jueves 23 de abril 2026

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
DÍA DEL MAESTRO

Las maestras sanadoras

Cómo es educar en el Hospital Rawson, donde funciona una escuela para dar clases a los chicos internados, un bálsamo en medio del dolor y los medicamentos. Por Miriam Walter.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Miriam Walter

Pocos saben que en el Hospital Rawson funciona una escuela, con un grupo de maestras que les da clases a los chicos mientras están internados. Aprender de Geografía, Lengua o Matemáticas, hacer un dibujo, pintar una mandala, construir un portalápices de cartón o hacer música con una pandereta, no sólo les respeta el derecho a educarse, también muchas veces es la única conexión con su mundo cotidiano entre tanto pinchazo y dolor.

A pocos pasos de las habitaciones del sector Pediatría, en el tercer piso del nuevo edificio hospitalario, funciona la Escuela de Educación Especial Doctor Guillermo Rawson, que tiene también un anexo en el Marcial Quiroga. Allí se pueden educar todos los pacientes de nivel primario, con edades entre los 4 y los 14 años aproximadamente, yendo al aula o recibiendo a una maestra en su habitación durante 40 minutos diarios de lunes a viernes.

“Muchos no saben que está la posibilidad de educarse en el Hospital. Aunque la institución tiene 51 años se sorprenden”, aseguró la directora, Susana Tello. Además de ella y la vicedirectora Liliana Lahoz, en el staff hay 10 docentes de educación especial: Susana Quattropani (la de más antigüedad, que también se desempeña en el Marcial Quiroga), Graciela Rostoll, Susana Fernández, Sandra Castro, Silvia Pirán, Emma Beatríz Pérez, María Eugenia Muzio (da Tecnología), Patricia Cuello (da Plástica), Silvina Bravo (da Música) y Rosita Blanquer (trabaja en el Marcial Quiroga).

Por año, alrededor de 530 chicos se educan en la escuela hospitalaria. Trabajar con una matrícula constantemente dinámica es complejo. Las maestras se organizan bien para llegar a todos lados y darle continuidad a las enseñanzas. “Uno va a las habitaciones, toma nota de los chicos que han ingresado y vuelve a la escuela. Se pregunta qué contenidos están trabajando en la escuela de origen y le damos las actividades y vamos trabajando con ellos. En los niños de tratamiento prolongado tomamos siempre contacto con la escuela de origen”, explicó Rostoll.

Las clases no son obligatorias. Cada caso es particular y el médico es quien define si el paciente está en condiciones de “ir a la escuela”. Luego las docentes les consultan a los padres y a los niños si quieren estudiar. Si aceptan, depende de las condiciones de cada alumno: van al aula o reciben educación “a pie de cama”, con la maestra en la habitación.

Antes de que esté el edificio nuevo, la escuela tenía un espacio reducido en el deteriorado edificio de Traumatología y allí iban los chicos a educarse. Hoy la escuelita ocupa un saloncito pegado a las habitaciones del moderno edificio. Como mucho, ahora hay dos pacientes por habitación y a veces reciben la clase juntos. “Nosotros nos adecuamos al contexto general y al contexto del niño, sobre todo respetamos su intimidad”, dijo Tello.

“Al principio, cuando llegan por ahí no quieren recibir clases, pero después nos vienen a buscar, cuando están aburridos de estar en la cama y cuando se dan cuenta de que la escuela es un nexo con la realidad cotidiana”, evaluó la directora. Y agregó que “Hay niños que son recurrentes, de largo tratamiento, entonces cuando vuelven las madres le dicen a la guardia ‘avisele a la seño que ya estamos en la habitación’”.  

A cada niño, aunque reciba clases un solo día dentro del Hospital, se le regala un cuaderno y otros útiles básicos. Muchos los provee un plan nacional pero también se manejan con donaciones. “Ningún paciente trae útiles y la escuela debe darle un kit nuevo porque no puede usarlo otro chico por normas de higiene en el hospital. Incluso entramos a Terapia Intermedia donde hay más normas de seguridad”, dijo. En las clases de música se llevan instrumentos pero los de viento están prohibidos porque los chicos no deben soplar y además tienen que evitarse los ruidos molestos.  En Plástica son muy pocos los elementos que pueden usarse, ni tizas, ni témperas, “por lo general usamos lápices acuarelables que son caros y llegan por donación”, contó la maestra del área, Patricia Cuello. En el saloncito hay pegados algunos afiches de próceres y bibliotecas con muchos libros, pero se respetan normas y hay límites para su uso fuera del aula.

