Crónicas de Malvinas

Último día: el buen samaritano y un círculo cerrado

El regreso de los sanjuaninos, tras su paso por las Islas, coronó un intenso reencuentro con su historia que tuvo un gesto de hermandad con los ingleses.
martes, 19 de marzo de 2019 · 18:48

Por Miriam Walter 
Enviada especial a Malvinas 

Malvinas es un lugar raro, te atrae y te expulsa a la vez. Quizá por eso hubo un gran alivio más que tristeza al volver a San Juan en los corazones de los 13 ex combatientes y las dos familiares de caídos en guerra, que fueron recibidos con honores esta tarde en Las Chacritas.

La semana de permanencia en las Islas se estiró dos días más  por problemas de vuelo. Eso obligó al grupo a pasar dos veces por los controles del aeropuerto, estrictos hasta la incomodidad, que quitan hasta una piedra o puñado de tierra que pueda ir escondido en el equipaje de salida de los argentinos. 

La estadía de los veteranos de guerra no pasó desapercibida para los kelpers/ingleses, que revisaron en las redes sociales el comportamiento diario de los visitantes. Uno de los reportes que se escucharon en la radio malvinense calificaba la conducta como "aceptable". Ningún disturbio, ningún desliz patriota opacó el viaje.

No sólo fue un ejemplo de convivencia sino tambien un  acto de profunda humanidad esta experiencia.
El 15 de marzo a la siesta se daba una ceremonia  impensada años atrás. Se dio en uno de los lugares insignes de la guerra y más simbólicos para ELLOS, en lo que se conoce como "monumento a la Liberación" donde se recuerda a los muertos ingleses de 1982.  Fueron los mismos veteranos sanjuaninos quienes pidieron poder rezar por las almas de los soldados contra los que lucharon hace 37 años. Para lograrlo hubo que pedir permiso, en un trámite con rigor diplomático, ante el comisario de Stanley. Hubo perfecta sintonía de ambos lados.

Esa semana en Malvinas también estaba un cura joven de Buenos Aires, Javier de los Santos, quien fue invitado al humilde acto y preparó un responso muy decidor, a partir de la parábola del buen samaritano. 

Este relato bíblico lo hace el propio Jesús para poner en valor la caridad y la misericordia, enseña que cumplir el espíritu de la ley y el amor es  más importante que cumplir la letra de la ley, y resalta la figura del prójimo. 
Las palabras del sacerdote argentino cobraron más fuerza viniendo de él, que había llegado a las Islas a pasar la noche en el monte donde perdió la vida su tío durante la guerra.

Fue un acto sencillo, sin banderas, con palabras en español y una enorme sensibilidad de los sanjuaninos, que dejaron en absoluto silencio sus respetos frente a la placa que inmortaliza a los caídos ingleses durante el conflicto.
Para todos este viaje fue como cerrar un círculo, cada uno con sus propias metas se dejó llevar por el bálsamo malvinense y le dijo adiós al enorme cartel de las Falklands sabiendo que no serían más las mismas personas. Con alegría, con bronca, con paz interior, algunos sorprendidos de sus propios sentimientos y muchos con la sensación de que fue suficiente. Y de que lo que les pasó no fue en vano.

Al pisar San Juan, con el cansancio emocional de deshojar el pasado mezclado con las horas de vuelo, recibieron el abrazo de sus esposas, hijos, nietos y afectos que vivieron con intensidad también el minuto a minuto del viaje a las Islas Malvinas. Gran parte de ellos, testigos y apoyos incondicionales de la marca que dejó la guerra en esos soldados y en esa hermana y esa hija a las que las bombas les quitaron sus seres más queridos.

Fueron y volvieron Luis Moretti, Miguel Valdez, Juan Domingo Mercado, Daniel García, Daniel Pacheco, José Pacheco, José Luis Cuevas, Dardo Gómez,  Nicolás Albornó, César Ozán, Mario Castro, Octavio Moretti, Eusebio "Cacho" Páez, y las damas Iris Montaño y Anahí Moreno.

Volverán a sus hogares, a su hoy, a sus realidades, a pagar la boleta de la luz, a llevar los chicos a la escuela, a su San Juan querido. Quizá con los viejos tajos cicatrizados y tal vez con unos nuevos abiertos para siempre. Sólo ellos saben.

 

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