La artesanía de los sombreros de palma supo ser una de las más populares entre las mujeres del Médano de Oro años atrás, en los que gran parte de la población practicaba este labor. Una operación que puede parecer sencilla, pero requiere de gran habilidad y dedicación. Una gran habilidosa con sus manos y las palmas es María Nellys Oliveros, una mujer que dejó la vorágine de la ciudad y su estudio de profesora de arte escénico, para mudarse a la tranquilidad del Médano de Oro y colaborar con los gastos de la casa mediante la fabricación de sombreros de palma, una habilidad que heredó de la familia de su marido.
Ella, como las pocas tejedoras de palma que van quedando en el sur del departamento de Rawson, lleva consigo el tejido de palmas desde hace 39 años gracias a su cuñada Foensanta Gonzáles, hermana de su marido.
"Cuando era soltera vivía en plena Capital. Cuando conocí a mi marido empecé a venir los domingos al Médano y siempre mi cuñada estaba tejiendo. Si bien yo soy profesora de expresión corporal, siempre me gustaron mucho las artesanías así que cada vez que venía a la casa de mis suegros me ponía a mirar y rápidamente aprendí”, comentó Nellys mientras desarmaba las hojas de palma y formaba las cintas para el trenzado, sentada en su sillón de trabajo.
María Nelly, es una de las pocas tejedoras que van sobreviviendo a la tendencia de las gorras o viseras que desde hace un tiempo vienen reemplazando el sombrero de palma, sin embargoella sigue apostando a su oficioporque asegura que "protege más del sol y es más fresco que las gorras”.
La duración del proceso de fabricación de los sombreros depende del calor. En épocas de altas temperaturas el secado de las hojas lleva aproximadamente una semana y por día se pueden fabricar entre 6 y 9 sombreros.
Su marido Carlos es el encargado de hacer el trabajo duro: conseguir la materia prima. Con un cuchillo bien afilado para cortar las hojas de la palmera Washington Robusta, tiene hojas en forma de abanico de color verde opaco y pelos o hilos de color blanco, la mejor para este tipo de tejidos debido a que gracias a su completo secado al sol, facilita y embellece el trenzado.
La segunda fase del proceso continúa cuando Nelly "rasga” las palmas, lo que quiere decir que se desprenden del nervio o vena y se procede a rajarlas con un pequeño cuchillo o simplemente a mano para sacar cintas de 3 a 4 milímetros de ancho e ir formando los mazos para el posterior trenzado.
María Nellys realiza su trabajo sentada o caminando, sin tener que paralizar las tareas del hogar, con el mazo de cintas debajo del brazo, de dónde va extrayendo de a uno las cintas que va necesitando, humedeciendo contantemente con la lengua las puntas de los dedos para que se deslicen mejor sobre su tejido.
La última fase viene con el trenzado, la parte más linda y entretenida del trabajo. La parte en la que el resultado de varios meses de trabajo se ve materializado en un pintoresco sombrero, ideal para cubrirse del sol en cualquier situación, ya sea del poderoso sol del mediodía al que se exponen los trabajadores del campo o aquellos que disfrutan del río, el mar o una pileta.




