El submundo del Penal de Chimbas para las visitas: violencia que nadie denuncia
El testimonio de una sanjuanina pone al descubierto situaciones de violencia extrema que pasan las mujeres en la cárcel cuando van de visita. Y en la Dirección de la Mujer dicen que "no hay antecedentes, ni protocolo y que es una deuda pendiente".
"Vos entras al pabellón y te confías a Dios, porque ahí realmente estas sola", así comienza a explicar la sanjuanina Fanny Mercado cómo es un día de visita en el Servicio Penitenciario Provincial de Chimbas. Dicha mujer fue por años a encontrarse con su pareja al penal y un día dejó de ir por los constates ataques de violencia de género que sufrió. Incluso hasta la fecha sigue siendo víctima de maltratos y amenazas por parte de este sujeto, que estando tras las rejas, la sigue hostigando telefónicamente. Ella quiso hacer pública su historia para advertir a otras mujeres.
Su testimonio deja ver lo que pasa en uno de los pabellones de la cárcel, cuando los guardias dejan a la visita y se marchan a cumplir otras obligaciones. Mujeres que fueron quemadas con agua caliente, golpeadas en el rostro, cortadas en los brazos y otras partes del cuerpo; algunas que son maltratadas psicológicamente si no les traen lo que les ordenaron, o si no lograron pasar por los controles algún encargue especial. Reos que entregan a sus esposas o a sus hijas para que las abusen sexualmente a cambio de favores o saldar deudas, y otros hechos que por lo general permanecen ocultos en ese submundo y jamás llegan a denunciarse.
"La violencia empieza apenas vos entras al penal; ya llegar ahí es estar nervioso por el maltrato de los penitenciarios a la visita que por suerte ahora se calmó, pero antes para darte un ejemplo hasta había un espejo pegado al suelo donde te hacían hacer flexiones para ver si se te caía algo. Eso era cuando no estaba el escáner y a veces lo siguen usando", afirmó la mujer que visitaba a su marido en el pabellón 11.
"Vos tenes que ir temprano a la cárcel porque el 'cartel' se lo gana el preso que la tiene primero a su mujer con las cosas que le pidió. Para que te hagas una idea, hay mujeres que se ponen a pelear para entrar primero por todo lo que le llenan la cabeza los presos", sostuvo en referencia a uno de los tantos códigos carcelarios.
"Cuando vos pasas todos los controles te llevan hasta el pabellón donde está tu visita y ahí hay un último enrejado con una tela alta que la manejan los presos. El penitenciario que te acompaña llega hasta ahí porque después los guardias no tienen acceso los días de visita; esos días no se meten al pabellón por eso si te pasa algo, vos no tenes forma de avisarle a nadie. Pasando la reja de ahí en más mandan ellos, vos ahí entras y te puede pasar cualquier cosa", dijo Fanny Mercado sobre situaciones que van desde insultos a hechos de violencia y abuso de todo tipo.
"En mi caso me ha tocado llegar y encontrarme con mi marido drogado y agresivo por una bebida que toman que se llama 'pajarito', y hay chicas que las golpean y las drogan. Yo he visto a una de mis amigas que le tiraron agua caliente dentro de la celda, otras que les pegan porque les quitan la droga que tienen que meter y antes se veía como un preso entregaba a la mujer o a su hija para que tuviera relaciones sexuales con algún interno por un favor o para pagar una deuda”, contó Mercado. Y agregó que “ahí a vos te meten con un montón de tipos que la mayoría son violentos y te dejan sola, así que te puede pasar cualquier cosa y cuando salís y te ven marcada los mismos guardias te dicen 'y para que venís mami', ni hablar de llevarte a la comisaria a poner una denuncia que nunca lo hacen y te terminas yendo a tu casa como si no pasara nada", afirmó.
Los días de mayor concurrencia en el Penal de Chimbas son los miércoles donde se dan las visitas conyugales, y los sábados y domingos destinados para toda la familia. En esos momentos en la puerta de las instalaciones del Servicio Penitenciario se pueden ver a varias mujeres, algunas que van embarazadas, otras con chicos y otras tantas que asisten solas a ver a los reos. Esa es la postal que cualquier sanjuanino puede ver si pasa por el lugar ubicado sobre Avenida Benavidez, pero el resto de las situaciones permanecen en el más absoluto anonimato.
Fuentes oficiales, confirmaron que en San Juan no existen denuncias, ni antecedentes, ni un protocolo para las mujeres que son víctimas de violencia de género dentro de la cárcel cuando van de visita. La mayoría de las situaciones que se viven en ese lugar permanecen en secreto, porque ni siquiera los guardias, entran donde están los presos cuando hay visitas. Tampoco las víctimas de violencia son asistidas por los penitenciarios, que muchas veces ni siquiera saben cómo reaccionar ante esas situaciones.
