Malvinas hoy, en imágenes

La ciudad donde se vivió la guerra hace 37 años es hoy es un polo turístico y económico donde quedan pocas huellas de los argentinos. Conocela.
martes, 02 de abril de 2019 · 02:12

El gran cartel con letras negras de las “Falkland Islands” da la bienvenida al paraíso austral que hoy son las Islas Malvinas. En ese mismo puerto donde en 1982 desembarcaron las tropas argentinas, en 2019 es frecuente ver la llegada de cruceros que dejan cientos de británicos, franceses, japoneses, estadounidenses y otros extranjeros en la ciudad para ellos conocida como Stanley y que para los que están de este lado del mar sigue siendo Puerto Argentino. Además del turismo, explotan la pesca y, próximamente, el petróleo.

Tiempo de San Juan estuvo en ese lugar tan cargado de historia. Fue en marzo, formando parte del contingente de 13 ex combatientes y 2 familiares de caídos en la guerra que fueron en el marco de los viajes que organiza el Gobierno de San Juan. Este fue el cuarto.

Todo el grupo de sanjuaninos pudimos ver que las Islas cambiaron drásticamente en las últimas décadas. Según ellos describen su organización política, ya no son colonia del Reino Unido sino un Territorio Británico de Ultramar, un estatus que mantienen por elección propia, basada en el derecho de los pueblos a determinar su propio futuro. Son económicamente autosuficientes con excepción de los costos para defensa. Tienen un desarrollado servicio de salud y educación. En este último aspecto, los isleños pueden obtener sus títulos terciarios o universitarios en el extranjero, lo que paga el “Gobierno de las Islas Falkland”. Dicen que el 80 % de los jóvenes regresa a las Islas y que siempre consiguen trabajo.

No son más de 2.500 los habitantes “civiles”, que los argentinos llamamos kelpers pero ellos prefieren que les digan “isleños”. Hay también unos 3.000 militares que viven en la base militar de Mount Pleasant, donde funciona el aeropuerto internacional y es un lugar cuidado con gran recelo. Hay unos 30 argentinos viviendo en la ciudad y llama la atención gran cantidad de chilenos, filipinos y sudafricanos, con residencia permanente o temporaria.

La ciudad principal se extiende por unos pocos kilómetros a lo largo de la costa donde hay casitas muy cuidadas, con mucho verde pero donde no crecen muchos árboles, viviendas que conviven con varios monumentos que recuerdan no sólo la gesta de 1982 sino otros combates, museos donde exhiben videos y fotos titulados “Our history”, o “Nuestra historia”,  que reflejan  las acciones argentinas como de ocupación y las de los británicos como de liberación.

Es muy raro ver un gato o perro suelto porque tienen tenencia responsable de mascotas pero sí hay cantidad de ovejas y aves por todos lados, incluso uno que otro lobo de mar tomando sol en el puerto. Las casas les llegan en barco desde Gran Bretaña prefabricadas, como también los vehículos todo terreno que son bastante accesibles para el trabajador común. Hay un par de supermercados grandes y tres o cuatro regalerías donde se puede comprar en libras esterlinas, libras malvinenses o dólares indistintamente.

La gente es respetuosa en general, aparentemente ignoran a los argentinos pero se sabe que las redes sociales son bastante activas en el desarrollo de los temas de soberanía y el seguimiento de las visitas argentinas. No obstante, algunos hacen sentir un delicado trato frío para los que llevan pasaporte argentino. Observan diferenciadamente la conducta de los turistas de Argentina, la que se presta para algún comentario en la radio, pero no recibe atención del histórico diario “Penguin News”.   

Hay bahías, arena blanca, un faro y pingüineras entre los atractivos más buscados. También está el otro turismo, en los montes donde se libraron sangrientas batallas y pueden verse aún resabios como botas, municiones y huecos enormes de bombas. Ningún objeto, ni un poquito de tierra o piedra se permite sacar de las Islas, que se detectan con potentes escáneres y minuciosos controles de equipaje en el aeropuerto.  

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