No le hace falta trinar como un ruiseñor para que su ‘canto’ radiofónico sea el más escuchado en las mañanas sanjuaninas. Desde niño forjó un carisma especial y un sentido dignificante del trabajo que le han acompañado toda su vida y le permitieron posicionarse en el Everest de los comunicadores de las ondas locales. Osvaldo Benmuyal, aquel flaquito que vendía botellas con los amigos de la cuadra para sacar unas monedas, se puso cara a cara con Tiempo para repasar un camino con muchos más caramelos de alegría que chicles de hiel.
Los comienzos en el ‘campo’
Veintinueve días se habían deshojado del almanaque en mayo de 1965 cuando la familia Benmuyal recibió el varoncito. Después de 5 años Lucía iba a tener un hermanito. Heredando el nombre de su padre, el nuevo integrante fue bautizado como Osvaldo Ernesto. El rawsino Barrio Belgrano contempló sus primeros raspones en las rodillas, los entrañables abrazos y mimos de mamá Celia –“tenía unos hermosos ojos turquesa” –y los nuevos mundos que se presentaban en los primeros capítulos de su vida.
“Fue una infancia movidita. Había chicos que no habían tenido una educación como nosotros y por ahí chocábamos, pero con otros nos llevábamos muy bien. Tengo muy lindos recuerdos del Lucho Olivieri, del Negro Zalazar, de Luis Rodríguez, César Rivero y del Coco Orozco. También estaban los que te hacían vivir el ‘bulling’ bien en crudo. El callejón de los naranjos, el catatán y el capacho estaban a la orden del día y más si te veían distinto”, recordó entre risas apoyado en la barra que reluce en el interior de su actual casa pocitana.
Su porte de fideo delataba su delgadez, pero nunca llegó a ser un obstáculo para prenderse en los planes de la pandilla barrial, que, entre otras cosas, incluía desafíos futboleros contra los pibes del Capitán Lazo y varias ‘manyineadas’ diurnas. “Para sacar unos mangos vendíamos botellas en la Chacarita Merele. Una vez nos regalaron un lavarropas para vender, éramos cinco llevando el aparato y nos dieron tres monedas nada más. Nos reestafaron (Risas)”.
Un revoltoso estudiante
De jardín de infantes a 2 grado fue a la escuela Candelaria de Godoy, cerquita de su casa. El resto del primario ya lo cursó en la Antonio Torres, en el microcentro sanjuanino –un descubrimiento para el pequeño Osvaldo-. “En esa época yo no conocía al centro, solo sabía llegar a la Antonio Torres. Un día cambió de recorrido el colectivo –era el 47 que solo pasaba tres veces al día- y estuve dos horas dando vueltas hasta que por fin llegué a la escuela. Era muy yarquito (Risas). Se puede decir que yo en esa época vivía en el campo”, rememoró.
El Colegio Don Bosco fue el elegido para afrontar el secundario, en el que destacó más por su actitud revoltosa y jodona que por los rendimientos académicos –“eso sí, nunca me llevé una materia previa ni repetí”-. Fue justamente en su adolescencia cuando el mote de ‘Pajarito’ o ‘Pájaro’ suplantó públicamente y para siempre al Osvaldo que figuraba en su DNI. “Fue el Roca, un compañero del secundario, el que me puso ´Pájaro' cuando me vio volar en un partido, yo era arquero –siempre jugué en esa posición e incluso llegué a la cuarta de El Globo-. Me acuerdo que me recalenté y como me vieron que me jodía mucho el apodo me lo siguieron diciendo y al final me quedó”.
La herencia de Don Osvaldo
Aunque fue su trabajo como periodista lo que lo regó de reconocimiento –principalmente el de la gente, el más cariñoso y fiel-, el ‘Pájaro’ le puso el pecho al laburo desde bien chico y en distintos frentes. “Ayudé a mi viejo que era gasista –lo que complementaba con su laburo en el Banco Hipotecario-. A veces me daba vergüenza porque íbamos a casas de gente muy bien. Había chicas y yo estaba remalvestido, con las manos llenas de tela de arañas. Pero en ese tiempo mi viejo me enseñó mucho. Siempre me inculcaba que había que ganarse el mango con laburo”, indicó nuestro protagonista, antes de agregar: “Aprendí a poner calefones, termo tanques, estufas... Ahí donde me vez, he puesto estufas a personas famosas de San Juan. Me siento muy importante por eso (Risas)”.
