Durante casi un minuto, el eclipse unió a los sanjuaninos en torno a la naturaleza. En el predio Costanera, de Chimbas, donde hubo más de 30.000 personas, la gente vivió el fenómeno natural con la emoción a flor de piel. Algunos lloraban, otros se agarraban la cabeza y hubo quienes se abrazaron a sus seres queridos. Lo cierto es que la gente aprovechó para conectarse con lo más profundo de sí mismos y hasta con aquellas personas que ya no están y los marcaron de algún modo.
Los entrevistados coincidieron en un punto: el privilegio de ser testigos de un hecho que pasa cada 200 años. Y San Juan fue protagonista mundial, la capital del eclipse. Minutos antes del fenómeno, la gente se unió con los locutores que estaban en el escenario e iniciaron una cuenta regresiva que unió a todo predio Costanera en una sola voz.

La naturaleza mostró su poder. El eclipse no pasó inadvertido, mientras el cielo iba oscureciéndose y los últimos rayos dorados bañaban la superficie de la tierra, cada uno fue encontrando su lugar dentro del enorme predio chimbero. Como siempre, están aquellos que optan por la soledad y experimentar emociones en solitario. Hubo gente que apostó a pedir tres deseos, convencidos que la naturaleza les iba a dar ese anhelo con el que tanto sueñan. Los que pudieron se abrazaron con sus hijos, parejas y padres. Y también hubo lágrimas por los que ya no están.

Fueron 56 minutos de magia pura. Donde la Pachamama mostró todo su poder irrefutable. Donde hubo emoción humana. El comportamiento del sol es determinante para la vida, gracias a su energía las plantas pueden realizar el proceso de fotosíntesis, los humanos nos podemos alimentar y la sociedad puede subsistir. La luna es responsable de las mareas, de los movimientos del mar, de esos mares profundos que esconden secretos que aún no se pueden descifrar. Era imposible que esa combinación única de sol y luna no conmoviera. En Chimbas pasó eso. La madre naturaleza nos dio una lección. Como siempre.
