A primera vista su presencia impone respeto, que inmediatamente, al saludar, se ve secundada por una natural cordialidad. Su llamativo tatuaje denota modernidad, pero no hace falta llegar al primer minuto de conversación con Fabricio Ferrándiz (40) para caer en la cuenta de que se está ante todo un profesional de la enología, ese arte tan sanjuanino que heredó siendo muy chico y desde entonces pasó a ser una suerte de brújula en su vida.
Taninos, varietales, vainilla, barrica y cata son algunas de palabras que van saltando y acomodándose entre sus explicaciones de un mundo de la enología tan inmenso como atractivo. Un mundo al que entró curioseando en su niñezentre las piernas de su padre Juan Jorge, quien en sus años mozos estuvo al frente de bodegas tan emblemáticas como Arcucci y La Superiora.
Sus obligaciones educativas las sorteó sin mayores contratiempos hasta que llegó la feliz inmersión en la Escuela de Enología y la posterior –y más que obvia- incursión en la Licenciatura en Enología en la Universidad Católica de Cuyo. Tras disfrutar de este periodo de adquisición de conocimientos entró en el escenario profesional en 1998. Bodegas como Arenas, Finca Las Moras y Viñas de Segisa ocuparon los primeros casilleros en su currículo laboral hasta que en 2005 puso sus cualidades a disposición de Bodegas La Guarda.
Sobre su persona –y la del equipo de trabajo que conforma con Sergio Contreras (encargado del laboratorio), Mauricio Frau (ingeniero agrónomo)y Amalia Agliozzo (contadora)- descansa toda la responsabilidad de cada una de las botellas que se venden dentro y fuera del país –el año pasado fueron cerca de 300.000-. Por ello en temporada de vendimia llegan a ser aproximadamente 15 las horas que dedica a su apasionada profesión. Disfruta de cada instancia del proceso de elaboración de sus ‘criaturas’ –El Guardado, El Guardado Chic, El Guardado Blend y Wow-. Y el placer mayor todavía cuando algunos de esos pasos los afronta en compañía de Francisco (12), Bautista (10) y Emilio (5).
"Son lo más importante en mi vida y tengo la suerte de que también se sienten atraídos por la enología. Al más chico le encanta probar los jugos de uvas frescos, mientras que los otros poco a poco se van animando a la cata. No tengo dudas de que alguno seguirá mis pasos como yo hice con los de mi viejo”, comentó Fabricio, quien en el desglose de su carrera no podía olvidar agradecer el apoyo de su madre Gladys Rodríguez –"me hacía todos los días la comida para que me fuera a estudiar”- y de su hermana Cecilia.
Dentro de la vorágine que circunvala su día a día, Ferrándiz se da tiempo para alentar a su querido Unión de Villa Krause –"es otro de los lindos momentos que comparto con mis hijos”-. Además, reconoció que encuentra en el gym y en algún que otro partidito de fútbol el medio para desconectar un poco del trabajo y, de paso, ejercitarse físicamente.
"Me gusta sentirme bien conmigo mismo. Por ahí muchos me cargan porque mi imagen no se corresponde con la que la gente tiene de un enólogo, pero me lo tomo bien. Como aprendí de mi padre, siempre intento dar al máximo en mi profesión para hacer vinos que disfruten los clientes y eso es independiente de mi apariencia”, comentó Fabricio mientras controlaba los caldos que reposan en la imponente cava de la bodega.
Su extrema modestia a punto estuvo de tapar el abultado cargamento de premios yreconocimientos que ha cosechado en su trayectoria.En San Juan y Argentina ganó numerosos galardones, pero sin dudas destacan por brillo internacional los conseguidos en los concursos ingleses London Winee International WineChallenge.