Operativo 89

Dos historias de erradicación: las casas que cambian vidas

Érica Sosa y Pamela Díaz son dos jóvenes madres que recibieron una vivienda. Ambas contaron sus sensaciones al ingresar a la propiedad.
viernes, 06 de noviembre de 2015 · 11:21

Se realizó la erradicación de villas número 89 en la Provincia. Los vecinos que habitaban en el asentamiento chimbero fueron trasladados al barrio Agua Negra, ubicado en el mismo departamento. Tiempo de San Juan te cuenta la historia de dos familias que cambiaron sus vidas. 

- Con el pan bajo el brazo

Érica Sosa tiene 28 años, pero aparenta tener un puñado de años más. Tiene 3 hijos, de 12 años. 6 años y un mes y está casada desde hace varios años. Su marido no la pudo acompañar al estreno de la nueva casa porque estaba trabajando. Apenas entró a su vivienda con su bebé en brazos lloró de emoción. Pensó en todos los malos momentos que no tendrá que pasar cada vez que llueve o tiembla. 

"Las anteriores lluvias fueron terribles, se me pasaron todos los techos. Con los temblores últimos mi casa se agrietó, estaba muy asustada, pensé que les podía pasar algo a mis hijos", contó Érica visiblemente emocionada. 

"Entré y miré para todos lados, es la primera casa de material que hay en mi familia. Después de vivir diez años en un rancho, es increíble tener casa propia", añadió. 

Mientras Érica hablaba, sus dos hijos mayores, Giuliano y Magalí, recorrían la casa. Miraban con asombro y ya se repartían el espacio de la cómoda casa, en la que por primera vez tendrán habitación para ellos solos. Durante toda su infancia durmieron con sus padres y vivieron acompañados de abuelos y abuelas de ambos lados. Santino, el bebé mimado de la familia, vino con el pan bajo el brazo y renovó la esperanza de esta joven familia. 

 

-El sueño de su vida

Tiene dos niñas, está casada y el sueño de la casa propia se le cumplió con 24 años. Pamela Díaz es la joven beneficiada con el plan de erradicación de villas. Su marido estaba trabajando en una empresa constructora, así que en la mudanza la ayudó su padre, que estaba muy feliz y fue quien puso la mesa en el comedor y le cebaba mates a todos. 

"El traslado fue complicado, son muchas cosas las que hemos podido adquirir y le vamos a tener que encontrar una ubicación ideal en la vivienda. Se terminaron los miedos cada vez que hay lluvia o que temblaba", analizó Pame, visiblemente feliz por la buena nueva que les llegó hoy bien temprano en la mañana.

Entre cajas repletas de artículos del hogar, las niñas jugaban y sacaban todo. El clima que se vivía en la casa era de suma alegría. 

Pamela opinó sobre aquellas personas que consideran malo que les entreguen una casa a quienes viven en villas. "No toda la gente que vive en una villa es igual, hay mucha gente que trabaja. Es una oportunidad para una familia como la mía, de que mis hijas vivan bien. Hay que tener paciencia y esperar, porque seguro que les llega", concluyó la joven. 

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