crónicas de malvinas - enviada especial

Día Siete: los vestigios de la más cruel batalla y el respeto con el inglés

En la visita al monte Tumbledown hoy los sanjuaninos en Malvinas se conmovieron con lo que hallaron en el terreno. Se dio un inusual encuentro que quedará para la historia.
martes, 12 de marzo de 2019 · 20:35

 

Por Miriam Walter

ENVIADA ESPECIAL A MALVINAS

Cuentan que el cuerpo del subteniente Oscar Augusto Silva, cuando ya la lucha había terminado, despertó admiración de los británicos que lo encontraron, porque no podían quitarle el fusil al que estaba aferrado, todavía con el dedo en el gatillo y la munición agotada. Silva fue el último sanjuanino en morir en Malvinas, al grito de “Vamos soldados, viva la Patria”, mientras resistía el fuego de los ingleses que en la noche del 11 al 12 de junio de 1982 atacaron con poderosa artillería a los argentinos para recuperar el Puerto Argentino. Esa batalla se libró en el Monte Tumbledown, donde hoy aún pueden encontrarse huellas de la guerra. Por ese mismo terreno caminaron hoy los sanjuaninos que fueron a las Islas a revivir un poco de esa fuerte historia.

Los 13 ex combatientes y las dos familiares de caídos en guerra encabezaron una caminata  de alto impacto físico y mental. Tumbledown está a poco andar del pueblo y puerto de la ahora llamada Stanley, y  cada paso, en las más de dos horas de ascenso, se dio con la expectativa de encontrar algo con reminiscencias de los ‘80.

Fueron apareciendo de a poco. Primero chapas oxidadas, luego algunos pozos con matorrales crecidos, huecos enormes que fueron dejados por bombas y alambres de púas indicando zonas minadas. Y allá arriba, en medio de las rocas, se hicieron cada vez más frecuentes los recuerdos de aquel combate que, en junio hace 37 años, marcó los finales de la guerra, con la lucha cuerpo a cuerpo de 800 infantes de Marina y 200 soldados del Ejército Argentino contra 641 soldados de las guardias galesa y escocesa, royal marines y fusileros gurkhas. Este enfrentamiento dejó un saldo de 30 muertos y 100 heridos argentinos y 15 muertos y 59 heridos para los comandos ingleses.

Casi sin alterar los sanjuaninos descubrieron hoy un refugio argentino, donde había desde partes de armamentos y telas corroídas por el tiempo hasta un desodorante a bolilla. Los que llegan a ver esos restos de la guerra dejan todo en su lugar, porque además de que está prohibido pasar por el aeropuerto con ese tipo de cosas, la permanencia de los objetos así como de los cuerpos en el cementerio de Darwin, es una señal de que Argentina sigue presente y no resigna la soberanía.

El paso por ese refugio conmovió a todos. El grupo, abrigado con camperas de materiales modernos para la alta montaña, guantes, gorros, zapatillas de trekking y un buen desayuno encima, resistió los embates del viento pegando azotes con lluvia en la cara y escaló con sacrificio la ladera del monte, hecho de turba y roca y con cientos de huecos que hay que sortear con astucia. Entonces vino la reflexión obligada de cómo los soldados argentinos hicieron para estar allí, pasando frío y hambre, en ese tan hermoso como inhóspito lugar de Malvinas, sorteando los balazos y las bombas y gritando como patriotas. Sufriendo. Muriendo.

El histórico encuentro con un inglés

En la cima del monte Tumbledown hay una cocina de campaña, que sirvió para abastecer a las tropas argentinas durante el conflicto armado.

Ubicada casi en la cima de uno de los flancos con formas más caprichosas de ese monte, se mantiene oxidada pero erguida dando testimonio de que allí hubo humanidad. Y más arriba, en la punta del cerro, una cruz rinde tributo a los muertos de la cruel Tumbledown.

En ese punto helado y solitario se dio un encuentro único, cuando subió un grupo de los ex combatientes sanjuaninos y se encontró con un ex soldado de las fuerzas inglesas. Intercambiaron palabras, se conmovieron frente a los tributos que hay allí en reconocimiento a los que combatieron, y se despidieron amablemente. Quizá haya sido la primera vez en 37 años que hombres de uno y otro lado de la guerra sintieron la misma paz.     

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