La directora de la Mujer, Adriana Ginestar, sostuvo que "no hay un programa específico, a principio de año la Dirección se reunió con algunos profesionales del penal para avanzar en la temática, pero luego se detuvo por distintos motivos". Y agregó que "tampoco hay estadísticas, pero es un tema que efectivamente existe”. Además, sostuvo que “muchas mujeres salen golpeadas y no quieren decir nada, por eso es una deuda pendiente instruir al penitenciario para que cuando vea estas situaciones actúe, y en caso que la mujer no quiera denunciar, sea él quien llene un formulario que después nos llegue a nosotros, porque este año hubo algunas derivaciones del penal, pero fueron muy pocas y no están cuantificadas".
Como quedó demostrado en el testimonio de Fanny Mercado llegar al penal tiene sus riesgos, y también, sus costos. "Siempre es la visita la que paga todo. Si el preso quiere fumar un cigarrillo de marihuana lo pagas vos; o si quiere un teléfono te sale 10 mil pesos usado y uno nuevo 20 mil”, dijo. Y opinó que “ahora hay más droga que antes y vos entras en un mundo donde pasa de todo y muchas veces no podes salir, porque ellos se ponen celosos y te llaman todo el tiempo y te manejan la vida", afirmó.
"En mi caso yo sigo yo teniendo problemas con mi ex marido y él próximamente va a tener la salida transitoria. Yo tengo miedo porque últimamente ha estado muy violento y se lo que pasa después. A mí me tocó perder a una amiga que estaba pasando por la misma violencia que yo y también visitaba a su marido en la cárcel", afirmó la mujer haciendo referencia al caso de Alba Pizarro, una sanjuanina de 33 años que fue asesinada por Carlos Limolle el 25 de octubre del 2011 en el Médano de Oro.
El caso de Alba Pizarro es uno de los tantos ejemplos del proceso de violencia que pasan las mujeres en las cárceles. Violencia que se nota y nadie observa hasta que ocurre un femicidio. Por citar un ejemplo, el pasado 17 de octubre del 2011 se celebraba el Día de la Madre en el penal, y Alba, fue a visitar a su pareja Carlos Limoye. Ese día este agresor tuvo otro de sus ataques de celos y la tomó a golpes y la acuchilló en una de sus manos. Cuando salió de la visita no hubo ninguna denuncia. Tampoco informaron nada los funcionarios públicos.
Esto último fue la antesala del terrible desenlace que le esperaba a Pizarro. Fue un martes 25 de octubre del 2011 cuando Limolle consiguió la excarcelación y se dispuso su libertad. Dos días después, la mañana del jueves 27 de octubre, la mató a golpes con una roca de gran porte. La autopsia reveló que la mujer de 33 años tenía una decena de heridas, hematomas en la cabeza, luxación en un brazo y fractura en un maxilar como consecuencia de la mortal golpiza. Jamás encontraron un antecedente previo de violencia de género y en la cárcel existieron varios episodios de maltrato extremo que nunca se denunciaron.
Así encontraron a Alba Pizarro el 27 de octubre del 2011. Foto de Diario de Cuyo.
Antecedentes que hablan por si solos
En 2017, el Ministerio de Justicia de Salta tomó la decisión de prohibirles las visitas conyugales a 45 femicidas que estaban cumpliendo condena. La insólita medida se dio después que Gabriel Herrera matara a su pareja en el penal donde estaba cumpliendo condena por otro femicidio ocurrido en 2006, también en una cárcel, e intentar matar a otra mujer en la misma situación.
En Argentina hubo varias mujeres asesinadas por hombres en las cárceles. Tal como lo sucedido el 21 de diciembre del 2017, cuando Elizabeth Aguirre, fue a visitar a su pareja Henry Coronado al penal de Villa Urquiza en Tucumán. Fue con sus hijos y en un momento este tipo la mató y los chicos quedaron en el patio de la cárcel "deambulando, perdidos dentro del penal", según publicó la Agencia Télam. Coronado también estaba detenido por el femicidio de su ex pareja, Laydi Meneses. Y en ese momento, no se tomaron medidas ni se inició una investigación al personal del penal.
Otro caso resonante fue el de Jessica Ocampo, asesinada en 2013 por Juan Marcelo Schiaffino en la cárcel entrerriana de Gualeguaychú; donde purgaba una condena por someter a prostitución a una niña de 15 años.