Una historia que hiela la sangre

Cómo fue vivir abusada por 14 años por el “manochanta”

La dramática historia de Eli, sometida por Miguel Ángel Delgado, contada por ella por primera vez. El caso llega a juicio en septiembre.
sábado, 29 de agosto de 2015 · 09:02



"Tres veces agarré un cuchillo de la mesada para defenderme pero no me animé”, dice Eli con los ojos rojos de bronca y de pena. Esa tarde de enero del año pasado él le pegó como nunca. Le había puesto rejas a la casa en la calle Vidart porque ella se había escapado y la había traído de vuelta amenazada: "Voy a cagar matando a todos los hijos de puta que te ayudaron”, le dijo. Y ella volvió. El niño de 4 años, fruto del sometimiento sexual de él hacia ella, había salido a jugar cuando empezó de nuevo el calvario. "Fue a la pieza y trajo el arma, me dijo que le cuente qué había hecho, y me zampó una y otra y otra. En la mesada había botellas de cerveza vacías y me las empezó a tirar, agarró un pedazo de fierro, después me agarró a piñas y después con la culata del revólver en el ojo y en la espalda”. Al rato le dijo "ya vas a ver, cuando venga te rajo un tiro” y se fue. Ella tenía los bolsos que no había alcanzado a desarmar en la puerta, sacó 100 pesos de la billetera de él y cuando salió a buscar el niño estaba empapado y descalzo. No le arrancaba la moto y salió corriendo con los bolsos y el niño a upa. Un vecino la dejó entrar. Cerraron las cortinas. Llamaron al remis, llegaron a la hora tres móviles juntos. Logró subirse y pidió que la lleven a lo de su padre. "¿Qué, le pegó su marido?”, le dijo el remisero. Luego se paró en la Circunvalación y le preguntó: "¿Para dónde va? Le queda la comisaría de la mujer a la misma distancia que la casa de su papá, ¿por qué no hace la denuncia?”. Y ahí Eli empezó a vivir.       

Cuesta creer que esa chica risueña con la panzota de 9 meses carga con una historia que pone la piel de gallina: perdió la virginidad con un hombre que la sometía desde los 15 años bajo el cuento de la brujería, fue entregada por su propia madre al "manochanta” que la dejó embarazada 4 veces obligándola a abortar, vivió entre la miseria y el miedo toda su adolescencia, golpeada y abusada a diario durante 14 años, durmió en la misma cama que el tipo y su madre durante un año, su familia la dejó sola con ese monstruo durante 5 años para que le siga maltratando el cuerpo y la mente a él y a su bebé, y logró escapar. Ahora, esta historia de cine llega a juicio, el 15 de septiembre, con Miguel Ángel Delgado Oyola sentado en el banquillo por el delito de abuso sexual reiterado con acceso carnal calificado por la situación de convivencia previa. Y Eli cuenta por primera vez su historia que hasta en Tribunales sorprende por lo perversa y violenta.  

El 1 de septiembre ella cumplirá 30 años. Será el primer cumpleaños tranquila que recuerda. Delgado llegó a su casa cuando ella tenía 14, con la promesa de "curar” los males de su abuela, tías, madre y hermanos con brujerías. Se encerraban en una pieza y ella, sus hermanos menores y su padre en otra, a ver tele, sin querer enterarse de lo que hacían con el brujo a pocos metros. Hasta que un día el padre se fue de la casa, cuando se dio cuenta de que su mujer tenía algo con ese tipo que iba a diario por la tarde a hacer rituales a su hogar. "A mí me castigaban diciéndome que no iba a ir a la escuela que era mi refugio, yo no quería estar cerca de ellos. Dos meses después de que cumplí los 15 mi hermano se enfermó con fiebre y después cayó el más chico”.

Eli hace un silencio y suspira cuando recuerda la primera vez que la agarraron su madre y Delgado. "Me dice mi mamá un día que mi hermano estaba enfermo y que ella no podía hacer nada porque era su mujer y que debía hacer algo alguien de sangre, que yo sería como un puente. Yo dije que no y ella estuvo días martirizándome con que se iban a morir mis hermanos. Cuando me dijo lo que tenía que hacer le dije que no. En esa época mi mamá estaba embarazada del primero de tres hijos que tiene con él. Yo no quería saber nada hasta que lo hice. Yo con 15 años ni siquiera había tenido novio, y me dijo que tenía que desvestir la parte de abajo, que él me iba a poner las manos entre las piernas y que tenía que excitarme. Yo se la fingía para que terminara rápido porque no sabía qué tenía que sentir. Supuestamente eran tres, a los 7 días eran más, y no se terminaba. Pasó un año y yo seguía en la misma. Ponían una vela adentro de un forro y me lo metían”, cuenta llorando. Las "prácticas sanadoras” que el hombre argumentaba que se lograban con el flujo vaginal de la chica no pararon. "Mi madre me decía que tenía qué hacer. Y después me dejaba sola con él en la pieza”, recuerda con amargura.

Eli le contó a dos compañeras de segundo año lo que estaba viviendo, pero eran niñas como ella y no pasó nada. A esa altura ya tenían sexo los tres juntos: "Mi mamá me decía que él estaba mal y que yo ayudara”, dice. Mientras tanto, comían a veces con la plata que juntaban de reciclar basura y él seguía recibiendo gente en la casa para cobrar por las "sanaciones”. Cuando conoció un chico su madre y el brujo la marcaron con un talero por todo el cuerpo.

La chica quedó cuatro veces embarazada. Le daban pastillas para abortar y tres veces fueron efectivas, la última vez las compraron con la plata que ella ganaba trabajando en una recuperadora. Un día, Eli empezó a sangrar en la escuela. "Ellos sabían hacerlo. El último con cinco meses en la panza, me quedó el recuerdo. Cuando me estaban dando contracciones me pusieron un balde y sentí que cayó y puse la mano, mi mamá me decía que lo botara y yo le decía que no porque se movía. Y ellos se llevaron el balde y lo tiraron”, dice con llanto. El cuarto hijo logró tenerlo.

Cuando Eli cumplió 24 años su madre se fue de la casa y ella quedó con Delgado conviviendo. La sometía de todas maneras y al chiquito también le pegaba. Hace dos años tuvo una prematura, que nació con complicaciones de intestino y murió cuando cumplió un mes. Hasta cuando iba al hospital a ver a la bebé él la golpeaba porque decía que iba a otro lado. Un día llegó con un moretón en el ojo y una médica le dijo "Qué vas a hacer con esto”, pero ella siempre en silencio. "No tenía familia, ni amigos, nadie”, se lamenta. Hasta que logró escaparse y denunciarlo.

Después de estar refugiada en el Hogar Aurora, con su niño anduvo de casa en casa cuando algún pariente le abría la puerta, sobre todo apoyada por una prima lejana suya, hasta que dio con una señora que en su casa nueva de barrio le dio asilo. Ahí se enamoró de uno de los hijos de la mujer, Maico, que tiene 18 años, de quien está por tener un varón por estos días y a quien el hijo de Eli le dice "papá”. Se mantienen con lo que él gana como metalúrgico y viven felices. Dicen que están enamorados y se quieren casar. "Yo recién ahora estoy viviendo lo que es estar de novia, ir a tomar un helado con mi hijo”, dice. El bebé se va a llamar Antony, en honor al Gauchito Gil. Y la joven resume: "Los dos hicimos la promesa de ponerle así para que él –por Delgado- no salga nunca de la cárcel”.  

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