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Rescate memorable

El milagro de Semana Santa, 15 años después

El caso del montañista Guillermo Peralta movilizó a San Juan en abril de 2001. Se perdió en el cerro Blanco Las Cuevas de Zonda y desató un impresionante operativo. Apareció vivo tras 11 días desesperantes. Por Miriam Walter.

Por Redacción Tiempo de San Juan
"Ese día era el último que lo buscábamos,  yo iba por la montaña sin esperanzas, llorando, pensando que nunca más sabríamos qué pasó con él.  Llamé por radio a Natacha para decirle que no estaba en condiciones de seguir, y me dijo ‘cortá, cortá, que me están llamando porque lo encontraron vivo. Hoy se me hiela la sangre y no me olvido más de ese momento”. A Verónica Hammar le quedó grabado a fuego cuando aquel 11 de abril de 2001 encontraron a su amigo Guillermo Peralta, tras 11 días perdido en la montaña. El hecho conmovió fuertemente a los sanjuaninos que siguieron el rastrillaje desesperado en el que participaron cerca de 200 personas. Al rescate lo llamaron "el milagro de Semana Santa”.

La aparición de Guillermo, 15 años después, todavía sensibiliza a los integrantes del Club Andino Mercedario, donde reportaba Guillermo y quienes se echaron al hombro la hazaña de buscar al montañista a primera hora. El operativo luego movilizó al Gobierno de entonces que encabezaba Alfredo Avelín, a la Dirección Provincial Aeronáutica, el Cuerpo de Bomberos, Gendarmería, el Ejército, organizaciones como Radio Club San Juan y club de enduro ACER, particulares que ofrecieron camionetas 4x4, a los que se sumaron baqueanos y los familiares y amigos de Guillermo, que en ese entonces tenía 21 años.

Perdido en las alturas

Verónica escalaba siempre con Guillermo y Sebastián Navarro. Era 1 de abril de 2001 cuando la invitaron a subir al Cerro Santa Rosa en Zonda, pero ella no pudo ir como otras veces. "Yo era la de más experiencia y cuando el Seba se vio en esa situación de que el Guille no bajaba, me llamó por teléfono. Yo  lo que primero que hice fue llamarle al Freddy (Cevallos) que es el instructor de siempre y más importante para mí. Empezó a convocar la gente para buscar a Guille”, cuenta. Lo segundo que hizo ella fue avisarle a la familia Peralta. "Le llamé al papá de Guille y nos fuimos con él y la hermana de Guille al puente del río Sasso, para esperarlo a ver si bajaba. Yo salí con lo puesto y no podía subir a buscarlo así. Pasamos la noche ahí, a ver si Guille aparecía, de a ratos nos bajábamos del auto, pero nada. Estábamos preocupados pero no nos imaginábamos lo que había pasado. Por la mañana llegaron Freddy los chicos para subir a buscarlo”, recuerda Verónica.

Natacha Benavente, la mujer de Freddy, ambos del Andino Mercedario, recibió el llamado de Vero. "Cuando nos avisó Verónica hicimos la evaluación de la situación, empezamos a hablar por teléfono buscando gente para organizar grupos de búsqueda”, recuerda Natacha.

"Guillermo y Sebastián subieron al cerro Santa Rosa. Guillermo vio el cerro Blanco Las Cuevas y dijo que quería hacer cumbre, pero Sebastián no quería seguir, entonces se separaron. Habían visto una posibilidad de bajar por una zona buena pero cuando fue a bajar, el camino no era viable y se dio un golpe serio, se rompió el seno frontal y el tobillo”, cuenta Natacha. Los relatos de entonces dicen que cayó en una grieta pero el lugar era más bien una hendidura en el lateral del cerro, un barranco. 

