Femicidio en el Médano

El largo sufrimiento de Alba

Más de la mitad de su vida sufrió la violencia de su marido, un delincuente y adicto a las drogas. Un día de octubre de 2011, el hombre la llevó engañada hasta la zona de Médano de Oro y ahí la mató brutalmente a golpes.
domingo, 1 de noviembre de 2020 · 08:50

Le había entregado más de la mitad de su vida. Desde los 15 años que Alba acompañaba en las buenas y en las malas a Carlos Limolle, pero a él poco le importaba. Su irrefrenable violencia, sus celos enfermizos y el desprecio hacia ella era moneda corriente en una relación de pareja que tarde o temprano iba a terminal mal. La joven mujer prefería callar por miedo, y nadie vio lo que se pudo haber evitado. Y lo que se veía venir sucedió en octubre de 2011, con Alba de nuevo vapuleada, humillada, arrastrada como un despojo en la calle y cruelmente asesinada a golpes por ese hombre que decía amarla.

El caso de Alba Ruth Pizarro es uno de los crímenes por femicidio más atroces conocido en San Juan. De su asesino, Carlos Alberto Limolle, nada bueno se puede decir. Sus referencias hablan por sí solas: matón, ladrón, adicto a las drogas, estafador y maltratador de mujeres.

Alba Ruth Pizarro

La familia de Alba maldice el día que ella lo conoció. Tenía apenas 15 años cuando se enamoró de Limolle y empezó su sufrimiento. “Toda la vida la verdugueaba. Es un maldito”, relataba Romina, la hermana de Alba. Es que la chica nunca pudo escapar del sometimiento de este sujeto, así entró en un círculo vicioso que incluso la llevó a delinquir y a soportar las más diversos humillaciones.

Ella igual aguantaba todo por seis hijos, pero principalmente porque estaba amenazada de muerte. La pareja residía en una villa de Concepción, pero con el plan de erradicación se mudó a un barrio de Rawson. Limolle seguía incorregible, el delito era su vida. Cuenta con antecedentes por resistencia a la autoridad, hurto, robo, robo agravado, lesiones, estupefacientes y estafas. Su perfil psicológico lo describe como hombre intratable por su escaso nivel cultural, por ser manipulador, impulsivo, violento y con rasgos paranoicos. Ni en la cárcel lo soportan demasiado. Los guardiacárceles revelaron que siempre tiene problemas de convivencia con los otros internos. Su hijo mayor no le dirigía la palabra desde muchos antes del crimen de su madre.

Carlos Limolle

Difícilmente Alba podía con este hombre, que estando preso o en libertad conseguía lo que quería a través de los golpes y amenazas. La familia de la chica contó tiempo atrás que Limolle la obligaba a salir a hacer “mecherismo” en el centro sanjuanino. Más de una vez cayó presa por ese tipo de delitos, todo para mantener los vicios y darle el gusto. Cuando él estaba alojado en el penal, ella debía congraciarlo con dinero, cigarrillos, comida y droga. “Tenía que llevarle lo que él quisiera o comprarle las mejores zapatillas, si no la golpeaba”, según su hermana.

Los maltratos también lo padecían sus hijos. El mayor de ellos recordó que siendo adolescente, su padre se molestó tanto con él que lo llevó a la fuerza un lugar desolado cerca del cementerio de Rawson y le dio una feroz paliza pegándole cintarazos y hebillazos. Con Alba tampoco no tenía compasión. En octubre de 2009, antes de que nuevamente lo detuvieran, le propinó una golpiza y la mandó al hospital. Aquella vez, ella prefirió cubrirlo y le dijo al personal médico que había sido agredida en un robo. Esa fue uno de los muchos vejámenes. En otra ocasión, dentro de la misma cárcel le reventó los oídos a trompadas. 

Mal presagio

Era un martirio para Alba, ni el Día de la Madre tenía paz. El 16 de octubre de 2011, en vez de quedarse en casa y disfrutar esa fecha con sus hijos, la mujer fue a visitarlo al penal y la historia se repitió. Carlos Limolle tuvo otro de sus ataques de celos, entonces la tomó a golpes y la acuchilló en una mano. 

Esto último fue la antesala del terrible desenlace que le espera a Alba días más tarde. El martes 25 de octubre de ese año, Limolle consiguió la excarcelación y se dispuso su libertad. Tras abandonar la cárcel, regresó a su casa en el barrio Franklin Rawson. La tranquilidad duró poco, él no pudo con su genio y volvió con las escenas de celos.

La mañana del jueves 27 de octubre, el hombre se despertó profiriendo los mismos reproches y sacó a Alba de su casa con la excusa de que lo acompañara a tribunales y a pagar una boleta del servicio de gas. Ella, que quizás presentía y temía otra golpiza, dejó resignada a su beba de 3 meses y a su otra niña de 1 años y 4 meses con sus hijos mayores y partió con Limolle en su moto. Ese viaje no tuvo retorno. El muy maldito aparentemente ya tenía todo planeado.

Era el mediodía cuando el hombre desvió de camino y tomó rumbo a la zona de Médano de Oro. Así desembocó en un sitio deshabitado de calle América, al Sur de calle 18. Ahí empezó la aterradora pesadilla de Alba. Limolle la tomó a golpes de puño, le agarró de los cabellos y la arrastró por el piso. Su odio llegó al extremo que después la atacó con trozos de concretos y una piedra laja. Fue tan demencial y salvaje la agresión que la terminó asesinando.

Cometido el crimen, el cobarde intentó tapar todo. Caminó hasta una finca y le pidió ayuda al casero diciéndole que había tenido un accidente con su moto, que su mujer estaba herida por la caída. A otro vecino de la zona que se acercó a socorrerlos, le comentó que habían sido atropellados por un auto que se dio a la fuga. A la vista estaba que mentía. Alba yacía muerta. Le faltaban las zapatillas, tenía lesiones en todo el cuerpo y el rostro muy lastimado. Sabiendo que no iba a zafar, Limolle escapó antes que llegara la Policía. Al rato lo apresaron en la ruta 40 a bordo de su moto.

La autopsia reveló que la mujer de 33 años tenía una decena de heridas, hematomas en la cabeza, luxación en un brazo y fractura en un maxilar como consecuencia de la mortal golpiza. Limolle después se justificó asegurando que la asesinó por celos.

El 25 de septiembre de 2013, Carlos Alberto Limolle fue sentenciado a prisión perpetua por el delito de homicidio agravado por el vínculo. Esa fue su sexta condena. Si se arrepintió o no, nada cambió en su vida. En junio de 2016, el homicida volvió a ser noticias en los medios. Descubrieron que cometía estafas telefónicas con el “cuento del tío” en complicidad de sus parientes. Así, aunque encerrado entre rejas, por lo visto él mantiene el mismo ímpetu y su incontenible manía por delinquir. Alba. en cambio, es un triste recuerdo de las víctimas de violencia de género que no pudieron escapar de la muerte.

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