Escondidos en el medio de la ciudad hay rinconcitos únicos, armados por la gente de forma espontánea, vaya uno a saber impulsada por qué razón. Esa falta de certezas es la que teje mil historias alrededor de estos pequeños espacios urbanos. Hoy te vamos a contar un poco sobre el altar religioso que armaron en el interior de un árbol en la Jujuy y 25 de Mayo, enfrente de un conocido supermercado capitalino.
En una especie de hueco natural en el tronco de un plátano, alguien decidió colocar la imagen de la Virgen. Poco a poco se fueron agregando más imágenes religiosas, estampitas y velas. Es impactante ver gente en ese humilde lugar rezando, persignándose o agradeciendo por un amor encontrado, por la salud recuperada o simplemente por un día más de vida. La descripción no responde a la imaginación de esta cronista, que descubrió el altar saliendo del súper y para hacer la nota pasó horas en la plaza Gertrudis Funes observando fieles, sino a los testimonios recogidos allí.
¿Cómo nació el altar? Los remiseros que trabajan en la puerta del Vea te cuentan "la posta". Todos tienen versiones distintas. Uno dijo que lo armaron después de un accidente con una víctima fatal, otro aseguró que es obra de una mujer que se curó de una enfermedad y con los ojos chispeantes y una mirada de absoluto convencimiento, un tercer chofer contó que al altar lo armaron los comerciantes de la zona porque no se vende nada. -Los tres me están dando versiones distintas, les dijo esta periodista a los muchachos. Hubo risas y uno se animó a responder: -Vos sabrás quién es más confiable. Yo, por las dudas, pongo las tres.
En tres horas cuarenta minutos sólo una persona decidió compartir su historia: un hombre en bicicleta, con arrugas marcadas por el trabajo arduo de horas de sol en fincas y campos de otros. "Siempre que paso por acá le agradezco a la Virgen, una vez dejé una estampita. Yo soy un agradecido de la vida, tengo mi mujer, hijos y nietos y un bisnieto en camino y todos están sanos", dijo rehusándose a una foto porque "yo no estoy para esas cosas".

Dentro de templos y capillas la gente que cree en Dios va en busca de esa espiritualidad que necesita como alimento para afrontar el día a día. Si una persona asiste a misa o está sentada en el banco de una iglesia, se presume que está intentando acercarse a ese Dios. Pero cuando esa fe carga de significación un rincón impensado transforma el espacio urbano y lo carga de historias e iconografía.
Estos fenómenos populares son comunes en todas las ciudades y esa manzana llamativamente tiene dos lugares en donde la fe se materializa. Además de este altar, sobre San Luis y Jujuy hay un mural de la Difunta Correa adonde la gente lleva botellas para saciar la sed de la santa del pueblo.
Un pequeño altar en el hueco de un árbol le dio vida a este relato, chiquito, sin pretensiones, pero que te muestra un poco más de tu ciudad, mi ciudad, la ciudad que se construye con historias. Quizás alguna sea la tuya.