Es un día de diferencia, pero que marca el arranque de un nuevo año y con ese inicio tenemos la idea de nuevo comienzo y dejar atrás todo lo malo. La verdad que el 2018 no fue mi año, fue un año de lecciones. Cual canción de Gustavo Cerati, la mejor reflexión para el inicio del 2019 es su demoledora frase -tan trillada por cierto- pero que guarda un significado potente e indispensable para la vida: "Saber decir adiós es crecer".
-Saber decir adiós a esos seres queridos que se fueron, que nos dejaron momentos inolvidables, que nos marcaron a fuego con su ejemplo, que dieron todo y exprimieron la vida. De eso se trata la vida, de exprimir hasta más no poder cada instante e intentar ser feliz (el mandamiento que me dieron mis seres queridos).
-Saber decir adiós es ponerle un fin a esas relaciones que nunca terminaron de definirse, a las que quizás apostaste pero no te dieron lo que esperabas. Se acabó el estar pendiente de ese otro que no está como vos. Romper esos vínculos, aunque cueste muchísimo porque son parte de uno, es salud. Así que borrá esos chats, limpiate las lágrimas y abrite al mundo.
-Saber decir adiós a las relaciones plásticas, light, que no se basan en una retroalimentación. Estar, dar un abrazo cuando el otro lo necesita, escuchar o simplemente proponer unos mates. ¡Ojo! También hay que fijarse si uno está protagonizando ese tipo de vínculos. Porque a la larga, lo que nos quedan son los momentos inolvidables, esos que se construyen necesariamente de a dos.
-Saber decir adiós a la toxicidad con las que nos medimos nosotros mismos. Aprender a perdonarnos, a entender que somos falibles. Amar a nuestro cuerpo, cuidarlo y sentirnos bien con lo que tenemos. ¿Qué es lo mejor que tenemos para dar? ¿Nuestro cuerpo? ¿Nuestra cara? Lo mejor que tenemos para dar es nuestra forma de ver el mundo, de expresar lo que sentimos y de hacernos cargo de eso.
Reflexiones cortas para este fin de año. ¿Recomenzamos juntos?