El conductor de ‘Con Alma y Vida’ –el rey de los programas sanjuaninos en la franja matutina-, también bordó en su trayectoria laboral sus dotes de disk jockey. Amante de la música de los 80’ y 90’, invirtió horas nocturnas de su adolescencia en vestir musicalmente eventos sociales, cayendo preso algunas veces –por culpa de las deficitarias instalaciones- de la odiosa frase “saltaron los tapones”. “Más de una vez tuvimos que esperar horas y horas hasta que viniesen a arreglarlo. Se pinchaba toda la fiesta”, apuntó sonriente.
Goleada a la timidez
Cruzando la avenida del postsecundario se topó con el Periodismo. Terminó la Tecnicatura y, en tiempos donde los medios de comunicación se contaban con una sola mano, se atrevió a meter la cabeza en Radio Nacional. Le tapó los ojos a su timidez –“siempre fui muy vergonzoso aunque ahora nadie me lo crea”- y junto a Gerardo Picón condujeron, los viernes por la tarde, “Presencia Gaucha”. Depositaba en el germinador laboral la semilla de su gran pasión.
Hoy, unas decenas de años después, se puede leer que de Radio Nacional aterrizó en Radio Colón, a la cual reflotó en poco tiempo. La creación de Radio Vida llegó siete años más tarde. De ahí pasó a Antena 1 –junto a su gran amigos Toni Nacusi- y al toque –aproximadamente un año en el lenguaje temporal- el ‘Pájaro’ prosiguió en solitario su vuelo a la AM1020, donde hoy se lo puede encontrar, cada mañana, apostando por un periodismo comprometido, el que siempre le identificó.
“El periodismo me ha dado una manera distinta de enfrentar la vida. A veces uno se meta más de lo que debe en la noticia, hablo a nivel personal y la verdad que no reniego de eso. Me siento a gusto haciéndolo", esbozó el gestor de la Fiesta de los 80’ y 90’, una movida que una vez al mes, desde hace tres años, se convierte “en la mejor excusa para compartir con los amigos. Es una idea que surgió del programa y de la que pueden disfrutar todos en un ambiente genial”.
Su mayor tesoro
La cara del ‘Pajarito’ es un continuo repertorio de gestos. La mayor o menor dosis de sentimiento que encierran sus recuerdos inciden directamente en sus muecas. Esta teoría queda totalmente confirmada cuando sus hijas aparecen en la charla. La luz de su rostro tiene otro color y la ternura de un papá orgulloso se apodera de su voz: “Tengo tres hermosas hijas. Milena es la mayor, tiene 17 años y es la artista de la casa. Después vienen Delfina, una personita muy especial que tiene 15 años. Y la tercera es Jazmín, que tiene 10 años y es mi clon… si hasta usa lentes como yo (Risas). Las tres son excelentes corazones, cada una con su forma de ser. Quiero que ellas sean felices en lo que decidan ser. Todo lo que hago es para ellas. A día de hoy, después de separarme, me encargo de llevarlas al colegio. Es la paliza que más me gusta hacer todos los días (Risas)”.
Y, como buen periodista, para el último dejó una frase que resume muy bien sus días: “Soy un agradecido de Dios y disfruto de las cosas que he conseguido. A mí nadie me ha regalado nada. Nunca he cobrado un sueldo sin laburar. Por suerte, puedo salir a la calle con mis hijas y no me tengo que andar escondiendo de nadie".
Yapa x 2
*¿Es un padre celoso?
No soy celoso, pero sí cuido y cuidaré de que las traten bien.
*¿Un sueño?
Tener mi radio. Me gustaría que la vida me dé la oportunidad de tener mi frecuencia.
Todo un número
23 años lleva al frente de ‘Con Alma y Vida’, el programa más escuchado en las mañanas de San Juan.
Textuales
* "Amo a mis hijas por sobre todo, pero hay veces que me doy cuenta que también tengo una vida propia y no me gustaría terminarla solo”.
* "Es muy bueno saber dar, pero también es muy bueno saber recibir. Eso es lo que esencialmente me enseñó la profesión de periodista".
* “Soy un tipo con códigos y hay muchas cosas con las que no tranzo. Me han hecho mal, pero prefiero quedarme con los buenos recuerdos”.