Esas 11 noches tuvo que soportar  el frío de hasta 5 grados bajo cero vestido con ropas livianas, echó mano a raíces para alimentarse, racionó unas pasas que llevaba en el bolsillo y tomó agua de nieve derretida. "Tuvo la suerte  de que nevó, creíamos que iba a ser grave que hubiera habido tormenta pero a él le sirvió, le aportó el agua que no tenía”, analiza Natacha. 

"Poco tiempo antes todos en el Club Andino Mercedario habíamos hecho un curso de búsqueda y rescate y fue muy útil para nosotros al  buscar y para Guille en sobrevivir”, recuerda Verónica.

El hallazgo en tiempo límite

Tras diez días de rastrillaje multitudinario e intenso, con tres helicópteros incluidos, la esperanza se iba apagando. "Hubo una persona que lo escuchó, Humberto Campodónico, que lo llamó ‘Guillermo’ y escuchó un ‘sí’. Podía haber sido la respuesta de otra patrulla, pero él estaba convencido de que era Guille que le había contestado”, recuerda Verónica  el primer indicio que los llevó al hallazgo. 

Hammar rememora que ese día se organizaron sólo tres parejas de buscadores que se movilizaban en los tres helicópteros disponibles. Verónica iba con Federico Sacchi, Ignacio Cuadra iba con Nicolás Carrizo y  Esteban Arellano y Luis Codorniú tenían la misión de chequear el punto donde Campodónico escuchó la voz del perdido. Allí lo encontraron. Vivo.

"Yo estaba en la base y me dijeron, ‘acá está…  ¡está vivo!’. Y fue un momento único. Era como la 1 de la mañana, estaba nublado. Yo estaba sola, la emoción era inmensa…  En ese momento lo primero que tenés que hacer es actuar, inmediatamente le llamé a mi marido para que viniera y convocamos a los más fuertes. Yo les dije que lo tranquilizaran, que le dieran agua muy de a poco, que lo abrigaran y lo inmovilizaran porque  a ellos con la emoción quizá no se les ocurría”, relata con la voz quebrada Natacha.

Verónica estaba del otro lado de la montaña cuando escuchó que encontraron a su amigo. Enseguida se armó un nuevo operativo, muy complejo,  para bajarlo de la montaña. "Era como un barranco y hasta ahí llegaron”, cuenta Natacha. Una veintena de rescatistas se las ingenió con cuerdas y una camilla a unos 4.500 metros de altura para lograr llevarlo hasta un punto donde lo estaba esperando el helicóptero del Gobierno de San Juan.

Walter Gallardo, el piloto, guarda  algunos pasajes mentales de ese día. "Mientras estuvimos en la búsqueda no apareció porque era mucha gente y muchísimo ruido. Nadie lo escuchaba gritar. Menos mal que se decidió algo más tranquilo, sino no se hubiera salvado. Cuando lo sacamos tenía una delgadez tremenda, los labios partidos. En el viaje lo hidrataron, lo felicité por el aguante. Él venía muy emocionado, hablando, muy eufórico. Yo estaba muy preocupado porque la gente no se acercara al motor de cola del helicóptero cuando bajamos, porque había mucha gente cuando aterrizamos frente al Hospital Rawson”, revive Gallardo.

Guillermo fue recibido como un héroe, bajó con una sonrisa amplia de la nave y se quebró cuando vio a su familia, que todo ese tiempo se aferró a la fe pidiendo un milagro. Y el menor de 4 hermanos, estudiante de Geología en la UNSJ, le ganó a la montaña esa Semana Santa. "Me acuerdo que fue un shock verlo, estaba desfigurado con el golpe y era otra persona en lo exterior, muy flaco, estaba desnutrido y deshidratado”, cuenta Verónica el reencuentro con su amigo. "Lo llenaron de huevos de Pascua y él decía que para qué, si a él no le gustaban”, agrega. La noticia del rescate recorrió el país.

Al poco tiempo de su hallazgo, Guillermo se recibió  de geólogo y luego se fue a vivir a Chile. Desde allí dice que no quiere hablar sobre su historia. 
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