer a mi familia de México", detalló. 

"Quería todo ya, verlos, estar con ellos, saber de mis padres y conocerlos a través de las anécdotas", destacó y siguió: "Cuando viajé al DF, con mi esposa estuvimos cuatro horas detenidos en Migraciones porque no teníamos una dirección específica a la cual ir pero, cuando se solucionó todo y crucé esa puerta del aeropuerto, me hallé a mí mismo, en formas, en gestos. Encontré una familia bellísima".  

Como su tía había soñado con el regreso de su madre desaparecida, le pidió que le golpeara la puerta en lugar de ella. "Cuando llegué, lo hice, me abrió la puerta y los dos nos unimos en lágrimas", contó.

¿Quién es Carlos Goya?

A pesar de que la pregunta resulta básica, para el protagonista que es el nuevo director de Protección y Promoción de Derechos Humanos de la Provincia fue complejo responderla con verdad hasta ahora. Nacido en España, cuando sus padres militantes católicos y montoneros, fue apropiado cuando todavía era un bebé y sus primeros recuerdos son de Río Gallegos, Santa Cruz, cuando su apropiador allí cumplía funciones como militar.

Desde el año 2008 supo que la familia que conoció no era su familia, sino que sus padres lo habían tenido en México y España y cuando vinieron a la Argentina ellos desaparecieron. 

  

 

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