La relación con el chico enfermo no es fácil. “Nos pasa a veces que asumimos un compromiso con un chico que sufre una enfermedad terminal y que cuando vamos un día a la habitación encontramos la cama vacía. En mi caso personal me pidieron antes de partir un niño que los acompañara”, contó Rostoll con la mirada baja. “Una intenta ser objetiva pero la verdad que se crean lazos. Hay mamás que siguen llamando y cuando pasan cerca del hospital vienen a saludar con los chicos. Nos hacen dibujitos y hasta hay chicos que son de tratamiento largo y van y vienen al hospital y cuando les dan el alta prefieren seguir viniendo a tomar clases acá”, analizó la directora.  “Se trabaja mucho con lo emocional, por ahí el chico no sabe lo que tiene y tenemos que tratar de ser lo más cautelosas posible y respetar el diagnóstico y a veces no nos queremos ni enterar. Nuestra tarea es pedagógica”, aseguró. Entre los pacientes, hay chicos con cáncer y otros que acaban de ser operados.

“El docente de la escuela hospitalaria sabe que tiene que estar preparado para trabajar en la incertidumbre, una maestra de una escuela normal sabe que tiene un grupo de 30 ó 40 alumnos, los conoce profundamente y planifica. Acá es muy particular y valorable lo que hacen las chicas, cada una tiene una propuesta distinta, al ver al niño saben qué hacer y hacen un abordaje personal con cada alumno. Eso es muy importante”, remarcó Tello. 

Los alumnos del hospital no son como cualquier alumno. Muchas veces están pasando por un dolor muy grande o están bajo los efectos de medicamentos. “Tratamos de motivarlos de mil maneras para tratar de llegar al objetivo, por ahí le damos una tarea y el chico no puede hacerla por dolor, entonces nosotras cambiamos inmediatamente la tarea pedagógica. Muchos piden deberes porque a la tarde están aburridos”, contó Rostoll.

“La escuela es el contacto con lo que han dejado y lo que más disfrutan son las materias especiales como Plástica, Tecnología y Música, que trabajan a la par de las maestras de grado”, explicó la directora. “Estamos trabajando con contenidos integrados de Matemática, Lengua o Ciencias y las materias especiales, por ejemplo un mismo tema como efemérides y se trabaja mucho con lo autóctono”, agregó.

Las maestras contaron que los padres son muy participativos, a veces ayudan con la clase o a hacer los deberes o dicen que aprenden a la par de su hijo e incluso les piden libros para leer mientras los cuidan.

Educadoras
-Patricia Cuello (Plástica)
“Yo trabajo mucho con leyendas. Les llevo un video que vemos en la netbook, o un libro y trabajamos en base a eso. A mí casi nunca me dicen que no los chicos, están esperando que vaya y siempre hay cosas nuevas dentro de lo permitido. Por ejemplo, aprenden lenguajes nuevos, o lugares geográficos que están dentro de las leyendas. Para el Mundial trabajamos con el tema Brasil. A veces me retan porque me quedo tiempo extra con ellos, yo los quiero escuchar y que terminen la actividad. Los dibujos se los llevan a su casa”.

-Graciela Rostoll (maestra de grado)
Apenas se recibió en 1987 eligió dar clases en la escuela hospitalaria, donde estuvo dos años, cuando funcionaba en el edificio de Traumatología. Volvió en 2002. “Acá es muy especial lo que los chicos te brindan y cómo te esperan, a diferencia de otras escuelas donde van permanente, acá llegan con una enfermedad y un pronóstico y la llegada de una docente a la habitación para ellos a veces es algo increíble. Después ellos mismos te buscan y también su familia”, asegura.

DATO

La escuela hospitalaria fue inaugurada formalmente el 4 de abril de 1963, que había iniciado antes Juana Julia Sarmiento, “Julieta”, quien 16 antes se había ido a vivir al Hospital Rawson para dictar clases ad honorem a los niños hospitalizados. Su tarea y la de personal médico, en particular del doctor Ramón Peñafort, desarrolló a fondo la escuela hospitalaria. En 1977 extendió su accionar al Marcial Quiroga y desde 2010 funcionan en el nuevo edificio del Hospital Rawson.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
Tras el hallazgo de la bala en la EPET Nº1 de Jáchal, personal policial intervino y ayudó a desalojar el establecimiento mientras padres y tutores retiraban a sus hijos. Foto: Jáchal Transmite

Las Más Leídas

Identifican a la mujer hallada muerta en el canal Benavídez: la buscaban con desesperación
El conocido oftalmólogo sanjuanino condenado por abusador fue víctima de una estafa de $1.500.000
Quién era el camionero riojano que volcó y murió en Calingasta
Las gaseosas incautadas en agosto de 2024 durante el procedimiento en el que detuvieron a los policías.
El negocio que fue escenario del robo está situado en calle San Lorenzo, cerca de Colón, en Santa Lucía.

Te Puede Interesar