Crónicas de Malvinas-Enviada Especial

Día Ocho: el descanso del guerrero y las zapatillas Flecha

¿Qué más que reposo puede pedir un exsoldado, que sólo quería volver al lugar exacto donde estuvo en la guerra, después de encontrarlo?
miércoles, 13 de marzo de 2019 · 20:00

Por Miriam Walter

Enviada especial a Malvinas

 

Pocos exsoldados argentinos vuelven a Malvinas. Los que lo hacen, quieren con todo su corazón encontrar su posición, que es el mismísimo lugar donde estuvieron apostados, luchando contra los ingleses, hace 37 años. El sanjuanino Nicolás Albornó estuvo en combate en el llamado Monte Dos Hermanas, Two Sisters acá en las Islas. Y no hacía más que hablar de volver allí. Hoy se le dio.

Casi a las corridas trepó las rocas, sin aliento bordeó la ladera filosa del monte, sorteó huecos lodosos, y se perdió de vista. Buscó un rato hasta que empezó a identificar lugares, y se dio cuenta de que estaba confundido en la ubicación, que el mismo terreno en ese momento le daba señales claras para identificar su puesto de combate, mucho más cerca de lo que creía, en esas dos colinas muy juntas que por eso reciben el nombre de Dos Hermanas Norte y Dos Hermanas Sur.

Ahí nomás empezó a relatar, eufórico, que se guarecían escondidos detrás de la roca porque como era todo piedra no tenían los medios para poder hacer los “pozos de zorro”, que allí por la forma de embudo de las laderas se escuchaban las bombas más fuertes, que estuvieron con sus compañeros de la “Compañía C” semisentados, escuchando caerles encima los proyectiles, un ruido que le quedó retumbando en los oídos para toda la vida. Recordó su valioso papel en ese enfrentamiento que se dio entre el 11 y 12 de junio de 1982 durante el avance de las fuerzas británicas hacia la ciudad, Puerto Argentino, y que tuvo a 600 ingleses -apoyados por un crucero para fuego naval- peleando contra 300 argentinos. Terminaron casi con la misma cantidad de muertos, 20, y de heridos, 50.

 “Llega el momento en que el guerrero, el hombre, tiene que reposar, y mi descanso va a ser en San Juan, con mi familia”, improvisó como discurso al frente de su posición, con la paz de quien tiene la tarea cumplida. “Perdón si no pude hacer más durante el combate”, se quebró. Y dijo, lastimado, que “siempre nos trataron como los locos de la guerra”.

Todos los que llegaron con él a Malvinas, parte del contingente de 13 ex combatientes y dos familiares de caídos, le regalamos un respeto silencioso, mientras hablaba conmovido como un niño. 

El blanco de las suelas y el negro de la turba

Antes de Dos Hermanas los sanjuaninos pasamos por Monte Longdon, que tuvo en pugna en 1982 a 450 ingleses frente a 278 argentinos en la noche del 11 de junio hasta la madrugada del 12 de junio. Allí se pudieron encontrar restos de aquel combate, que es considerado el más importante de la guerra por dos razones: la fiereza con que se dio, en peleas cuerpo a cuerpo con bayoneta que es un arma poco usada en la guerra moderna, y por estar en juego una posición clave de los argentinos que es la que defendía Puerto Argentino. 

Así, se vieron restos de trincheras, latas, telas rotas y hasta municiones. Y aparecieron, por primera vez en el recorrido que hacen los sanjuaninos con la garganta seca, suelas de zapatillas Flecha, las que usaron las tropas blanquicelestes para desembarcar, con un blanco casi inmaculado resaltado por la negra turba, lavado por las constantes lluvias de la zona.

Suelas de Flecha talle 41, 42, algunas más pequeñas, mezcladas en los huecos de lodo y matorrales con pedazos de borcegos, cepillos de dientes y hasta municiones. Uno de los sanjuaninos se acordó de que los ingleses no traían buen calzado, por lo que cuando mataban un argentino le quitaban las botas. Una vez más, los despojos de la guerra nos dejaron frágiles pero plenos arriba del monte.

 

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