Crónicas de Malvinas

Día Tres: cuatro momentos para llorar y un deseo

En la previa a tomar el vuelo a las Islas se vivieron intensas horas con la visita a un centro de ex combatientes y al Museo de Malvinas en Río Gallegos.
viernes, 08 de marzo de 2019 · 18:21

Por Miriam Walter
Enviada especial a Malvinas

¿Podrá alguien más ver la belleza de todo esto? En Río Gallegos ya se vive Malvinas. Falta un día para tomar el vuelo y el contingente de ex combatientes y familiares de caídos en la guerra no halla la hora de pisar las Islas. Y lloramos por cada pequeña  cosa que pasa. Es emocionante ver cómo esos hombres, algunos grandotes, se quiebran cuando recuerdan, cuando intercambian lecturas sobre lo que están experimentando, cuando reconstruyen el pasado. Hoy se dio mucho de esa comunión en Río Gallegos, cuando se visitaron lugares muy cargados, muy intensos, muy malvinizados. Y hubo cuatro momentos, dentro de esa mañana agitada por la ventisca y la llovizna santacruceña, que dejaron a todos con un nudo en la garganta.

-La sorpresa de Andrés

En la sede de la Asociación Centro de Veteranos de Guerra de Río Gallegos se apagaron las luces y apareció un soldado grandilocuente, con un monólogo tremendo que dejó a todos mudos y lagrimeando.  Ya lo había anticipado Saúl Saidel, el encargado del viaje desde su agencia, que había preparado una sorpresa para los excombatientes. Pero nadie se esperaba algo tan dramático.

Así, Andrés Fernández les regaló a los sanjuaninos la obra de teatro “Silencio Ficticio”, de su autoría junto con Julio Cardoso. El actor dio un vívido relato encarnando a un ex combatiente desde lo más profundo de su corazón. Se notaba que es ex soldado de la guerra de verdad, y eso lo pudo transmitir, en él se vieron reflejados todos los hombres de esa particular audiencia. 

 

-El reencuentro con “el Negro”

Esa primera parada en el centro de veteranos de Malvinas riogalleguístico se dio un inusitado y sentido reencuentro. Uno de los cuidadores del lugar, Ramón Antonio Quevedo reconoció  a uno de los sanjuaninos, Mario Castro, y ahí nomás se fundieron en un abrazo.

Combatieron juntos en la guerra y no se vieron más. Les dio una felicidad contagiosa y en cinco minutos se intentaron contar todo lo que les pasó en los 37 años que no se vieron. Antes de despedirse intercambiaron teléfonos.

-Las explicaciones de Albornó

En el grupo que viaja a Malvinas si hay uno callado es Nicolás Albornó. Pero cuando entró en el Museo Malvinas de Río Gallegos, ofreció un momento fuerte. Sintió la necesidad de pararse en medio de la sala y explicar algunas cosas respecto a los misiles, desde su experiencia.

Fue muy claro y su didáctica fue agradecida por el director del Museo, quien busca que los visitantes que son ex combatientes compartan lo vivido, para nutrirse de información a compartir y que la causa no muera nunca.

-El rostro y el buque en la pared

Como tropel entraron los sanjuaninos al Museo Malvinas, y en ese espacio lleno de uniformes, maquetas, cartas de 1982, documentos, balas, misiles y barcos en miniatura y, sobre todo, fotografías, muchos buscaron elementos autoreferenciales. 

En ese cúmulo invalorable de objetos hubo dos hallazgos que marcaron la visita. Uno se dio cuando el veterano Daniel García encontró en la pared la imagen de su buque hospital, el Bahía Paraíso, donde prestó servicios. Recordó que un momento muy tenso se dio en altamar cuando los ingleses anclaron su buque para hacer con ellos una conexión y traspasar heridos. “Nosotros llevábamos heridos de ellos y ellos de nosotros. El protocolo de la Cruz Roja era claro, a los heridos ingleses los tratábamos como argentinos, se los respetaba, y ellos hacían lo mismo, los curábamos como propios”, contó García. 

El otro hallazgo lo hizo Iris Montaño, al descubrir la foto de su hermano Agustín en un afiche que exhiben en el Museo, que muestra todos los fallecidos, 55, de la Fuerza Aérea Argentina. “Estoy muy emocionada de encontrarlo”, confesó con los ojos húmedos.

Luego Iris protagonizó un hito cuando le dejó al Museo otro pedazo de San Juan para que tenga ese espacio sureño que es memorial de la guerra:  la copia de un libro que escribió Miguel, otro hermano suyo, sobre los héroes de Malvinas sanjuaninos. 

También se dio en este tercer día del viaje un deseo que muchos confesaron en los pasillos: que se haga pronto realidad el sueño de pisar Malvinas. Ya llega.

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