José "Cogote" Otarola se hizo popular en todo el país luego de que se viralizara una foto suya mostrando sus respetos mientras la Banda de Música de la Policía interpretaba el Himno Nacional Argentino el 9 de julio pasado en la plaza 25 de Mayo. Detrás de la imagen hay una tremenda historia de un hombre de carne y hueso que ha tenido una vida intensa. Fue jugador de fútbol de Del Bono, se casó, se separó y decidió irse a vivir a Buenos Aires. Allí trabajó en River Plate, conoció a los ídolos millonarios. El amor por San Juan lo trajo de vuelta a San Juan, donde vive en situación de calle.
José vivió su infancia en Villa Flora. Quizá por la cercanía con el club Del Bono y su destreza con la pelota empezó a jugar al fútbol en el Bodeguero y no le fue para nada mal. Llegó hasta la reserva. Contó que vivió una infancia feliz, que disfrutó de sus amigos y se divirtió en la cancha a más no poder.
De la infancia alegre pasó a su matrimonio. José no reveló el nombre de la mujer que lo acompañó varios años de su vida pero sí dijo que en 1978 se separó y decidió dejar todo lo que había construido en San Juan para emigrar a Buenos Aires. Reveló que no tuvo hijos pero que esa historia de amor fue muy importante en su vida y la separación lo dejó muy mal anímicamente, golpe del que aún, a la distancia, no ha podido sanar del todo.
En Buenos Aires estuvo con su hermano, que actualmente vive en Montegrande. Trabajó en River realizando tareas de mantenimiento y en el Millonario conoció al Ubaldo "Pato" Fillol, a Juan José López entre otros jugadores. "Eran muy buenos conmigo, sobre todo el Pato Filliol, siempre se paraba conmigo y me contaba algo, le gustaba compartir con los que hacíamos el mantenimiento", relató. Pasaron 35 años desde que estuvo en Núñez por última vez pero todavía se le ve la chispa en sus ojos al recordar aquellos momentos.
No reveló las causas del por qué se vino a San Juan. Sólo dijo: "Tengo un gran amor por San Juan y me quiero morir en San Juan, en Villa Flora". Con las pocas pertenencias que tenía llegó otra vez a la provincia. La suerte no lo acompañó en sus búsquedas laborales. A esto se le sumó su adicción al alcohol. "Ahí me hice peleador. Me agarraba a las piñas con todos", apuntó. Según el "Cogote" esa etapa es pasada. Si bien sigue bebiendo con sus amigos, alegó que no es constante como antes y que ahora "está todo controlado".
José vivió en un descampado de Villa Flora. Se hizo una especie de choza precaria con plásticos, cartones y maderas. En sus mañanas y tardes de caminatas, encontró una pieza en un edificio abandonado de Hipólito Yrigoyen (ex San Miguel) y Arenales. Ahora vive ahí. No tiene luz, su "casa" no tiene puertas ni ventanas pero pasa menos frío que en el descampado de Villa Flora.
Los vecinos son muy buenos con el "Cogote". Lo ayudan con comida y con ropa, hasta le donaron unos borcegos para que no se lastime los pies tras las largas jornadas de caminatas.

José tiene más de 70 años. Lo acompañan tres perros. Son su principal fuente de afecto. Es increíble ver a los animales tan bien mantenidos. Están alimentados y el pelaje lo tienen brillante. Uno que parece un Rottweiler, de gran porte y potencia física, puede llegar a intimidar a cualquiera que se le ponga enfrente pero con el "Cogote" es un dulce de leche. Tienen una linda relación construida.
Mientras relata su historia y se define a sí mismo como famoso, José sonríe. Es un anciano comprador. Y lo sabe. Dijo que su jubilación está en trámite. Esa puede ser una gran oportunidad para salir de la extrema pobreza en la que vive. Pero las calles son de él y él es la calle. La calle esa que guarda historias, como la tuya y la mía. Sólo falta ponerles voz.