En el límite entre Rawson y Capital vive Horacio Salazar, un hombre de 70 años que se encuentra en una situación de pobreza extrema. Tiene que mendigar comida entre los vecinos de la zona para poder “zafar” el día. Hace sus necesidades fisiológicas en un tacho porque que su baño se encuentra completamente inhabilitado, con el riesgo de ser un foco constante de infección. A eso se le suma que desde hace 6 meses que no tiene luz en el cuartito donde vive porque un día la instalación eléctrica ocasionó un incendio quemando el foco fluorescente, y hasta ahora no ha podido comprar un repuesto para remplazarlo. Tres de sus hijos viven a pocos metros, pero como asegura Horacio “no me invitan ni siquiera a comer, mis hijos se han olvidado que yo existo hace tiempo”. Además sostiene entre lágrimas que “hace 15 años que estoy en esta situación, todos los días me levanto y le pido a alguien que me de comida, nunca pido plata, sino que me den comida”.