Tragedia después de la tragedia, encontrar la muerte después de haberse salvado de ella. Es la síntesis de una historia escalofriante, la de tres pequeños sanjuaninos que murieron en un hospital de Mendoza a donde llegaron después del terremoto de 1944 ocurrido en San Juan. El diario mendocino MDZ reflotó esta historia de fantasmas en un relato publicado el 29 de octubre de 2018.
El periodista cuenta que vivió en carne propia la aparición de los tres niños, incluso habló con ellos, y luego se perdieron en la boca de un ascensor del Hospital Central.
“… Entonces entraron tres niños, agitados, vestidos casi con harapos, corriendo y jugando entre ellos. No se percataron que estaba ahí hasta estar casi frente a mí. Los tres me miraron sorprendidos…
– Señor, acá no se puede fumar – me dijo uno de ellos.
– Perdón gordito, hace frío afuera – le dije mientras apagaba el cigarrillo.
En ese instante un fuerte viento cerró la puerta del pasillo, instintivamente mis ojos se desviaron hacia ese lugar, volvió el miedo por el preso, los tres chicos corrieron en dirección opuesta, sumidos en su juego, abrieron la puerta del ascensor y entraron.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
– ¡¡¡Ese ascensor no funciona!!! – les grité”.
El protagonista quedó tan consternado que le preguntó a una enfermera por esos niños que había visto y ella le dijo que desde que funcionaba el Notti (1980) no se atendían niños en el hospital Central. “Son los huérfanos de San Juan”, le dijo la enfermera y le contó esta historia que reproducimos tal como fue publicada por MDZ.
En enero de 1944 la ciudad de San Juan fue azotada por la mayor tragedia del siglo XX. Un terrible terremoto destruyó todo y dejó un saldo de siete mil muertos. Para esa misma época se terminaba de construir el que sigue siendo hospital más grande del interior, nuestro querido Hospital Central.
Aunque no se encontraba totalmente en funciones, ante la gravedad de la tragedia la mayoría de los heridos fueron traídos al nosocomio. Los profesionales trabajaron a sol y sombra para apalear la situación, se salvaron cientos de vidas y algunos meses después, cuando ya se habían recuperado los heridos, quedaron a la espera de ser adoptados los niños huérfanos. Se los conoció como huérfanos de San Juan.
Los más pequeños fueron adoptados al instante, pero los mayores pasaron meses y meses, algunos tuvieron que aguardar hasta que en 1949 Eva Perón inaugurará la escuela hogar, creada a tal fin. Luego de sanar sus heridas los pequeños hicieron del cuarto piso su hogar, transcurrían sus días jugando y aportando color al sanatorio.
Una de las tantas noches comenzaron a jugar a las escondidas, tres de ellos encontraron la última puerta del pasillo entreabierta, puerta que jamás estuvo abierta, salvo ese día, porque los albañiles habían estado trabajando en el sector. Era el escondite perfecto, nadie los buscaría en el lugar.
Uno de los ordenanzas pasó por el lugar y vio la puerta abierta y decidió cerrarla por el peligro, era la puerta del ascensor, el cuál no estaba habilitado. Un frío espantoso provenía de aquel oscuro y horrible hueco.
Los demás compañeros de juego se asustaron cuando pasaron horas sin encontrar a sus amigos, tenían prohibido salir del piso de noche y esperaron hasta la mañana siguiente. Cuando llegó la señora que les llevaba el desayuno se percató de que algunos de los niños no estaban en su habitación, alertó a los médicos y comenzaron a buscarlos, entre llantos los chicos restantes contaron lo que estaba pasando. Todo el hospital comenzó la búsqueda.
Pasaron varias horas, hasta que el ordenanza que la noche anterior había cerrado la puerta del ascensor sintió un escalofrío al sospechar lo que había pasado.
Se abrieron las puertas y el temor más grande se hizo real, en el lugar todavía se sentían las risas de los niños las cuales poco a poco se fueron convirtiendo en alaridos.
En las penumbras abrieron la puerta del ascensor y entraron confiando en su nuevo escondite, sólo una tabla tapaba el hueco, el primer niño no hizo peso suficiente, el segundo era aún más liviano, el tercero, de 12 años, la quebró. Cayeron al vacío, ninguno sobrevivió. En el lugar todos lloraron, sobrevivieron a la peor tragedia del siglo y una simple puerta los condujo a la muerte. Amigos y doctores asistieron al funeral, pero pasada la conmoción inicial, nadie volvió a llevar una sola flor a sus tumbas”.