Crónicas de Malvinas-Enviada Especial

Día Diez: las dos Islas

El penúltimo día del grupo de sanjuaninos en las Islas se dio con recorridos por la ciudad para una despedida agridulce.
viernes, 15 de marzo de 2019 · 20:35

 

Por Miriam Walter

ENVIADA ESPECIAL A MALVINAS

 

“Uno crece con una idea que es la de la guerra, de las Islas que son nuestras, hay toda una idea formada pero al llegar a Malvinas te encontrás con una realidad completamente distinta. Uno piensa que son chiquitas y son inmensas, hay muchas islitas, y se empieza a descubrir que en estos años pasaron cosas”, comenta Sebastián Varea, el psiquiatra que acompaña a los sanjuaninos que pasamos el penúltimo día en esa inquietante tierra austral.

Casi al final del viaje surgen interesantes análisis, cuando ya se han visitado los lugares más importantes en la historia de los veteranos y seres queridos de muertos en combate. Y los pensamientos durante los paseos por las calles malvinenses van sufriendo una metamorfosis a medida que pasan los días. 

Este estado mental argento se presenta como una dualidad que choca al llegar a las “Falkland Islands”. Los  argentinos recuerdan el 2 de abril cuando desembarcaron en las islas y los kelpers e ingleses el 14 de junio, cuando festejan “el día de la liberación”, el cual se conmemora a la entrada de Stanley con un impresionante monumento.

Son dos islas. Las que tenían en sus cabezas los ex combatientes y  familiares de caídos en la guerra son las de 1982, un lugar frío, inhóspito, oscuro, lleno de bombas y de muerte, un sitio clavado en el tiempo que tiene que ver con la lucha por la soberanía. Y las de ahora, en 2019: al llegar se produce una especie de shock, al descubrir la ciudad clara, bellísima, prolija, pistoresca, cuidada en su más mínimo detalle, preparada para atraer visitantes de todo el mundo.

Las Islas reciben cientos de cruceros, lo que trae a las Islas unos 70 mil turistas al año, que hacen excusiones por un día valuadas en miles de dólares o libras esterlinas. La mayoría de los visitantes son británicos pero también llegan otros europeos, norteamericanos, chilenos y argentinos. Los grupos de ex combatientes, como el nuestro, se quedan por 7 días, porque los vuelos salen sólo los sábados. Opera la aerolínea Latam con un vuelo desde Chile, más precisamente desde Punta Arenas, que dos veces al mes hace escala en Río Gallegos.

Por sus obvias razones, los que pelearon en 1982 quieren hacer circuitos en los montes donde se libraron batallas. Algunas pocas empresas isleñas prestan servicios a los argentinos y ofrecen recorridos en combis o en camionetas 4 por 4 para llegar a las alturas, donde aún hay restos de la guerra, trincheras, botas y municiones, además de zonas marcadas por peligro de minas. Hay muchos monumentos y obras conmemorativas, se pueden visitar el Cementerio Militar Británico en San Carlos y el Cementerio Argentino en Darwin, con vistas conmovedoras.

Los demás turistas eligen mayormente otros circuitos a lo largo y ancho de las 740 islas e islitas que conforman las Falklands. Hay paseos en bote recorriendo 1.300  kilómetros de costa, es un paraíso para los fotógrafos que pueden captar dramáticos escenarios con cascadas de rocas, delicadas flores o colonias de pingüinos, además de atracciones típicas como el faro Cape Pembroke a poco andar del puerto.

La misma ciudad tiene para mostrar sus coloridas casitas de pioneros y otras que representan varias etapas de la historia, algunas muy antiguas, la catedral Christ Church, el Whalebone Arch -que es un arco hecho con huesos de ballena-, cautivantes pequeños museos y tiendas de regalos que cuestan una fortuna.

Todo eso descubrimos los sanjuaninos que vinimos a Malvinas y que hoy recorrimos las calles, que tienen nombres como “Thatcher”, con un dejo de melancolía. Fuimos a una playa y miramos el agua clara, mientras el persistente viento nos volteaba. Vimos las otras Islas, las Islas de hoy, que son formidable destino turístico, las Islas donde se conduce por la izquierda hacia el frente, donde se usan libras y donde casi todos hablan inglés. Ya se aproxima la despedida de este lugar que nos deja un gusto agridulce en la boca.