La historia se escribe (o mejor dicho ¿se escribía?) desde Buenos Aires. Tal condición es una verdad para todo interesado por la historia argentina e invitamos al lector a pensar: ¿Qué conocés de la Revolución de Mayo que no haya ocurrido en Buenos Aires?
Principalmente, todavía persisten rasgos heredados de la historia tradicional argentina y existen distintas circunstancias a su alrededor. Para ello distinguimos a dos escritores: Deán Funes y Bartolomé Mitre.
El 1 de julio de 1812 el Primer Triunvirato decreta contar la historia de la Revolución de Mayo. Ya en ese primer acto, se comprende a la revolución como un inicio, el nacimiento de algo nuevo y por ello era necesario contar su historia. Tal tarea fue encomendada al Deán Funes, caso particular en esos tiempos: un cordobés revolucionario. Producto de esta empresa se publicó el Bosquejo histórico de nuestra revolución. Que termina siendo sobre todo una crónica revolucionaria.
Años después encontramos a Mitre, quien había derrotado a Urquiza en la batalla de Pavón en 1861, el ex presidente de la nación, el fundador del diario La Nación y para algunos, el primer historiador argentino. Existe un grado de verdad en tal afirmación, Mitre fue el primer escritor que miró hacia el pasado con un criterio científico, a partir de un riguroso método y contemplando el uso de seleccionadas fuentes históricas. Una de sus obras más celebres es Historia de Belgrano y de la independencia argentina. Pero, al igual que su gobierno, su obra tuvo un eminente carácter porteñista. De esta escritura somos herederos hoy, principalmente en las aulas.
Por otro lado, como punto de partida, la revolución efectivamente ocurrió en Buenos Aires y posee su componente rioplatense. Eso no niega que las provincias hayan atravesado su propio camino colmado de esfuerzos, rebeldía y sacrificios.
Hacia 1970 surgió una nueva forma de hacer historia, la Historia Regional. Ella viene a solucionar un problema: antes se contaba la historia de los países, ahora se quería estudiar la historia de los lugares. En este sentido, en San Juan se encuentra el Instituto de Historia Regional y Argentina Héctor D. Arias integrado (ahora y en el pasado) por estudiosos y académicos que profundizan los estudios de esta materia. Solo quieremos hacer mención a una, por su gran relevancia en la provincia, Margarita Ferrá de Bartol (1935-2013) quien recientemente recibió post mortem el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de San Juan.
Bajo esta perspectiva, para 1810 San Juan era un pequeño poblado agricultor, pero formaba parte de la región de Cuyo junto a Mendoza y San Luis. Desde su fundación, San Juan (1562), Mendoza (1561) y San Luis (1594) por Juan Jufré de Loayza y su hijo Luis Jufré, las tres ciudades mantuvieron un estrecho y reciproco vinculo, además de su conexión con la Capitanía de Chile, de donde provenían sus fundadores.
En 1782, la Corona española decreta la Real Ordenanza de Intendencias, con ella el gobierno español buscaba reorganizar en intendencias sus territorios coloniales. Como consecuencia de ello, además, Cuyo fue designado como territorio del nuevo Virreinato del Rio de la Plata, creado en 1778 y con sede central en Buenos Aires. Pero la situación no termina ahí, dentro del virreinato, Cuyo fue integrado a la Intendencia de Córdoba del Tucumán. En otras palabras, San Juan y Cuyo dependían jurisdiccionalmente del Gobernador Intendente de Córdoba (quien, dicho de paso, el primero en este cargo fue Rafael de Sobremonte, futuro virrey del Rio de la Plata y el mismo que “escaparía” con el tesoro durante las invasiones inglesas).
Ahora si, 25 de mayo de 1810. Buenos Aires. Revolución. Se depone al virrey Cisneros y en su lugar se nombra una Junta de Gobierno. Acto seguido, se envían distintas proclamas a las provincias, comunicando lo ocurrido y solicitando apoyo al gobierno revolucionario y el envió de diputados para conformar lo que luego se conoció como la Junta Grande.
La principal (o más cercana) oposición que tuvieron los revolucionarios de mayo provino desde Córdoba, que se negó a reconocer la nueva autoridad y a su vez invita a los territorios dependientes de su administración (Cuyo) a unir esfuerzos con ella.
Consiguientemente, el 13 de junio (puede ser también 14 o 15 según distintos relatos), el día que se conmemora la fundación de San Juan, llegan a la ciudad ambas noticias: la del gobierno revolucionario en Buenos Aires y de la oposición de Córdoba. Los cabildantes sanjuaninos debían decidir a quién iban a apoyar. El dato: entre ellos se encontraba José Ignacio de la Roza y un tal José Ignacio Maradona, ambos patriotas defensores de la Revolución de Mayo.
La primera medida fue la cautela, ver que decidían las otras ciudades cuyanas (principalmente Mendoza). Pero tal acción no ocurría. Luego del cabildo abierto celebrado en julio, San Juan decide finalmente apoyar el movimiento revolucionario, en clara rebeldía frente a su autoridad colonial, el gobierno cordobés.
Precisamente el primer diputado enviado por San Juan a la Junta Grande fue José Ignacio Fernández de Maradona, quien luego incluso sería Gobernador de San Juan en 1820.
Creemos que tal apoyo se revindicaría con el consiguiente accionar sanjuanino durante el proceso de independencia. San Juan, junto a Cuyo, fueron los territorios claves donde San Martin organizó el Ejercito de los Andes con el cual liberó medio continente, sanjuaninos y sanjuaninas se enmendaron a tal empresa. Los diputados cuyanos jugaron un papel fundamental en el Congreso de Tucumán de 1816 donde se sancionó la independencia de la nación, sesión presidida por un sanjuanino: Francisco Narciso de Laprida.
Y la historia tiene sus curiosidades y caprichos. El ídolo nacional Diego Armando Maradona tiene también sus raíces en San Juan, según estudios genealógicos recientes. Por un lado, se vinculan a sus ancestros directamente con la familia sanjuanina Maradona, de la cual formaba parte José Ignacio. Pero también se conjetura si su ascendencia proviene de un esclavo proveniente de Chile que luchó en el Ejercito de los Andes, Luis, quien tras obtener su libertad adoptó el apellido de la familia, Luis Maradona.
En fin, lejos de ser un eco tardío de lo ocurrido en Buenos Aires, la revolución en San Juan fue el resultado de decisiones propias, debates locales y actores concretos que también construyeron el camino a la independencia. Recuperar esas historias no solo permite comprender mejor nuestro pasado, sino también reconocer que la nación no se forjo en un solo lugar, sino en la convergencia de múltiples voces, territorios y experiencias. Eso, en síntesis, es la Argentina. Feliz Día de la Patria.