Carlos Alberto Goya
Martínez (37) tiene la vida atravesada por los hechos ocurridos durante
la dictadura militar. Desde el año 2008 supo que la familia que conoció no era
su familia, sino que sus padres lo habían tenido en México y España y cuando
venían a Argentina ellos desaparecieron. En el 2008, un 22 de mayo, la Policía
llegó hasta su domicilio que compartía con Alberto Tejada, ex oficial de
Inteligencia del Ejército Argentino, y se llevaron prendas y elementos íntimos
para extraer ADN y confrontarlos con muestras de Francisco Goya y María Lourdes
Martínez Aranda, quienes resultaron ser sus padres biológicos. Aquél 22 de mayo
comenzó una nueva vida para él.
Se transformó en el
primer nieto recuperado de San Juan. Pero en esos primeros momentos, el shock
fue tremendo y él nunca quiso hablar públicamente ni reconstruyó su verdadera
identidad.
A 40 años del golpe
militar del ´76, ahora Goya Martínez tuvo un profundo cambio de actitud para
con su verdadera identidad: ya no se muestra enojado por lo que le pasó, no
defiende a sus padres de crianza a cualquier costo, se relacionó con su familia
biológica y da testimonio público de su caso para mantener viva la historia: en
San Juan contó su experiencia por primera vez en una charla por los 40 años en
la confitería del Auditorio Juan Victoria y luego lo hizo en Radio Universidad
con el periodista Sergio Caballero.
Es que el que conocía
como padre hasta el 2008, Alberto Tejada, trabajó en el Destacamento de
Inteligencia que funcionaba en Mendoza. Ahí estuvo en 1980 cuando recibió un
niño de manos de su superior, el teniente coronel Juan Rodolfo Brocca. Ese
niño llegó a Mendoza por Chile junto a sus padres Francisco Goya y María
Lourdes Martínez Aranda, una ingeniera química de origen mexicano. Los
familiares de Goya realizaron la búsqueda por años, hasta que la Justicia ubicó
a Tejada en San Juan y recién en el 2008 la Policía Federal golpeó la
puerta de la casa donde Carlos vivía para comenzar a reescribir su vida.
La confusión y la
rabia se mezclaron con un sentimiento que lo marcó desde siempre, un vacío que
no le encontró explicación. Hasta que empezó una investigación personal que lo
llevó a conocer a sus hermanos biológicos Emilio y Juan Manuel. Después los
mismos lazos de sangre en su interior le pedían a gritos conocer a su abuela
paterna que vive en Chaco y con ella al resto de su familia
argentina.
Luego la sangre lo
llamó para buscar los medios y llegar al cumpleaños de su abuela en tierras
mexicanas y también a sus tías. El vacío que tan inquieto lo tuvo durante toda
su vida comenzó a llenarse.
Pero no es fácil
desde lo económico llegar hasta las tierras del tequila, por eso no lo quedó
otra que recurrir a Abuelas de Plaza de Mayo, llamó y, sin pensarlo, en la
entidad le dijeron que lo esperaban con las brazos abiertos. Para Carlos Goya Martínez
Aranda ese encuentro le marcó la vida para siempre. Ni bien llegó sintió la
calidez de todos los que lo esperaban. Aun ahora no encuentra palabras de
agradecimiento para "su familia”, como la define. Desde ese momento la imagen
que había forjado su crianza de "las viejas curreras” de Abuelas y de los
organismos de derechos humanos, se desintegró para siempre.
Carlos Goya Martínez
Aranda, como cada uno de los nietos recuperados, tuvo que armar el rompecabezas
de su vida de un día para el otro. Una mudanza en la que tuvo que
descartar muchas cosas y rescatar otras.
El 5 de septiembre
de 2011 comenzó el juicio por la apropiación de un menor, supresión de
identidad y falsificación de documentos públicos contra Alberto Tejada y su
esposa. Esos días para Carlos fueron muy duros. Al final fueron condenados y
pagan su condena.
Pasaron cuatro años
y seis meses del inicio del juicio del 2011 y todo ese tiempo a Carlos
Goya Martínez le sirvió para encontrar su verdadera identidad que estuvo negada
la mayor parte de su vida. Leyó y escuchó cada uno de los archivos que llegó a
sus manos y que referenciaron a su historia, la de sus padres desaparecidos y
que aún no se sabe a ciencia cierta de su paradero.
Todo ese tiempo
también sirvió: "La verdad, por dura que sea, es muy útil”, afirmó. Por ella
también perdonó a los apropiadores: "Mis padres de crianza me dijeron la
verdad, pero eso no justifica lo que hicieron durante el proceso militar”.
Obviamente que el
pilar para todo lo que tuvo que pasar estuvo en su esposa e hijos. Ahora afirma
que los nietos recuperados son una bisagra en todo lo que hicieron durante la
dictadura con ellos.
"Fuimos un botín de
guerra”, dice, y agrega que, "inclusive me enteré que hubieron listas de espera
para hijos de desaparecidos”, dijo Carlos Goya Martínez Aranda.
Ahora no se
identifica como un referente, pero sí se presenta como un luchador por
los derechos humanos, defensor de la democracia y enemigo de la frase "con los
militares estuvimos mejor”.