Historias de vida

El pizzero de Dios

Fue el responsable del inconfundible sabor de ‘La Regional’ durante 28 años, pero una voz autorizada de la Iglesia Esmirna le aconsejó armar un negocio personal en su casa para estar más cerca de su familia y de la religión.
lunes, 26 de octubre de 2015 · 07:39
Jorge Balmaceda Bucci
jbalmaceda@tiempodesanjuan.com

A más de uno se le complica dar con la dirección, pero si por la zona de República del Líbano y Lemos pregunta por ‘Don Mario’ lo mandan derechito a su negocio. Mario Otarola carga la somera cifra de 53 años haciendo pizzas en auténticos ‘templos pizzeros’ como ‘Victoria’, ‘Fregenal’ y ‘La Regional’, pero un consejo religioso le invitó a trasladar su oficio a su casa, para así poder estar más cerca de su familia y, también, de su inseparable Iglesia Esmirna.

Nada más entrar a su comercio, que en su fachada enseña un llamativo color verde, uno se encuentra con una mesita reinada por una Biblia. Las sagradas escrituras son desde hace unos 19 años su libro de cabecera, donde encuentra la palabra acertada para entender y afrontar el día a día. 

Allí, en aquel rincón del Barrio 4 de Junio vivió toda su vida, pero fue en Capital donde aprendió el oficio con apenas 12 años. La orfandad interrumpió repentinamente en su infancia -y en la de sus 3 hermanos- y no tuvo otro camino que empezar a ganarse con sus manos el pan de cada día.  "Fue Doña Mafalda la que me enseñó todo lo que sé. Yo me acerqué a la Pizzería Victoria y ella, junto a don Roberto, me trataron muy bien. Ella me enseñaba como se amasaba y poco a poco me fue dejando por mi cuenta”, dijo Mario recordando aquellos comienzos en el local que estaba ubicado al lado de LV5 Radio Sarmiento.

Pisando los 22 años pasó a trabajar en ‘La Fregenal’, emplazada en Av. Libertador San Martín y Tucumán, cerca de Flores Illas y Casa Lara, una zona que por aquel entonces, según comentó el gran pizzero, "empezaba a tomar protagonismo en el centro”. Desde muy temprano iniciaba el amasado y después le daba vida a los 4 hornos a kerosene que se encargaban de la cocción. "Guardo muy buenos recuerdos de Enrique y Carlos, dos grandes pizzeros, pero mucho mejores personas”, tiró Mario.

En 1972 empezó a escribir una nueva página de su historia en ‘La Regional’, la que de momento es la más extensa de su carrera entre mozzarella, morrones, aceitunas y masa. Acompañado de sus conocimientos y honestidad, y respaldado por el propietario Hugo Colinguante, Mario no tardó mucho en convertirse en la voz de mando de "una pizzería que llegó a vender 2.000 pizzas en un día. Era una cosa de locos, todos trabajamos a la par porque la demanda era impresionante. En esas épocas había amor para trabajar. Uno trabajaba con ganas y se respetaba y trataba muy bien al cliente”.  

Con el panorama más que controlado y un sinfín de buenos clientes y amigos compartiendo el día a día en ‘La Regional’, un problema de salud de Mercedes, su mujer,  desencadenó en un cambio total en su rutina, o mejor dicho, en su vida. 

"Mi señora se puso muy mal anímicamente y un amigo me dijo que había en una iglesia de Santa Lucía una monjita sanadora. La verdad que hay que ver para creer, pero mi mujer mejoró con Dora de Palma, así se llamaba la monjita, y desde entonces empezó una relación muy fuerte con la Iglesia. Me entró algo en el cuerpo muy especial”, recordó Mario, antes de agregar que la misma sanadora –fundadora a la postre de la Iglesia Esmirna de Santa Lucía-  le aconsejó ayudar en la recuperación de su esposa pasando más tiempo en su casa. En poco tiempo, Otarola puso final a una relación laboral de 28 años con Coliguante y empezó a andar un nuevo camino. Allí quedó su hijo Carlos Alberto, que a actualmente suma la misma cantidad de años trabajando (ver recuadro).

"No fue nada fácil empezar de nuevo, pero Dios tuvo misericordia y nos ayudó muchísimo. Llevamos ya unos cuantos años en casa y la verdad que no nos podemos quejar. Por ahí en la semana está más tranquilo, pero cuando llega el fin de semana no damos abasto. El domingo, cuando voy a la iglesia, tengo que decirle a mi hijo que ayude a su madre para poder ir tranquilo”, indicó Mario, quien también destacó que la mayoría de sus clientes llegan de zonas como Rivadavia, Capital y Santa Lucía gracias al boca a boca que promueven entre ellos mismos.

Heredero con vuelo propio

Mario y su mujer Mercedes son la cabeza de una unida familia que comparten con sus hijos 4 hijos Carlos, Patricia, Fabiana y María Belén, sus ‘cuñados-hijos’ Ramón y Sergio –"con mi mujer nos hicimos cargo de mis cuñados porque eran muy pequeños cuando se quedaron sin padres”- y sus nietos Mateo, Morena, Yahara, Selena, Leandro, Nazareno, Santino, Federico, Nicole y Delfina.
 
De todos ellos, Carlos es el que heredó su oficio de pizzero y "lo hace mucho mejor que yo”, tiró Mario. "Fue al único que le enseñé lo poco o mucho que sé. Por ahí, mis nietos más grandes me ayudan en el negocio, pero lo importante es que ellos estudien. Yo llegué hasta tercer grado del primario porque tuve que salir a trabajar, pero es muy importantes que ellos se preparen bien”, agregó el también fanático hincha de Boca Juniors y otrora practicante de boxeo y karate.

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