Solidaridad

El lugar en donde no duele decir adiós

Se trata de la Casa de la Bondad, una institución abocada a cuidar a pacientes en el último tramo de su vida. En cuatro años, 110 voluntarios han atendido a 58 personas. En el futuro planean agrandarse. Por Natalia Caballero.
martes, 08 de septiembre de 2015 · 10:15
Por Natalia Caballero

"Afuera hacen 40º grados y de la puerta hacia adentro se convirtió en el paraíso”. La frase la escribió Raúl Bernardo Guevara antes de morir en la Casa de la Bondad, la institución que cuida a pacientes solos o con familiares que no pueden estar presentes en la fase previa a la muerte. La fundación abrió en el 2011 y en poco más de cuatro años han acompañado en este momento tan particular en la vida de una persona a 58 personas. Aportan su solidaridad 110 voluntarios, distribuidos en distintas áreas. 

La Casa de la Bondad depende de la fundación Manos Abiertas, que comenzó su obra en Córdoba en el 2001 de la mano del padre Ángel Rossi. En el país funcionan 4 hogares de este tipo. Casa de la Bondad es el nombre que se le da a un hospice, un lugar creado para brindales cuidados paliativos a personas carenciadas que están atravesando una enfermedad terminal. 

"Al principio, asistimos pacientes en el hospital Rawson, la experiencia fue muy valiosa porque permitió adquirir experiencia en acompañamiento”, contó Mirta Cuadros, la directora de la entidad. Luego de esta etapa y tras realizar un sinfín de actividades para recaudar fondos, la institución pudo construir su casa propia sobre calle Paula Albarracín de Sarmiento, a metros de Ignacio de la Roza. 

Desde que abrieron hasta ahora 58 personas han pasado por la fundación. "No son sólo 58 personas sino también su familia. Hace unos meses murió Liliana, una mujer que tenía tres hijos,  la más chica tiene 11 años. La chiquita quedó en un hogar de tránsito, una de las cuidadoras sigue viéndola y apoyándola académicamente para que no pierda el año”, añadió Mirta, poniendo de manifiesto que el trabajo en muchos casos continúa tras la muerte del paciente. 

Al entrar a la Casa de la Bondad nada es tétrico, como hace pensar un lugar en el que la gente va a morir. Más bien se respira armonía y tranquilidad. El sitio trasmite una increíble sensación de paz y en las dos habitaciones que reposan los pacientes que están aguardando el momento de su muerte, hay una vibra especial. En las miradas de los enfermos reposan estas líneas, lejos de un terror desmesurado comunican aceptación. 

Lograr que alguien reconozca que el momento de decir adiós ha llegado no es fácil. Para eso trabajan fuertemente los voluntarios y la psicóloga. "En esta instancia está el perdón, se da el abrazo que quedó privado en el tiempo, el reencuentro con familiares que por circunstancias de la vida se han distanciado. Es una etapa de aprender el desapego, es la etapa más difícil porque es poder ir dejando todo aquello que ha sido parte de tu vida”, explicó Mirta Gari, la vicedirectora de la Casa. 

En la institución colaboran dos médicos que concurren al lugar cada vez que se los necesita, seis enfermeras que trabajan en turnos de ocho horas los 365 días del año. Hay 110 voluntarios, distribuidos en la dirección, en el área salud, el área cuidadores -que es la gente que atiende de manera directa a los enfermos-, el área cocina, el área lavandería y el área secretaría,  encargados de la recepción de las visitas y de las tareas administrativas. 
La búsqueda de fondos para mantener la Casa llega de diferentes maneras. Son ocho los sueldos que se deben pagar mensualmente con sus correspondientes cargas sociales los que se deben abonar. "Tenemos gente que dona a través del débito automático, también hay un sistema de anillos que permite que un voluntario vaya al domicilio de personas que quieren donar y también se arman ferias americanas con todo lo que nos donan en la sede de la fundación en calle Estados Unidos y San Luis”, señaló Mirta. 

Sobre el cómo se vive la experiencia de acompañar a los pacientes en el momento exacto de la muerte, la directora contó: "Hay una frase que dice que "es más lo que se recibe que lo que se da”. En la casa se respira paz y alegría. Lo que hacemos, lo hacemos de corazón”. 

El próximo paso de los voluntarios de la Casa de la Bondad será formar a los médicos del Marcial Quiroga en lo que implica el cuidado integral de la persona, considerando al paciente también desde el punto de vista emocional. En los planes también está poder agrandarse y aumentar el número de habitaciones para asistir a más personas. 

"Poder decir adiós es crecer” dice una canción de Gustavo Cerati. En la Casa de la Bondad no sólo están al lado de los pacientes en materia física, sino que buscan lograr que el paciente pueda despegar del cuerpo para pasar a un nuevo estadio, aceptando el proceso, sin dolor y en paz. 

Cuaderno de testimonios

Uno de los próximos pasos que dará la entidad es armar un cuaderno de testimonios, para que los pacientes que están por morir escriban sus sensaciones en el paso previo al adiós final. 

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